Morirse en Honduras no solo duele... también cuesta más. El precio de los ataúdes ha subido cerca de un 5%, encareciendo ese último trámite inevitable que nadie quiere hacer, pero que todos terminan pagando.
Hoy, el descanso “más económico” arranca en unos L6,000 por un ataúd básico, una caja sencilla que apenas cubre lo esencial.
Pero basta con pedir un poco más de “dignidad” para que la factura se dispare: hay féretros que alcanzan los L14,000, dependiendo del acabado y la empresa.
"Cuando la familia solicita el servicio completo, incluyendo preparación, traslado y mortaja, el costo total puede superar fácilmente los 20,000 lempiras”, explicó Edwin Lanza, representante de la Asociación.
Y eso es solo el inicio. Cuando la familia opta por el paquete completo que incluye preparación del cuerpo, traslado y mortaja, el golpe puede superar sin problema los L20,000. Es decir, despedirse con todo incluido termina costando lo que muchos hogares no logran reunir en meses.
Pero la cuenta no termina ahí. A ese doloroso gasto hay que sumarle el lote en el cementerio, que en su versión más “económica” ronda los L24,000. En otras palabras, morir puede salir más caro que vivir varios meses.
Detrás de este encarecimiento hay varios factores: el alza en los combustibles, que impacta directamente en el traslado del cuerpo, y la dependencia de materiales importados para fabricar los ataúdes, desde madera procesada hasta pegamentos.
El problema, advierten desde el sector, es que no hay quien ponga freno. Honduras carece de una ley funeraria que regule precios, dejando a las familias a merced de cobros que pueden inflarse sin control.
Incluso hay casos que rozan lo indignante: personas que ya pagaron un plan funerario en vida, pero al momento de usarlo se enfrentan a “ajustes” de entre 30% y 40%. El negocio de la muerte, al parecer, tampoco perdona.
A esto se suma otra realidad incómoda: ataúdes comprados a bajo costo por las funerarias pueden terminar vendiéndose con incrementos de hasta 200% o 300% al consumidor final.
Y mientras los precios suben, también lo hace la demanda. Cada año, las muertes aumentan entre un 1% y 2%, impulsadas principalmente por accidentes de tránsito, especialmente los vinculados a motocicletas.
Así, entre números fríos y pérdidas humanas, queda una certeza inquietante: en Honduras, hasta el último viaje se ha convertido en un gasto que pesa... incluso después de la muerte.