Hace tres años, los pasillos del hospital Mario Rivas apestaban a sangre, algunos enfermos se engusanaban y otros morían por negligencia médica. En 2016 ya no se observan esas dantescas escenas. Este centro médico, paulatinamente, está saliendo de una crisis y pretende ser una esperanza de vida para ricos y pobres.
En 2014, con el objeto de acabar con la corrupción, el saqueo de medicinas y el desorden que imperaba aquí, el Gobierno intervino la administración, eliminó la seguridad privada y asignó a un grupo de militares para que custodiaran el edificio.
El año anterior, la Secretaría de Salud lo descentralizó, le traspasó la administración a la Fundación de Apoyo al Hospital Nacional Mario Catarino Rivas (HNMCR) para que lo saque de una vez por todas de la crisis.
En un año, esa fundación ha logrado ejecutar algunos proyectos que, aunque no son visibles por todos los pacientes, comienzan a marcar las diferencias, respecto a la situación de hace cinco años.
“Nosotros consideramos que la descentralización es un punto importante para poder hacer un mejor manejo de las diferentes unidades, y esto mejora mucho la calidad del servicio. Un hospital no va a cambiar de la noche a la mañana, es un proceso que hay que trabajarlo”, explicó Ledy Brizzio, directora de este hospital, a periodistas de LA PRENSA.
Luego de un año de descentralización, las decisiones importantes ya no las toma una persona, como solía suceder. Una junta de dirección estratégica, asesorada por un equipo de consultores, discute y determina el rumbo del Rivas.
A la vez -afirma Brizzio- el hospital tiene un mayor apoyo del Gobierno y esto permite contar con un abastecimiento de medicamentos y material quirúrgico que oscila entre un 70% a 80%, antes, apenas, fluctuaba entre 30% y 40%. Para 2016, el Gobierno le asignó al Mario Rivas un presupuesto de L1,097 millones. De esa suma, L350 millones los administra la fundación y el resto llega a un fideicomiso destinado a la compra de medicamentos. Otra porción es empleada en pagos de servicios de asistencia a pacientes de insuficiencia renal y otros gastos. Actualmente, este hospital recibe una presión enorme en el presupuesto porque atiende a 1,800 pacientes renales del noroccidente. De ese conjunto, mil reciben un tratamiento de hemodiálisis.
Cada paciente asiste a tres sesiones a la semana a una empresa privada. Por cada sesión, el hospital paga $69 (L1,587). Al año desembolsa unos L200 millones por estos servicios.
| En 2016, con la ayuda de la Secretaría de Salud y Secretaría de Desarrollo e Inclusión Social ha remozado y equipado los quirófanos.
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“Este año se han visto muchos cambios en la parte estructural que tenía un deterioro acumulado. Se presentó un proyecto a la Secretaría de Desarrollo e Inclusión Social para que nos desembolsara algunos fondos y reemplazar mucho equipo que era necesario (...) Fueron 50 millones de lempiras (...) Con eso se renovaron los quirófanos y el equipamiento de ellos y la compra de tres ascensores”, dijo Brizzio.
Dentro del esquema de descentralización, la administración ha pintado todo el hospital (por dentro y por fuera), ha reparado la morgue y ha remozado las salas de espera.
En esas salas, adonde antes la gente sudaba a chorros, los pacientes y los familiares están en un mejor ambiente. Tienen aire acondicionado. La nueva administración cambió el sistema eléctrico, adquirió lavadoras y secadoras nuevas, compró tela para confeccionar ropa de las camas y de los internados.
Al igual que otros hospitales públicos, carece de ciertos especialistas en vista de que en el mercado laboral no los encuentra; por ejemplo, no tiene un neurólogo pediatra. La administración busca uno para contratarlo. En este momento, los niños deben ir a un centro médico privado porque allí no hay.
Brizzio le informó a LA PRENSA que la administración le solicitará a la Secretaría de Salud un incremento en el presupuesto con el fin de adquirir materiales ortopédicos que, por ahora, deben comprar los pacientes.
Pese a que cada año a la consulta externa asisten más de 162,000 pacientes y a emergencias unos 112,000, las administraciones anteriores no adquirieron un sistema informático que permitiera llevar el registro o historial médico de cada uno.
Pero, después de varias décadas sin llevar un control, el hospital contará con un software. La Fundación adquirirá el sistema con el apoyo de la Fundación Napoleón J. Larach, con el dinero logrado con el Colorun, que todos los años es patrocinado por LA PRENSA.