15/05/2022
02:19 PM

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Las pandillas brasileñas importan ex guerrilleros colombianos

São Paulo, Brasil.

La mayor organización delictiva de Brasil está reclutando miembros de las otrora poderosas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), conforme busca personal experto en armas pesadas y otros asuntos que le ayude a expandir su dominio del tráfico de drogas en América Latina, dicen investigadores de los dos países.

Funcionarios de los ministerios de Defensa y Relaciones Exteriores de Brasil y Colombia se reunieron el martes en la ciudad de Manaus, en la región amazónica, para intercambiar información sobre cómo el autodenominado Primer Comando de la Capital (PCC), trata de contratar guerrilleros en Colombia, algunos de los cuales optaron por no participar en las conversaciones de paz.

El gobierno de Juan Manuel Santos firmó el año pasado un acuerdo que puso fin al conflicto armado con el grupo marxista y la mayoría de sus 6.000 combatientes se preparan para desarmarse.

“El PCC ha estado ofreciendo empleos a las FARC”, dice el ministro de Defensa de Colombia, Luis Carlos Villegas, añadiendo que el caso está bajo investigación. Se espera que entre 5% y 10% de los miembros de las FARC no acepten el acuerdo de paz, según han dicho funcionarios colombianos.

Los intentos del PCC de cortejar a los rebeldes subrayan los desafíos del gobierno colombiano para desmovilizar a combatientes envueltos en el tráfico de drogas. Los esfuerzos del grupo delictivo brasileño de expandir su influencia a Colombia se producen en medio de un aumento de la producción de coca en el país andino. La producción potencial estimada de cocaína se incrementó 46% entre 2014 y 2015, el año más reciente del que Naciones Unidas tiene datos disponibles.

El PCC busca reclutar a ex combatientes de las FARC con experiencia en armas pesadas y explosivos. En la foto, un guerrillero en un campamento en Antioquia.
El PCC trata de quitarles a rivales el control de rutas de contrabando en Brasil, eliminar a los intermediarios y trabajar directamente con los proveedores colombianos para llevar la cocaína a Brasil, dice Lincoln Gakiya, fiscal de São Paulo que ha investigado las actividades del PCC por 10 años. Autoridades antinarcóticos estadounidenses dicen que Brasil es el segundo mayor mercado para la droga después de Estados Unidos.

Fundado en una prisión de São Paulo en 1993, el PCC ha evolucionado para convertirse en un grupo disciplinado y altamente organizado con 21.000 miembros a lo largo de Brasil, además de tener presencia en Paraguay, dicen fiscales brasileños. Los capos del grupo están en la cárcel pero controlan subalternos en tugurios urbanos que manejan lo que se ha convertido en la organización más poderosa del bajo mundo en Brasil.

Los principales adversarios del PCC, además de pandillas rivales, son las fuerzas armadas y la policía federal de Brasil, dotados de helicópteros, vehículos de combate y armas modernas.

“El PCC está obsesionado con obtener entrenamiento militar”, dice Gakiya. El grupo busca ametralladoras calibre .50, que son capaces de derribar helicópteros y perforar vehículos blindados, así como enlistar parte de la red de las FARC de combatientes veteranos y expertos en la fabricación de explosivos, añade el fiscal. Correspondencia entre miembros del PCC en 2015 también mostró que la banda brasileña ha hecho esfuerzos por comprar drogas de los miembros de las FARC, agrega el funcionario.

Las FARC niegan lazos con grupos delictivos de Brasil y dicen que ahora están dedicadas a la paz.

En los últimos meses, mientras el PCC ponía su mira en Colombia, el grupo se ha enfrentado por rutas de narcotráfico con rivales como Comando Rojo, con escenario principal en las atestadas cárceles del norte de Brasil. Las peleas dejaron un saldo de unos 120 muertos en una serie de motines sangrientos en los que varios reos fueron desmembrados y decapitados.

Jorge Restrepo, director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos en Bogotá, dice que cualquier vínculo demostrado entre las FARC y el PCC debería ser motivo de preocupación en Colombia, donde el gobierno está en el proceso de desarmar a los rebeldes. “Sería la primera vez en muchos años que grupos criminales externos tratan de reclutar a las FARC”, añade Restrepo.

El grupo guerrillero está ahora congregando a sus fuerzas en decenas de caseríos donde la ONU supervisa el proceso de desarme, que debería terminar a mediados de año. Se supone que los ex combatientes se reintegren a la sociedad civil mientras el liderazgo del grupo se organiza como un partido político de izquierda.

“El acuerdo de paz entre el gobierno de Colombia y las FARC es fantástico”, señala Vladimir Aras, fiscal que encabeza la unidad de cooperación internacional de la Fiscalía General de Brasil. “Pero genera un efecto secundario, que será la desocupación de muchos miembros de las FARC”.

Algunos combatientes han optado por salir del proceso por completo. Frentes guerrilleros en la selva del sureste de Colombia, cerca de la frontera con Brasil, han roto filas con las FARC debido al acuerdo de paz. El secretariado del grupo guerrillero expulsó recientemente a cinco comandantes disidentes, todos de esa región.

Villegas, el ministro de Defensa de Colombia, dice que espera una tasa de disidencia de alrededor de 5%, pero InSight Crime, una organización que hace seguimiento de los niveles de delincuencia, estima que podría ser mucho más alta si se incluye a los partidarios urbanos de las FARC, que estaban activos en operaciones de inteligencia y consiguiendo provisiones para los rebeldes.

Las conexiones de las FARC con Brasil salieron por primera vez a la luz en 2001, cuando las fuerzas armadas colombianas detuvieron a Luiz Fernando da Costa, líder de la pandilla Comando Rojo, en el sureste de Colombia. El delincuente admitió luego haber comprado cocaína de las FARC y haber ayudado al grupo a obtener armas. Condenado por asesinato y narcotráfico, Da Costa se encuentra en la cárcel.

“Hay antecedentes demostrados entre las dos partes”, señala Jeremy McDermott, quien sigue el tráfico de drogas en Colombia para InSight Crime.