La historia de Cassius Clay o Mohammad Alí, uno los deportistas más afamados de todos los tiempos, comienza cuando se colgó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Roma 1960.
El peso ligero de ese entonces se acreditó en tierra italiana el primero de muchos éxitos y al regresar a los Estados Unidos creyó que el problema racial sería diferente con su éxito.
“América es el país más grande del mundo y en lo que se refiere a los sitios adonde yo no puedo comer, tengo un montón donde sí puedo, hay más sitios donde puedo que donde no puedo”, contestó Clay, a una pregunta de un periodista de la comunista Unión Soviética sobre el racismo que imperaba en el democrático país de la bandera de las barras y las estrellas.
Cuentan que el boxeador no se quitaba la medalla ni para dormir, fue recibido como un héroe en su natal Louisville, aunque le negaron servirle un par de hamburguesas en un restaurante exclusivo para blancos, “yo soy Cassius Clay, el campeón olímpico”, gritó sin que la posición de la camarera cambiara. Decepcionado por ello arrojó la medalla al río Ohio, cuenta en su biografía “El más grande”.
Una nueva presea dorada le fue otorgada para sustutir la perdida hasta en los Juegos de Atlanta 1996, donde encendió el fuego olímpico, en homenaje a su trayectoria.
La carrera profesional inició para Clay el 29 de octubre de 1960. Se apuntó una victoria en la primera pelea, en seis asaltos, ante Tunney Hunsaker, que era jefe de policía de Fayetteville, Virginia Occidental.
Pasó a llamarse Mohammad Alí en 1964 y se convertió al sunismo en 1975. Un año después rechazó unirse al Ejército estadounidense apelando a sus creencias islámicas y a su oposición a la Guerra de Vietnam. Fue arrestado y declarado culpable de evasión del servicio militar, despojado de su título de boxeo y suspendida su licencia de boxeador. No fue encarcelado, pero no volvió a pelear en casi cuatro años.
Se hizo famoso por su estilo poco común para pelear en el cuadrilátero y esas famosas frases de insultos contra sus adversarios.
“Soy el más grande” o “soy joven, hermoso, rápido y nadie me puede vencer”, eran algunas expresiones que la prensa reproducía al primer tres veces campeón del mundo de los pesos pesados. Nadie ganó tanto dinero como él en esos tiempos, pero también era un derrochador.
Sus combates contra Joe Frazier, George Foreman y Sonny Liston marcaron la época. Fue derrotado en cinco ocasiones (una por nocaut técnico al abandonar el combate), consiguiendo 56 victorias (37 por nocaut y 19 por puntos). “Flota como una mariposa, pica como una abeja”, decía para describir su forma de pelear.