Somos humanos y a los humanos nos gusta comparar todo lo nuevo con las viejas glorias. Eso le pasó a La Oreja de Van Gogh, allá por el lejano año 2000, cuando llegaron en verdad a México, trajeron Dile al sol en 1998, pero pasó sin plena ni gloria con El viaje de Copperpot.
Aquel año, los donostiarras obtuvieron las mayores glorias en tierras mexicanas con miles de discos vendidos y cientos de personas agolpándose en cuanto lugar se presentaban, la que en ese momento se decía, la banda sucesora del Mecano de Ana Torroja y los hermanos Cano.
Lo negaron una y otra vez hasta que en los hechos, con nueva música, demostraron que tenían su estilo propio, aunque dentro del pop a final de cuentas.
Lo del viernes en el Auditorio Nacional fue un paso adelante para dejar el sello de la casa.
Sin grandes pretensiones que podría confundirse con pobreza en la producción, llegaron, tocaron sus canciones y sin mayores sorpresas se fueron.
Puntual apareció Amaia Montero para dar inicio con “Noche”, que fue seguida por uno de sus hits, “Soledad”, que dio el primer levantón de la noche que poco a poco presentó éxitos como: “Cuéntame al oído”, “París”, “20 de enero”, “La playa” y la canción a la que probablemente le deben todo de este lado del mundo, “Cuídate”.
El regreso lo hicieron con “Perdida”, para luego pasar a “Deseos de cosas imposibles” y “Rosas”, y llegar al gran final con “Puedes contar conmigo”, canción con la que después de dos horas decidieron irse provisionalmente del escenario, pues hoy volverán a saltar para repetir la dosis.
Fiesta
Los asistentes no pudieron más y convirtieron aquello en una fiesta que duró hasta el amanecer.