10/03/2026
12:30 AM

Romel soñaba con ser piloto desde niño

Desde pequeño quería surcar los cielos en un aparato. Su sueño lo cumplió, pero también lo llevó a una trágica muerte.

Desde pequeño quería surcar los cielos en un aparato. Su sueño lo cumplió, pero también lo llevó a una trágica muerte.

El piloto hondureñ, Romel Ortega Bueso no anhelaba más que eso durante su adolescencia. Era tanto su deseo que apenas terminó el bachillerato se inscribió en la Academia Militar de Aviación de Honduras, adonde se graduó de subteniente.

Como una de sus características era la perseverancia continúo adquiriendo experiencia en la base aérea Coronel Acosta Mejía, en Tegucigalpa; ahí alcanzó el grado de capitán con un récord limpio de accidentes.

A sus 35 años, Romel tenía una amplia experiencia en el manejo de diferentes tipos de naves; sin embargo, ayer ocurrió el inexplicable accidente que puso fin a su existencia y a su limpia trayectoria.

Era disciplinado

Sus familiares los recuerdan como un hombre disciplinado en todo lo que emprendía, alegre, sano, respetuoso y sobre todo responsable.
Aunque ya se había retirado de las Fuerza Armadas, adonde aseguran que nunca había tenido ningún percance en la aviación, ayer la aeronave civil que pilotaba se estrelló bruscamente dentro de la base aérea Armando Escalón.

El piloto quedó atrapado en el helicóptero a la vista de cientos de menores a quienes les estaban celebrando el Día del Niño.
El suceso causó conmoción entre sus ex compañeros, ciudadanos y espectadores que estaban en el evento ofrecido a menores de guarderías infantiles e hijos de empleados municipales.

El accidente, que ocurrió a las 12 del mediodía, le puso fin al festejo y lo convirtió en una tragedia de la que varios niños fueron testigos.

Su familia

Romel además de ser un piloto experimentado era muy dedicado a su familia.

Su padres, Plácido Ortega y Teresa Bueso llegaron a la base aéreas tras enterarse de la mala noticia, pero no se atrevieron a acercarse al lugar adonde había quedado ya sin vida el cuerpo de su hijo.

Con su esposa Ana Carolina Torres compartían no sólo una vida en familia, sino también gustos similares, pues ella es oficial de las Fuerzas Armadas.

Ana Carolina, al igual que los padres de Romel, no podían creer lo que había sucedido y decidieron no hablar con los medios de comunicación sobre la pérdida irreparable de su ser querido.

Ahora Ana Carolina tendrá que ver sola por sus dos hijos: el mayor, de siete años, cuyo nombre es el mismo de su padre, y Juan Pablo de apenas ocho meses y que nació el Día de Reyes.

Un padre querendón

Otros familiares de Romel aseguraron que era un padre juguetón y amoroso y lamentan que los niños no vean nunca más al hombre que a diario les daba amor.

También expresaron que era un buen amigo y un hombre muy correcto.

Al sitio de la tragedia llegaron otros familiares de Romel.

Entre ellos estaba Gonzalo Orellana Ortega, primo de la víctima por parte de su madre.

Gonzalo recuerda que desde que estaban niños, cuando jugaban en el patio de la casa, Romel les decía que quería ser piloto.
“Nos criamos juntos. Desde un principio él decía que quería ser piloto y nunca cambió esa idea. Llegó a la adolescencia y sostuvo su idea y lo pudo lograr”, expresó apesarado Orellana.

El cuerpo de Romel será sepultado en Tegucigalpa.