El único requisito para divertirse en el municipio de San Marcos es no limitar la imaginación. Aquí desde los más chicos hasta los más grandes han logrado que el tiempo se detenga para permanecer siempre siendo niños.
Antonia Castro, de 65 años, no paró de reír mientras un pequeño empujaba con un poco de dificultad la carretilla en que ella se subió con la idea de rememorar qué se sentía al “calar” en aquel antiguo artefacto que formó parte del inventario de sus juguetes en la infancia.
Así como ella, muchas personas disfrutan al recordar aquellos días en que lo más importante eran los dulces, jugar rayuela, saltar el lazo, subirse en los zancos de lata o madera, hacer girar un trompo, cantar y bailar las rondas, en fin, una variedad de actividades que disfrutaban cuando eran pequeños, pero que dejaron de hacer al crecer.
Los juegos utilizados son elaborados por los alumnos de las escuelas y los colegios de esta comunidad, donde cada año el evento de juegos tradicionales atrae a turistas locales y extranjeros.
Nelson Medina, organizador del evento, explicó que ya es una tradición de San Marcos dedicar un día a estas actividades. El festival empezó en el año 2000 y desde entonces se convirtió en una tradición que todos los pobladores acogieron.
“Mi papá nunca me compró un juguete. No teníamos dinero, éramos siete hermanos y si le compraba un juguete a cualquiera de nosotros tenía que hacer lo mismo con los demás. No los necesité porque fuimos los arquitectos de nuestros propios juguetes”, dijo Medina.
Además de los adultos, los niños se divierten todas las tardes en las calles con estos juguetes. Los juegos más populares para los pequeños son el trompo y los mables. El Congreso Nacional reconoció la labor cultural de estas personas declarando a San Marcos capital de los juegos tradicionales.