“La situación que estamos viviendo este año es bastante más difícil que en años anteriores”, dice a EFE Reportajes el gerente del estatal Servicio Autónomo Nacional de Acueductos y Alcantarillados, Sanaa, Danilo Alvarado.
El Sanaa raciona el agua dos o tres veces por semana en Tegucigalpa, cuya población ya supera el millón de habitantes, de los que, según Alvarado, el 20 por ciento no tiene acceso a las redes de suministro de esa empresa estatal.
Y nada, o muy poco, hace pronosticar que las lluvias estén cerca para volver a llenar las dos represas que abastecen a la capital hondureña, que hoy están por debajo del 50 por ciento de su capacidad de almacenamiento.
Sequía prolongada
El director interino del Servicio Meteorológico Nacional, SMN, Francisco Obed Escalón, señala que “la esperanza es que ‘El Niño’ vaya desapareciendo, pero no es algo rápido”, y subraya que la situación actual “es grosera”.
Por ahora, dice Escalón a EFE Reportajes, “nuestra esperanza está en que ya la anomalía en el Pacífico (‘El Niño’) empezó a perder temperatura”, pero todavía esto no genera ningún cambio notable en sus efectos en el clima.
Los estudios del SMN y organismos meteorológicos internacionales indican que la temporada lluviosa puede empezar entre mayo y junio próximos, agrega Escalón.
El fenómeno “El Niño” moviliza una corriente de aguas cálidas en el océano Pacífico, suele intensificar las lluvias en algunas zonas y la sequía en otras, en este caso países sudamericanos y centroamericanos, entre ellos Honduras.
“El déficit de agua se originó el año pasado y nos continúa afectando”, añade Escalón, porque el período de lluvias, que por lo general va de mayo a noviembre, terminó anticipadamente por la influencia de “El Niño”.
“Tendríamos que haber dejado de recibir agua en Tegucigalpa desde la segunda semana de noviembre, pero ya en octubre dejó de llover”, aparte de que el volumen de las precipitaciones fue menor, apunta el funcionario del SMN.
Ni los frentes fríos que han afectado el territorio hondureño entre enero y febrero han traído alivio ante la escasez de agua, pues sus lluvias también han sido deficitarias, si bien han hecho bajar, y mucho, las temperaturas.
Pero ya el termómetro ha vuelto a dispararse y las temperaturas máximas están llegando a los 32 grados centígrados en Tegucigalpa y a los 37 en la zona sur, la más calurosa y seca del país, según el SMN.
“En otros años, con los frentes fríos ha caído más agua, de 300 a 400 milímetros por metro cuadrado al día, pero ahora han sido de 50 a 60 milímetros acumulados por todo el fenómeno”, explica Escalón.
El promedio del déficit de lluvias, apunta el funcionario del SMN, ha fluctuado del 55 al 62 por ciento en ciertas zonas, y en Tegucigalpa ha sido “arriba del 40 por ciento”.
Un vía crucis diario
Mientras “El Niño” se decide a dejar sus “travesuras”, en la capital de Honduras miles de pobladores pobres, y ahora hasta muchos de buena posición económica, tienen que arreglárselas a diario para obtener agua para satisfacer sus necesidades básicas.
“Ya es un problema generalizado”, dice el gerente del Sanaa, al subrayar que “siempre los más pobres son los más afectados en esto, pero esta vez la crisis afecta a otros estratos; ya hay gente de zonas residenciales de bastante poder adquisitivo que se tienen que abastecer de servicios privados” de distribución de agua.
En muchos barrios y colonias de Tegucigalpa, sobre todo las situadas en zonas altas, los camiones cisternas del Sanaa, de los servicios municipales y de empresas privadas son la única forma de que los vecinos reciban agua.
El Sanaa, además, mantiene una red de pozos y actualmente ejecuta un programa de excavación para ampliarla.
Alvarado comenta que miles de habitantes de Tegucigalpa están condenados a no recibir agua potable, por mucho que llueva y las represas estén repletas, porque viven en los sitios más altos de la ciudad, donde el suministro es más difícil y caro.
Pero no sólo la capital sufre por la escasez de agua en Honduras, también le ocurre a otras localidades del interior, como Juticalpa (este), La Paz (centro) o San Marcos de Colón (sur), entre otras, según el gerente del Sanaa.
Escalón, del SMN, dice que, aunque el actual fenómeno “es considerado como un ‘Niño’ moderado”, no sólo ha reducido el agua potable, sino también la destinada a generación de energía eléctrica o para el consumo del ganado, y ha dañado cosechas agrícolas.
El Gobierno hondureño declaró, el 12 de febrero, un estado de emergencia en la agricultura para impulsar un ciclo adicional de siembra de granos básicos para garantizar el abastecimiento en los próximos meses.
Al borde del colapso
Tegucigalpa cuenta con las represas Los Laureles y Concepción, además de un sistema de agua de montaña procedente del Parque Nacional La Tigra.
Pero la sequía ha reducido el caudal de Los Laureles al 43 por ciento y el de Concepción al 44 por ciento de su capacidad, que es, respectivamente, de 10.5 y 33 millones de metros cúbicos.
“Estamos alarmados, las represas nunca habían bajado tanto”, expresa Alvarado, y alerta de que sus niveles seguirán reduciéndose a medida que continúe la sequía.
El funcionario advierte de que no sólo la falta de lluvias es culpable de la disminución de agua en los embalses, sino también el mal manejo y la deforestación de las cuencas hidrográficas.
Sólo la represa Los Laureles tiene, “de acuerdo a estimaciones de nuestros expertos, aproximadamente 1.5 millones de metros cúbicos de sedimentos” procedentes de suelos desforestados, arrastrados por las escorrentías, señala Alvarado.
“Mientras continuemos con el irrespeto a las cuencas y la tala indiscriminada, vamos a continuar con este tipo de problemas”, enfatiza.
El gerente del Sanaa también advierte de que la escasez de agua puede tener consecuencias en la salud de la población, por la carestía para actividades domésticas como lavarse las manos o asear servicios sanitarios.
Y si el agua no se almacena adecuadamente se corre el riesgo de que proliferen los criaderos del mosquito “aedes aegypti”, vector del dengue, enfermedad que en 2009 causó al menos 12 muertos en su tipo hemorrágico y 13,000 casos de contagio del común, según el Ministerio de Salud.
Un agua muy lejana
Los hondureños suelen revivir, ante las crisis, viejas polémicas por proyectos olvidados que pudieran contribuir a solucionar los problemas, y esta vez no ha sido la excepción, pues ha vuelto al tapete de las discusiones el plan de construir una tercera represa para Tegucigalpa, que data de hace unos 20 años.
El gerente del Sanaa dice que “las condiciones para iniciar un nuevo proyecto están dadas”, incluso la posibilidad de obtener financiación para construirlo, además de que hay conciencia entre autoridades y gremios sobre la urgencia de hacerlo.
Pero hacer realidad el proyecto no solamente requiere la construcción, sino también el llenado del embalse, todo lo cual llevaría al menos cinco años, señala Alvarado.
Menciona que si se construye una represa como Concepción, de 33 millones de metros cúbicos, tomaría dos de esos cinco años para que se llene a su máxima capacidad.
El funcionario insiste en que “ya no se puede seguir postergando la toma de decisiones” para resolver el déficit de agua en Tegucigalpa, pero enfatiza que la solución “no sólo es construir una nueva represa, sino la protección de cuencas y el ahorro del agua”.
A estas alturas del problema, añade Alvarado, ya no tiene sentido quejarse, “pero en algún momento del año pasado debieron implementarse los racionamientos” para anticiparse y mitigar la crisis en Tegucigalpa.
Hace casi dos décadas, el entonces gerente del Sanaa, Julio Cárcamo, al responder ante la oleada de quejas por la falta de agua relató que a él le bastaba una cubeta del líquido para bañarse y que lo mismo deberían hacer los capitalinos.
A Cárcamo eso le costó críticas, bromas y el apodo de Julio “Cubeta”, pero el tiempo demostró que dio un sabio consejo, pues hoy miles de hondureños agobiados por “El Niño” no tienen más remedio que seguirlo.