28/06/2022
11:50 AM

Más noticias

Tiene 110 años y don Chemita aún trabaja limpiando solares

El abuelo tiene muy buena memoria, es ágil al caminar y saltar, y aunque las personas se asombran por su avanzada edad, él asegura que se siente de 15 años.

San José de Colinas, Santa Bárbara.

No había comenzado el conflicto que derivó en la Primera Guerra Mundial y José María Hernández ya había venido al mundo. 110 años después se le ve caminando en las calles de este municipio con sus herramientas para trabajar.

Ayuda

Las personas que deseen apoyar pueden comunicarse al número 9616-6129, con su sobrina Gloria Rivera.

Chemita, como de cariño lo llaman, es un anciano alegre que con entusiasmo cuenta sobre los trabajos que realiza en el campo.

Un machete y una cuma son sus amigos fieles para el trabajo en la limpieza de solares. “Por muchos años, estas herramientas me han dado dinerito, porque yo estoy fuerte y no me canso de trabajar. Desde niño he estado en el campo en cultivos de maíz y frijoles”, expresó.

Es la persona de mayor edad del municipio y posiblemente de todo el departamento, tiene una memoria ágil, vive con una sobrina, pero por la pobreza duerme en una cocina sobre una colchoneta.

La edad solo es cuestión de números, esa frase queda comprobada con José María Hernández. Todos los días camina algunos kilómetros hasta llegar a una galera para esperar buses.

Desde lejos se le observa con su sombrero y en sus manos un morralito, en donde carga su carnet de vacunación contra el covid-19, recetas, la identidad y una partida de nacimiento, en donde se comprueba que nació el 2 de agosto de 1912, dos años antes del comienzo de la Primera Guerra Mundial.

LA PRENSA habló con Chemita, quien a pesar de su edad tiene una excelente memoria y una agilidad para caminar y hasta para saltar, ya que para entrar a su casa no utiliza el portón, prefiere saltarse la cerca con gran destreza como que fuera un jovencito.

La mayoría de los más de 18,000 pobladores del municipio de San José de Colinas se dedica a los trabajos de la agricultura, ganadería y en los últimos años esta se ha convertido en una importante zona cafetalera del departamento de Santa Bárbara.

Es por eso que Chemita aprovecha a chapear propiedades.

A sus 110 años, José María Hernández camina kilómetros todos los días para conversar con los jóvenes de San José de Colinas.

“Por un solar me dan hasta 250 lempiras, pero antes hacía varias tareas”, lo que significa varias manzanas de tierra. Fue padre de tres hijos, dice que dos murieron y otro se dio cuenta de que vivía en San Pedro Sula. “

Yo me casé varias veces, viví como con diez mujeres, pero nueve se murieron, solo la última está viva, pero la llevaron a un asilo de ancianos”, contó.

José María vive con una sobrina, que a pesar de vivir en pobreza se hace cargo de los gastos del anciano; pero Chemita es agradecido y cuando consigue trabajitos colabora con algunos gastos de comida.

“Estos muchachos se asustan de mi edad y yo me siento como de 15 años, estoy fuerte, no tengo enfermedades, una rodilla me duele algunas veces; pero me dan medicinas, ya tengo dos vacunas contra el covid-19. Al venir las enfermeras me pongo otras porque siempre tenemos que cuidarnos”, relató el anciano mientras mantenía puesta su mascarilla.

Sonia Pineda comentó que todos los habitantes del municipio lo cuidan. Se sienta horas a platicar y da consejos a los jóvenes, algunos lo llevan a dar paseo en mototaxi por el pueblo y no le cobran porque lo quieren como a un abuelo.

“Lo admiramos porque es una persona fuerte y saludable, es el abuelo mayor de esta comunidad, lo consideramos la reliquia de San José de Colinas. Lamentablemente, las autoridades no le dan ayuda. Como ve, es una persona muy pobre”, agregó Pineda, quien hace un llamado para que la alcaldía y otras autoridades apoyen a los adultos mayores del municipio.

Gloria Rivera, sobrina de Chemita, dijo que “ya no le quedaba familia, no tenía quien por él, por eso lo traje a vivir con nosotros.

A pesar de que somos pobres no le falta la comidita, duerme en una cocina sobre una colchoneta porque no tenemos más espacio, sale a caminar por el pueblo; pero siempre antes de irse y al regresar me da su bendición, me quiere como que fuera su hija y para mí es un padre”.