El papa Benedicto XVI llamó el domingo a los mexicanos, en el momento culminante de su visita, a reforzar su fe en la Iglesia, principalmente a las familias afectadas por la migración, la pobreza o la violencia ligada al narcotráfico.
Al finalizar la misa gigantesca bajo un monumento a Cristo, en el parque Bicentenario de León, México, el sumo pontífice pidió, en una oración a la virgen de Guadalupe, bendecir a la región.
“En estos momentos en que tantas familias se encuentran divididas o forzadas a la migración, cuando muchas padecen a causa de la pobreza, la corrupción, la violencia doméstica, el narcotráfico, la crisis de valores o la criminalidad, acudimos a María en busca de consuelo, fortaleza y esperanza”, dijo el Papa.
“Deseo poner nuevamente bajo la dulce mirada de Nuestra Señora de Guadalupe a este país y a toda Latinoamérica y el Caribe”, dijo Benedicto al terminar la misa y antes de rezar un avemaría.
El vocero del Vaticano, padre Federico Lombardi, dijo que la misa multitudinaria del domingo “fue verdaderamente impresionante” y la calificó como la mejor que ha tenido Benedicto en su papado.
El líder de la Santa Sede acudió al lugar de la misa en un helicóptero del Ejército volando desde la casa de una congregación de religiosas donde descansa durante su estancia en México.
Recorrió en el papamóvil diferentes partes del parque donde ofició la celebración religiosa, portando un sombrero charro y saludando con la mano a los fieles que formaban filas apiñadas por toda la plaza pública. El Papa ofició misa con la participación de unas 640 mil personas reunidas bajo los fuertes rayos del sol en un parque público en la ciudad central de Silao, con un monumento a Cristo como fondo.
Benedicto XVI pidió resistir a la “tentación de una fe superficial y rutinaria” para “superar el cansancio de la fe y recuperar la alegría de ser cristianos, de estar sostenidos por la felicidad interior de conocer a Cristo y de pertenecer a su Iglesia”.
Esta alegría, según ha dicho, servirá para servir a Cristo en las situaciones agobiantes de sufrimiento humano. La exclamación de fe ayuda “a mirar muy dentro del corazón humano, especialmente en los momentos de dolor y de esperanza a la vez, como los que atraviesa el pueblo mexicano y también otros de Latinoamérica”.