“Nunca habíamos visto algo así”. Con estas palabras definía un periodista japonés el tono distendido y familiar de la visita con carácter privado de los príncipes herederos del país del sol naciente, Naruhito y Masako, a Holanda.
Éste es un viaje de quince días con el que la casa imperial nipona pretende que Masako aleje los fantasmas de la depresión causados por no poder dar un varón a Naruhito, ya que la pequeña Aiko, de cuatro años, está excluida de la sucesión mientras no se derogue la Ley sálica en Japón.
En realidad, respondieron a una invitación de la reina Beatriz para que pasaran quince días de descanso en un castillo de la apacible Apledoorn.
Allí, la princesa “triste” ha vuelto a sonreír.
Desde agosto de 2004, la princesa Masako sufre una depresión, que poco a poco va superando.
Los médicos le han aconsejado que viaje con su familia, lejos de su entorno.
Masako está muy bien en Holanda. La sonrisa es el ejemplo.