Un minúsculo individuo entra en la habitación del hotel. Las generosas dimensiones de la suite empequeñecen aún más al sonriente sujeto, una acumulación de esferas coronadas por una reluciente calva. Aunque dicen que mide un metro y medio, parece más pequeño, y los ojos negros no engañan: es Danny DeVito. Uno de los grandes.
En los ochenta, el pequeño DeVito fue una de las grandes estrellas del cine. En esa época de sesiones dobles en el cine del barrio y felices visitas al videoclub de la esquina, entre colosos como Sylvester Stallone o Arnold Schwarzenegger, la belleza de Kim Bassinger o alguna rareza del director de cine David Cronenberg, relucía su figura.
“La industria ha cambiado mucho desde entonces”, dice DeVito en una entrevista con 20minutos.es para promocionar su nueva película Lorax: En busca de la trúfula perdida, un filme de animación en el que el actor pone voz a uno de sus protagonistas junto a Zac Efron y Taylor Swift. Huyendo de toda nostalgia cuenta: “Hollywood era más cerrado. Fui uno de los primeros, con Clint Eastwood o John Travolta, que triunfó tras hacerse famoso en la televisión. Ahora, con Internet, no hay fronteras. Y eso es bueno: es mucho más fácil saltar de un medio a otro y cambiar de géneros”.
Camino a la cima
Él supo cambiar hasta de profesión. A los 18 años, en 1962, trabajaba como maquillador en el salón de belleza de su hermana. Para aprender el oficio fue a la Escuela de Arte Dramático de Nueva York, donde descubrió que prefería ser él el maquillado. Pronto consiguió sus primeros papeles teatrales. Conoció a su esposa, Rhea Perlman. Y, por supuesto, se hizo amigo de Michael Douglas.
Douglas lo tenía todo: talento, físico y una leyenda por padre. DeVito tenía olfato y ganas. Como productor, Douglas le facilitó uno de sus primeros papeles: el tierno Martini de Alguien voló sobre el nido del cuco. Y, aunque fue una serie de televisión, Taxi, la que le catapultó al éxito, juntos triunfaron con Tras el corazón verde, La joya del Nilo o La guerra de los Rose, su segunda película como director.
“Ser director es fantástico. Y te diré algo más, bromea: como el trabajo de Dios está ya ocupado, dirigir películas es la segunda mejor opción”. También ha triunfado como productor: Pulp Fiction o Erin Brockovich le deben algo muy importante: la libertad. “Tras La guerra de los Rose conseguí el final corto (última palabra al montar una película), pero vi que los jóvenes directores no lo tenían. Había mucho talento, y por eso produje a Quentin Tarantino o Steven Soderbergh: eran buenos, pero en un estudio hay tanto jefe, tantos intereses, que podían distraerse y perder su originalidad. Yo quería ser la voz que hablara con ellos y los tranquilizara”.
El renacuajo aterrado
¿Y sus primeros recuerdos del cine? ¿Qué películas le gustaban de niño? Piensa. Se arremanga su camisa. Se coloca las gafas y, al recordar, se transporta a su ciudad natal, Neptune, en Nueva Jersey. “Era la típica ciudad costera: en verano llena de gente y coches, pero, en invierno, tan vacía como una película de zombis. ¿Lo bueno? Tenía cinco cines en un kilómetro cuadrado. Vi todas las películas de Dean Martin y Jerry Lewis, de vaqueros... ¡Hasta estaba el Liric, que proyectaba películas extranjeras, subtituladas, en blanco y negro y prohibidas por la Iglesia católica!”.
¿Iba? “Por supuesto. ¡Corría a verlas! Pero mi primer recuerdo es ir al cine con mis dos hermanas mayores. Me llevaban con sus novios y, claro, se olvidaban de mí: era un renacuajo. Así que terminaba en el suelo, pegajoso por los caramelos y chicles, mirando aterrado por una rendija entre dos asientos a Lon Chaney convirtiéndose en el Hombre Lobo. Por ese tipo de cosas amo el cine, seguramente, más que cualquier otra cosa”.
Un duende ecologista
La película está basada en el relato del escritor y caricaturista Dr. Seuss, un clásico de la literatura infantil en Estados Unidos. En ella se cuenta la aventura del joven Ted (Zac Efron), quien busca un desconocido objeto para él que le permitirá hacer feliz a la chica de quien está enamorado.
Para ello, el adolescente intentará escapar de Thneed-Ville, una ciudad aparentemente ideal, donde toda la naturaleza es falsa y hasta sus árboles están robotizados.
En su búsqueda se encontrará con Lorax (De Vito), una criatura que lucha para proteger un mundo que corre el peligro de extinguirse por completo.
De Vito declara que ha leído todos los relatos de Dr. Seuss, un autor con una “gran sensibilidad para contar historias”, que consigue a través de la rima “transmitir el mensaje que quiere dar de una forma maravillosa”, al igual que ocurre con los textos de Roald Dahl, autor de otra de las películas infantiles en las que ha participado, Matilda.
Hacer la voz de un personaje animado no es algo nuevo para Danny (67) , pero ser parte del doblaje en inglés, español, italiano, alemán y ruso, cuando no son idiomas que habla, sí fue un desafío que le requirió mucho esfuerzo.
El actor se sintió tan identificado con este personaje de Lorax que quiso darle vida en todas las lenguas que le fueran posibles.
“Cuando haces la voz para una caricatura, sabes que en otros países lo hará alguien más, pero con Lorax me pasó que le tomé un gran cariño, se parece mucho a mí (físicamente), por lo que le pedí a los productores que me dejaran intentar hacer las demás voces.
“No he subido montañas y nadado océanos, pero doblar este personaje en tantos idiomas fue como subir al Everest”, ha dicho el actor.
Sus dificultades con el castellano tuvieron que ver con la “erre” y la “ce”, mientras que traducir al ruso fue como “colorear sin poder apoyarte en la mesa y, además, subido a una montaña rusa”.
Zac Efron vuelve a ser adolescente
El ídolo juvenil Zac Efron (24), tuvo que pensar que era todavía más joven para poner voz a Ted y recordar “cómo es enamorarse a los 12 años” en la película de animación ecologista Lorax: En busca de la trúfula perdida.
Efron dice que interpretar este papel fue algo “muy divertido” aunque no fácil, porque tan solo transmite con su voz. “Es entusiasta, aventurero y no tiene miedo, ha sido muy divertido”, ha indicado en declaraciones a los medios.
“Nunca he doblado a un dibujo animado, De Vito me ayudó y me aconsejó que sobreactuara para llegar con la voz a donde quería ir”, ha señalado.
Para el joven intérprete, el actor que encarna a Lorax es “muy divertido y con una gran personalidad”, de quien ha aprendido “mucho”.
El actor de High School Musical cree que Dr. Seuss, de quién leyó todos sus libros, tiene la capacidad de conseguir que un niño se motive con la lectura, la tarea más difícil, y este mensaje ecológico y de crítica llega mejor cuando eres pequeño, opina.
Avalada por el éxito de otras adaptaciones de este autor, como El grinch o Horton y el mundo de los Quién, Lorax debutó el primer fin de semana en la taquilla estadounidense con un holgado número uno, al recaudar 70.7 millones de dólares, lo que demuestra el poder de convocatoria de estos cuentos en su país.