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La mejor ciudad para vivir

  • Actualizado: 30 agosto 2008 /

Situada en el noreste de Suiza, el casco antiguo de Zúrich se alza sobre un pequeño promontorio a orillas del lago homónimo y del río Limmat.

Situada en el noreste de Suiza, el casco antiguo de Zúrich se alza sobre un pequeño promontorio a orillas del lago homónimo y del río Limmat.

En él, la tranquilidad y belleza de sus calles y el atractivo de sus edificios renacentistas se mezclan con la prosperidad económica de su sector financiero y las últimas tendencias en moda y arte.

Zúrich ha sabido combinar a la perfección el pasado y la modernidad, ya que en las estrechas calles del centro se hallan las boutiques más elegantes y algunos viejos molinos y fundiciones albergan los restaurantes más selectos.

Cómo iban a imaginar los celtas, los romanos y los alemanes que se establecieron en la zona, que Zúrich se convertiría en una de las principales ciudades del planeta, cuyos habitantes gozan de la mayor calidad de vida y su sector financiero sigue prosperando gracias a las buenas condiciones con las que cuentan las grandes fortunas.

Capital económica

Cuando los visitantes abandonan el centro histórico encuentran los restos de la ciudad industrial que ahora se ha convertido no sólo en la principal plaza financiera de Suiza, sino en una de las más importantes del mundo.

De ahí, que una cuarentena de las cine-empresas más importantes del país tengan su sede en Zúrich, como Credit Suisse, el grupo de banca privada Julius Bär o las aseguradoras Swiss Life, Swiss Re, Zurich Financial.

La preponderancia económica de la ciudad queda plasmada en la riqueza de su ciudad vieja y sus lujosas tiendas, así como en sus numerosos museos y galerías de arte.

Algunos de los museos más importantes del país alpino se encuentran en esta ciudad.

Entre ellos destacan el Museo Nacional Suizo, que recoge la historia helvética desde la prehistoria, y el Kunsthaus, donde obras de Münch y Giacometti ponen el punto final a un recorrido por el arte europeo desde la Edad Media hasta la actualidad.

Además, fue en el mítico Cabaret Voltaire donde, hace casi un siglo, surgió el dadaísmo, un movimiento que negaba cualquier convención artística establecida hasta el momento y que se caracterizaba por el empleo de materiales inusuales y su intención provocadora.

Sin embargo, Zúrich cuenta con vestigios de todas las épocas, desde la vieja fortificación romana hasta la iglesia de estilo gótico Fraumünster, construida en el siglo XIII sobre una vieja abadía benedictina fundada por el nieto de Carlomagno y que ahora también es conocida por las coloridas vidrieras del pintor francés Marc Chagall.

En la otra orilla del Limmat, se alza la imponente Grossmünster, la catedral del siglo XII erigida sobre el monasterio fundado por Carlomagno en honor a los mártires romanos de la región, y desde cuyas torres se obtiene una espléndida vista panorámica de la ciudad.

Fue, precisamente, en uno de sus púlpitos desde donde Ulrich Zwigli empezó a propagar la Reforma en Suiza, un importante movimiento religioso que apostaba por regresar al cristianismo más primitivo frente a la corrupción que dominaba en el Vaticano durante el siglo XVI.

La Reforma, que pregonaba la rectitud y la castidad, triunfó en Zúrich, que ahora es conocida por su agitada vida nocturna y su famosa Street Parade, una de las mayores manifestaciones de música techno del planeta.

Oasis de calma

Los visitantes que lleguen a la ciudad en busca de tranquilidad, podrán encontrarla junto al lago de Zúrich, donde se halla el Jardín Botánico, repleto de infinidad de árboles, arbustos y flores de todo el planeta.

Con una marcada vocación pedagógica pero también lúdica, la Universidad de Zúrich, propietaria del jardín, organiza exhibiciones de los especímenes más extraños, como las plantas piedra o las carnívoras y cuenta con tres grandes invernaderos.

Sin embargo, el invernadero más espectacular se encuentra en el zoológico de la ciudad: 11 mil metros cuadrados de selva malgache, con especies vegetales y animales, en el corazón de la fría Suiza.

No obstante, el mejor lugar para relajarse se encuentra a veinticinco kilómetros de Zúrich: en Baden, una pequeña y tranquila localidad del cantón de Argovia, que cuenta con diecinueve manantiales de los que brota el agua termal más rica en minerales de toda Suiza.

Los romanos ya conocían las bondades de las aguas sulfurosas de Aquae Helveticae, pero fue a partir del siglo XVIII cuando empezaron a proliferar los suntuosos edificios y hoteles que más tarde acogerían a Goethe, Nietzsche y Dürrenmatt.

Además de la rica arquitectura de Baden, con ejemplos romanos, del gótico tardío y contemporáneos, el pequeño municipio cuenta con la fundación Stiftung Langmatt, que recoge una de las mejores colecciones de arte de Suiza gracias a las donaciones de importantes industriales de la localidad.

A una cincuentena de kilómetros al norte de Zúrich, en el cantón de Shaffhausen, que se encuentra en un pequeño apéndice suizo en territorio alemán, se haya otro bello fenómeno natural: las cataratas del Rin.

Los 150 metros de anchura y los 23 de altura, hacen de las cataratas del Rin uno de los saltos de agua más grandes de Europa. Un espectáculo que adquiere su máximo esplendor en verano, cuando su caudal medio alcanza los 600 metros cúbicos por segundo.

Las mejores vistas se obtienen desde la gigantesca roca que divide la catarata, a la que se puede acceder en barca, y desde la terraza situada a los pies del salto de agua y del castillo de Laufen, construido a orillas del Rin.

A pesar de haber sido bombardeada por error por la aviación estadounidense durante la II Guerra Mundial, la localidad de Schaffhausen conserva numerosos edificios renacentistas decorados con frescos exteriores, esculturas y fuentes, así como imponentes torres medievales y la vieja fortaleza cantonal.

Historia

Turicum, el nombre latino de Zúrich, fue en la Antigüedad un puesto aduanero y un fuerte romano en la orilla izquierda del Limmat. Posteriormente, la ciudad expandió al otro lado del río.

Durante la Edad Media se convirtió cada vez más en un centro económico, cultural y religioso. A lo largo del siglo XIII la ciudad consiguió acaparar siempre más poderes de autogobierno a pesar de pertenecer al Sacro Imperio Romano Germano.

En 1351 ingresó en la Confederación Suiza donde pronto logró establecerse como socio líder junto con Berna y Lucerna.

Zúrich estuvo en la vanguardia de nuevos desarrollos.