02/05/2026
03:26 PM

Lucía de Pinochet: La generala

Augusto Pinochet bromeaba con que, mientras él era partidario de una “dictablanda”, su señora Lucía quería la dictadura. Ahora se queda sola con sus hijos esperando el resultado de las investigaciones.

Augusto Pinochet bromeaba con que, mientras él era partidario de una “dictablanda”, su señora Lucía quería la dictadura. Ahora se queda sola con sus hijos esperando el resultado de las investigaciones.

La mujer empujó suavemente la puerta y allí estaba su esposo, sentado en la punta del sofá, con el mentón apoyado en las palmas de las manos.

Los colegas del general Augusto Pinochet ya habían tomado una decisión: el 11 de septiembre derrocarían al gobierno de Salvador Allende, a cualquier precio. Quedaban menos de 48 horas para el día D y el jefe de Estado Mayor aún dudaba si incorporarse al complot de sus subalternos.

Dice la versión apócrifa que Lucía Hiriart tomó a su marido de la mano y lo llevó a la habitación donde dormía uno de sus nietos: “Allí está Cristián. Él caerá bajo la tiranía comunista. Él va a ser un esclavo porque usted no quiere ponerse los pantalones”.

33 años más tarde, el mismo Cristián sería dado de baja del Ejército por haber pronunciado un discurso flamígero en las exequias.

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En 1980, nadie se sorprendió de que la primera dama sentara sus reales en el salón donde un equipo de juristas diseñaba la nueva Carta Magna de Chile. “Doña Lucía apostó por un modelo constitucional mucho más rígido y autoritario que la democracia protegida que defendía su esposo.

Lucía Hiriart nació el 10 de diciembre de 1922, en Antofagasta. De buenas a primeras, la familia no creyó que aquel militar severo, pobre de solemnidad, fuese un buen partido para Luciíta. Al final, el pretendiente los conquistó con sus modales fuera de época.

Apuntes

Los primeros años del matrimonio estuvieron marcados por la estrechez. Entre 1948 y 1953, Pinochet erraba con la familia a cuestas por todos los cuarteles.

Es falso suponer que Augusto fue una marioneta y que Lucía moviese los hilos. No cabe duda de que la opinión de la mujer gravitó en los acontecimientos.