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Un charro que siempre apantalla

  • Actualizado: 23 abril 2010 /

También ha visto su nombre en las marquesinas de los cines y llegó a interpretar a personajes icónicos de la cinematografía mexicana como “El Arracadas”.

Vicente Fernández no ha sido un nombre exclusivo de la música. También ha visto su nombre en las marquesinas de los cines y llegó a interpretar a personajes icónicos de la cinematografía mexicana como “El Arracadas”.

La cinta de 1978, sin embargo, no fue la primera que Fernández realizó. Su debut cinematográfico fue en 1972 con “Tacos al carbón”, del director Alejandro Galindo, 1972, y en la que compartió créditos con Ana Martin y Jorge Russek.

Al año siguiente hizo tres películas, “Entre monjas anda el diablo”, de René Cardona, con las actrices Angélica María y Sara García; “Tu camino y el mío”, de Chano Urueta, protagonizada con Blanca Sánchez; y “Uno y medio contra el mundo”, dirigida por José Estrada.

Las actrices de Vicente

Sus parejas en pantalla han sido íconos de la belleza. Además de Angélica María, figuran Jacqueline Andere, Julieta Rosen, Olga Breeskin, Manoella Torres, Maribel Guardia, Lucía Méndez y Blanca Guerra, con esta última hizo seis cintas de las que destacan las comedias “El sinvergüenza” y “Sinvergüenza pero honrado”, ambas bajo la dirección de Rafael Villaseñor Kuri, 1984 y 1985, respectivamente, y donde interpretan a una pareja con desacuerdos en torno al machismo.

“El coyote y la bronca”, de Rafael Villaseñor Kuri, 1980, una de las favoritas de Vicente, fue la primera cinta en la que hizo mancuerna con Guerra.

La relación entre la actriz y el cantante comenzó a raíz de la representante Lonka Becker, ella la presentó con Gregorio Wallerstein, productor de las cintas del cantante, quien buscaba a la protagonista de “Como México no hay dos”. A partir de entonces trabajaron juntos y formaron una amistad, que se mantiene, aunque no se han visto por años.

Blanca Guerra destaca el lado humano del cantante: “Vicente era el dueño del proyecto, pero siempre le daba su lugar a la gente y a los otros actores que estaban empezando o que eran hasta ‘maletas’. No era abusivo, ni económicamente para contratarte, ni a la hora de estar en el set haciendo el trabajo”.

Sus compañeros de cine

Además de trabajar con los más importantes directores de la época, Fernández también compartió créditos con actores de peso en el cine.

Rogelio Guerra, Jorge Russek (“Juan Armenta, el repatriado”, Fernando Durán Rojas, 1976), Lorenzo de Monteclaro (“Dios los cría”, Federico Curiel, 1977), Héctor Suárez (“Picardía mexicana”, Abel Salazar, 1978), Jorge Rivero (“El tahúr”, Rogelio A. González, 1979) y los hermanos Almada, Fernando y Mario, con quienes participó en “El arracadas” (Alberto Mariscal, 1978), entre muchos otros.

Pero sus intervenciones en el cine no se limitan a la actuación, pues Vicente ha participado como productor de 17 películas que también protagonizó. En la primera, “El hijo del pueblo” (René Cardona, 1974), actúo por primera vez al lado de Lucía Méndez.

Además también impulsó la carrera de su hijo Alejandro Fernández, quien debutó en el cine a los cinco años en “Juan Armenta, el repatriado” en un pequeño papel, pero repitió al lado de su padre en “El arracadas”, “Picardía mexicana”, “El tahúr” y la última fue “Mi querido viejo”, bajo la dirección de Rafael Villaseñor Kuri, 1991.

La última vez que Chente participó en una cinta fue en “Mi querido viejo”. Ésa fue su despedida. “Me retiré del cine en 1991. Yo usaba bisoñé en ese tiempo y en una escena que hacía con Julieta Rosen se me veía un brillito donde me abrochaba ‘el aplique’ y les dije al fotógrafo y a mi director, ‘si la gente va a ver si a Vicente Fernández le brilla algo aquí cuando voltea, pues no’. “Cuando vi la película terminada les dije: ‘Con ésta me despido, les doy las gracias’. Nadie lo creyó, pero no he vuelto ni a los estudios ni he vuelto a ver a nadie de mis compañeros”, cuenta.

En ese momento, confesó, también pensó en retirarse de la música. “Tenía miedo de que un día la gente me agarrara y se quedara con el bisoñé en la mano”, dijo riendo, pero desistió gracias al doctor Arturo Sandoval, quien le injertó pelo.