Se han sofisticado y ahora las maras y pandillas compiten con tecnología de punta contra las fuerzas de seguridad del país. No resulta raro observar en los barrios y colonias tomadas por la Mara Salvatrucha (MS) cámaras de video instaladas en los postes y pasajes para controlar los espacios bajo su dominio.




Al preguntar a qué punto llega el control de estos grupos en las zonas, los agentes de la Unidad de Maras y Pandillas en Tegucigalpa nos señalan las cámaras de monitoreo que han sido instaladas por la mara para saber quién y por qué han entrado en su territorio. Los aparatos son puestos en postes de energía, algunos visibles, otros camuflajeados.




“El uso de cámaras ha ido en aumento a raíz de las operaciones que hemos ejecutado en zonas conflictivas. (Los pandilleros) han implementado el “barrio seguro”, donde instalan trancas y portones que resguarda un integrante del grupo para controlar las entradas y salidas en las colonias y barrios.




Los residentes y visitantes deben reportarse y al que no justifica la permanencia o se detecta que es infiltrado no lo dejan entrar o lo liquidan”, confirmó un investigador de la DNIC. Pero la estrategia de seguridad no para ahí.


También cuentan con radios de comunicación interna para alertar a sus compañeros y hasta escáneres con la frecuencia radial de la Policía para monitorear el desplazamiento de los efectivos, por lo que en muy raras ocasiones la autoridad logra capturarlos.




Con toda esa maquinaria de tecnología, logística y recurso humano, las pandillas refuerzan cada día más su control en los territorios que han designado como suyos y que poco a poco van expandiendo.




Los “banderas”




En las 62 zonas que están bajo el dominio de los grupos criminales en Tegucigalpa, donde habitan más de 300 mil personas, hay niños de entre 10 y 14 años que sirven a las maras como banderas o vigilantes encargados de avisar a los demás miembros de la agrupación si la Policía entra en un sitio.




Para reclutarlos, los mareros les regalan dinero, celulares, armas y suplen las necesidades básicas de los menores, la mayoría de muy escasos recursos, para que sean parte de la mara o pandilla.




“Los grupos organizados saben que la ley protege a los menores y que van a salir libres 24 horas después de ser detenidos y esa es una ventaja, por eso reclutan a los niños”, explicó un agente de la Unidad de Maras y Pandillas.




Atemorizan

Las acciones de las maras y pandillas han alcanzado los centros de salud de Tegucigalpa, donde se han visto forzados a cambiar los horarios de atención para evitar ser blanco de estas agrupaciones.

“Ahora deben cerrar al mediodía. Han sido amenazadas las enfermeras por los integrantes de las maras y ante un posible ataque trabajan hasta el mediodía. Desde la una de la tarde, los mareros permanecen afuera y, si no se les da una cuota, se corre el peligro de que ataquen el personal de salud”, relató una enfermera.




Sobrevivir en estas zonas es una hazaña. Quienes no pueden emigrar se adaptan a vivir con miedo y bajo la ley del silencio.




Datos


Operativos en junio de 2012: la Policía realizó un operativo para recuperar 13 viviendas que habían sido tomadas por mareros en la colonia 14 de Marzo, de Tegucigalpa. Habían obligado a los dueños a emigrar a otros lugares bajo amenazas de muerte. Los propietarios no regresaron a la zona por miedo.




Detenidos: El informe “Situación de maras y pandillas en Honduras” revela que 447 integrantes de la MS y la pandilla 18 se encuentran recluidos en los centros penales de Honduras, además de 336 exintegrantes, el 90% de ellos en la Penitenciaría Nacional y el penal de San Pedro Sula.