11/02/2026
09:19 PM

El 'falso' castillo de Drácula

Devolución. El gesto tiene, sobre todo, un valor simbólico. Tras casi 10 años pleiteando, los herederos de la princesa Ileana de Rumania van a acceder a la propiedad del castillo de Bran, una vieja fortaleza cercana a la localidad de Brasov, en el centro del país.

Devolución. El gesto tiene, sobre todo, un valor simbólico. Tras casi 10 años pleiteando, los herederos de la princesa Ileana de Rumania van a acceder a la propiedad del castillo de Bran, una vieja fortaleza cercana a la localidad de Brasov, en el centro del país.

El ministro de Cultura anunció que les será devuelto al mismo tiempo que se le restituirá al rey Miguel I -el sobrino de Ileana- el Palacio Peles de Sinaia.

Hoy el castillo de Bran aloja un pequeño museo de arte medieval, pero por lo que es conocido, por lo que cada año lo visitan miles de turistas, es por la leyenda que lo vincula al legendario príncipe Vlad, el personaje en que se ha inspirado el mito del literario conde Drácula.

Fábulas

No es la única leyenda que circula en torno a la fortaleza. Otra fábula dice que los niños raptados con su melodía por el flautista de Hamelín llegaron hasta la región por grutas subterráneas.

También se asegura que la princesa Ileana guardó en un recipiente de plata adornado con 307 joyas el corazón de su madre, la reina María, y lo escondió en un lugar de la sala gótica de la primera planta del castillo, pero es el pretendido paso de Vlad por esta fortaleza, en el siglo XV, el que ejerce de imán para los viajeros.

Mandado levantar en 1212 por Dietrich, caballero de origen germánico de la Orden Teutónica, fue reconstruido en 1377. El modesto edificio de madera fue entonces levantado en piedra y ladrillo. Es entonces cuando el príncipe Vlad entra en esta historia.

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El actor dio un paso definitivo en el cine al hacer sus primeras películas en Hollywood, como la película Drácula de Bram Stoker

En una época de convulsiones políticas, Vlad reinó en Valaquia en tres ocasiones. Frente al pavor que despertó en su época, el nacionalismo rumano, siempre necesitado de una figura paternal que ejerza de guía, llegó a transformarlo en un héroe, una especie de paladín cristiano contra los turcos. La identificación de Vlad Tzepesh con el personaje vampírico del Conde Drácula de Bram Stoker no hizo sino engrandecer una leyenda, aún muy viva.

¿Llegó el príncipe Vlad de Valaquia, región fronteriza con Transilvania, a poner un pie en el castillo de Bran? Posiblemente no. Las autoridades rumanas intentaron desmentir las falsedades que rodean a la figura de Vlad, pero vistos los beneficios que reporta, tampoco hay interés en romper el cuello de la gallina de los huevos de oro.

El castillo vivió su propia peripecia. En 1920 el consejo de aldeanos de Brasov lo regaló a la esposa del rey Fernando I, la reina María.

En 1938 la reina María lo dejó en herencia a la quinta de sus seis hijos, la princesa Ileana. Tras la II Guerra Mundial Ileana abandonó Rumania y el castillo fue confiscado. La princesa tuvo que pasar 50 años de exilio para regresar a Rumania. Sólo en 1990 pudo volver a recorrer las galerías del castillo. Murió en enero de 1991, llevándose a su tumba una caja con un puñado de tierra de Bran. La fortaleza vuelve ahora a ser propiedad de sus herederos, los tres hijos que sobreviven de los seis que tuvo con su marido, Antón de Habsburgo. Diario El Mundo