Después de los sucesos de México en 1810 con el “Grito de Dolores”, se despertó el ansia de libertad entre los pueblos asfixiados de las colonias de la Capitanía General del Virreinato de Nueva España.
En Guatemala, el 15 de septiembre de 1821, un grupo de criollos proclamó la separación del dominio español. El acta fue redactada por José Cecilio del Valle, hondureño, que no era partidario de la separación de España en ese momento.
El historiador Julio Ignacio Cardoze considera que la independencia de Centroamérica “fue una rebelión desde arriba, en la que el pueblo no hizo nada, más que gritar azuzados como turbas inconscientes ese 15 de septiembre, en las afueras del recinto donde se discutía la propuesta”.
La declaración del 15 de septiembre de 1821 fue condicionada a la aprobación por las provincias del reino de Guatemala, por una asamblea constituyente a convocarse el 2 de marzo de 1822 en Guatemala para ratificarla y definir la clase de gobierno.
Anexión a México
Poco después, el 5 de enero de 1823, las provincias de Centroamérica se unieron oficialmente al imperio mexicano de Agustín de Iturbide.
El acta de anexión también fue redactada y firmada, esta vez, por José Cecilio del Valle.
También, por influencia de este hondureño en el Congreso mexicano, Centroamérica logró su independencia de México, la cual fue proclamada el 1 de julio de 1823 por la Asamblea Constituyente Centroamericana, “la segunda y posiblemente la verdadera independencia”, dice Cardoze.
Sueño truncado
Esta Asamblea Constituyente decidió que el sistema de gobierno de Centroamérica sería republicano y federal, con autonomía para cada uno de los cinco estados: Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.
En el marco de la constitución política, Manuel José Arce fue elegido como el primer presidente de Centroamérica el 5 de marzo de 1824, y el 16 de septiembre de 1824 resultó electo Dionisio de Herrera como primer jefe de Estado de Honduras.
Pero la Unión Centroamericana no pudo consolidarse por la fuerte oposición de los conservadores y el clero, que querían preservar el sistema de privilegios de la colonia española.
Al general Francisco Morazán le tocó combatir contra la reacción antidemocrática, pero la proporción de fuerzas no le favoreció y le tocó pagar con su vida haberse atrevido a soñar con una Patria Grande. Morazán murió fusilado el 15 de septiembre de 1842 en Costa Rica.