La historia se repite después de 55 años, justo en el lujosísimo Salón del Trono del palacio Grimaldi. Ahí se casaron Rainiero de Mónaco y Grace Kelly hace más de cinco décadas, y ayer por la tarde lo hicieron Albert Alexandre Louis Pierre Grimaldi Kelly y Charlene Lynette Wittstock Humberstone.
Fue una ceremonia breve. No duró ni quince minutos y fue oficiada por el presidente del Consejo de Estado, Philippe Narmino, que hizo una breve introducción en francés, inglés y monegasco, y continuó el acto en francés, lengua oficial del principado.
El enlace, al que sólo acudieron unas 80 personas entre familiares, allegados de la pareja y autoridades del principado, comenzó puntualmente. La novia entró serena. Él, nervioso pero feliz y hasta un tanto sensible, porque al sentarse junto a su prometida, no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas que al final contuvo.
Los testigos elegidos por la pareja fueron para el príncipe soberano Chris Le Vine, sobrino de la fallecida Grace Kelly, y Donatella Knecht de Massy, esposa de uno de los nietos de la también fallecida princesa Antoinette de Mónaco, en el caso de Charlene.
Tras ser declarados como esposos, Alberto besó la mano de su esposa y le guiñó un ojo. Luego saludaron a las autoridades y de inmediato se besaron con delicadeza y exponiendo su amor.
Saludo
Desde dos pantallas led gigantes instaladas en la plaza del palacio, unos seis mil monegascos presenciaron bajo un sol inclemente la unión, tras la cual la pareja saludó a sus súbditos desde la ventana del Salón de los Espejos, lugar habitual del saludo principesco con motivo de las fiestas oficiales.
Los novios se dieron dos besos vitoreados con hurras y aplausos por los congregados en la plaza que agitaban banderas del principado y de Sudáfrica, en honor a la novia.
Sobriedad y color
Charlene Lynette se decantó una vez más por la casa de alta costura suiza Akris para el ajuar de esta importante ocasión.Es un elegantísimo traje pantalón de gazar de seda en color acuamarina.
Lo fusionó con un entalle de encaje y una chaqueta de manga larga, pese a que el calor que imperaba en Mónaco, no le restó ni una milésima de elegancia a la sobria novia, quien además lució un moño recogido, maquillaje suave y discreto y sólo unos zarcillos pequeños. Prescindió de su anillo de compromiso y otras joyas.
De Chanel fue el vestido azul de la princesa Carolina y el de su hija Carlota, que ha optado por un modelo del mismo color que el de la novia. Ambas han lucido sendas pamelas. La princesa Estefanía, a la que se pudo ver visiblemente emocionada y aguantando las lágrimas, escogió un vestido de raso y una torera de encaje a juego, en color rosa palo. Las tres optaron por sandalias sin tacón y un tanto informales para la ocasión.
La madre de la novia, Lynette Humberstone de Wittstock, lució un traje sastre gris aperlado de delicado satín. El novio Alberto, el testigo Chris Le Vine, el padre de la novia, Michael Kenneth Wittstock y los apuestos hermanos de Charlene, Sean y Gareth, optaron clásicos trajes oscuros con corbatas platinadas.
Hoy por la tarde es la boda religiosa en medio de celebridades y el jet set europeo. Habrán pocas caras conocidas de la realeza europea y tan sólo la familia real sueca acudirá al completo.