Florencio Ávalos, de 31 años, capataz de la mina San José y considerado el más hábil por los socorristas, sería el primero en ser izado en una pequeña cápsula a lo largo de un ducto de 622 metros y 66 centímetros de diámetro, precisó a la AFP una fuente del gobierno que requirió el anonimato.
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'Estamos muy felices, muy contentos', explicó a la AFP el tío de Florencio, Alberto Ávalos, en el campamento La Esperanza aledaño a la mina, atiborrado por unos 2.000 periodistas de todo el planeta, que interrogan sin cesar a los pacientes familiares de los mineros.
El presidente anunció que el primer minero que saldrá 'es de apellido Ávalos' y añadió que el rescate comenzaría en poco más de dos horas más, cuando eran las 20H40 GMT, tras llegar a la mina (800 km al norte de Santiago).
Pero hay tres Ávalos en la mina, su hermano Renán de 29 años, y Samuel, que no es pariente y tiene 43 años.
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La fuente del gobierno precisó a la AFP que el segundo en salir será el electricista Mario Sepúlveda, de 39 años, y el tercero el operador de maquinaria pesada, el boliviano Carlos Mamani, de 23.
Ávalos, Sepúlveda y Mamani son considerados los más hábiles del grupo, capaces de poder sortear algún inconveniente de último minuto. Se ignora la identidad de quienes les seguirán, pero está establecido que les sigan un grupo de diez más débiles, y luego los más fuertes.
'Esta historia comenzó como una posible tragedia y esperamos que en unas horas más termine con una verdadera bendición', afirmó Piñera a los periodistas.
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El 5 de agosto a las 14H00 (18H00 GMT) locales se produjo el derrumbe que los sepultó. El 22 de agosto los mineros fueron detectados por una de las sondas que perforaron el cerro buscándolos, adherida a la cual uno de los mineros envió el célebre mensaje: 'Estamos bien en el refugio los 33'.
Tres máquinas iniciaron las perforaciones de ductos por los que pudieran ser extraídos y el sábado pasado una de ellas lo logró, tras 33 días de trabajo.
A medida que transcurren las horas, crece la expectación entre los familiares.
'Anoche no pude dormir por la ansiedad', dijo a la AFP Yéssica Yáñez, que espera a su marido, el minero Esteban Rojas, en su carpa del campamento Esperanza, que creció hasta convertirse en un pueblo en estos dos meses.
'Yo lo espero ansiosa, nunca habíamos estado tanto tiempo separados', cuenta Cristina Núñez, esposa del minero Claudio Yáñez, resumiendo un sentimiento generalizado.
Los niños -hijos, nietos o sobrinos de los mineros- también los esperan mientras corren, juegan fútbol o ríen con un payaso que se fue a vivir al campamento.
El ministro de Minería chileno, Laurence Golborne, expresó su confianza en que el martes acabe 'con al menos uno de estos mineros en la superficie' y estimó en 48 horas el tiempo que se prolongará el rescate de los 33.
La operación empezará cuando se acabe de instalar y probar el sistema de izamiento de los mineros, así como el sistema de comunicaciones que permitirá mantener el contacto con ellos.
La cápsula avanzará a una velocidad de 1 metro por segundo (equivalente a la de una caminata lenta) a través del ducto cavado durante 33 días. El ascenso mismo durará unos 15 minutos, y el tiempo estimado de salida entre minero y minero es de una hora.
Una baliza con luces y una alarma similar a la de una ambulancia anunciarán el momento en que cada uno de los mineros esté a punto de salir a la superficie para alertar a los equipos médicos, explicó el ministro de Salud, Jaime Mañalich.
Jean Romagnoli, uno de los médicos encargados del rescate, dijo que los 33 están en buenas condiciones para el largo ascenso.
El lunes se hicieron las pruebas exitosas con la cápsula, sin alcanzar todavía a los mineros, aunque el ingeniero jefe André Sougarret advirtió que 'siempre hay riesgo al transportar personas en un sistema vertical', por 'la caída de rocas y que alguna de las cápsulas se atasque'.
Los médicos estiman por su parte que el mayor peligro es un ataque de pánico durante el ascenso.
Cada minero será atendido por un médico inmediatamente después que arribe a la superficie. Después pasarán a módulos especiales, donde podrán reunirse con dos o tres familiares.
Desde allí serán llevados en helicóptero a una base militar (en un trayecto de unos 12 minutos) en Copiapó, a 45 km de allí, y luego recorrerán unos 300 metros a un hospital estatal de la ciudad, donde se ultimaba detalles para darles la bienvenida, al igual que en varias poblaciones de Copiapó.