El llanto de los niños era inconsolable. Todos llegaron a darle el último adiós a la pequeña Gabriela Victoria Espinal, de 10 años.
Los rostros felices que una vez acompañaron a la niña ahora estaban llenos de tristeza. La alegría y la vida se las arrebató el dengue hemorrágico. Estaba vestida de blanco, con una corona en la cabeza.
“Te vamos a extrañar, amiga”, decía una menor, mientras otra le respondía: “Ya no vamos a tener quien nos cante”.
El cuerpo fue velado en la Iglesia Evangélica Cuadrangular en Ciudad España, Támara. Afuera del templo evangélico esperaba el vehículo que transportaría los restos de la niña a su última morada.
También estaba un autobús que abordaron los vecinos, maestros y alumnos de la escuela a la que asistía la menor.
A las 12.30 del mediodía, en medio de alabanzas y oraciones, el cuerpo de la alumna de quinto grado fue bajado a su sepultura.
“Ella era bien linda y se llevaba bien con todas. Era una niña excelente. Nos da lástima todo esto”, dijo doña Dilma Martínez.
“Era una niña muy humilde y muy puntual, muy querida”, aseguró Aura Yolany Mejía, directora del centro de escolar.
La escolar siempre se caracterizó por su liderazgo, era la coordinadora de estudio de su aula. Soñaba con ser médica para ayudar a su familia y a los niños. “Mi hija era humilde. Me decía que su sueño algún día era ser médica y no ser como los demás”, recordó su padre Óscar Padilla.
La menor fue llevada de urgencia al Hospital Escuela el pasado lunes, pero expiró a eso de las cinco de la mañana. Los primeros síntomas los presentó el viernes y fue llevada al centro de salud sin lograr que la atendieran.