La confesión es un acto de fe y de amor a Dios, dice sin dudar una joven de 18 años que llegó a la catedral San Pedro Apóstol para participar ayer en el acto penitencial.
Varios sacerdotes estaban listos para confesar a centenares de feligreses que llegaron a la catedral el Jueves Santo.
La confesión contiene dos partes: la primera es la confesión de pecados y la segunda es recibir la absolución del confesor como de Dios mismo.
El acto duró varias horas y empezó a las diez de la mañana. Otras personas llegaban a la catedral para encender velas y elevar plegarias.
Mientras, en los barrios y colonias de la ciudad, los jóvenes preparaban las alfombras de aserrín que servirán para dar paso al vía crucis y a la procesión del Santo Entierro que tendrán lugar hoy, Viernes Santo.
El acto cumbre fue por la noche con la misa solemne de la última cena del Señor, a la que siguió la oración ante el monumento.
El Jueves Santo, en el cenáculo se contempla a Jesús, que lava los pies de sus discípulos como signo de su entrega. Simulando esa escena, el obispo lavó los pies de doce discípulos en la catedral y por la tarde lo hizo en el Centro Penal Sampedrano, donde doce privados de libertad representaron a los discípulos y monseñor Ángel Garachana hizo el lavatorio.
Hoy, los católicos participarán en el vía crucis que comenzará a las seis de la mañana, recorriendo las principales calles de la ciudad. Por la tarde será el Santo Entierro.