Los sentimientos de Josefina Velásquez, la madre del astro hondureño del Inter de Milán David Suazo, con el fútbol son contradictorios: sabe que su nivel de vida ha mejorado mucho desde que su hijo juega en Italia, pero al mismo tiempo lo considera un deporte peligroso.
'A mi no me gusta el fútbol, mis hijos se golpean mucho', le cuenta a la AFP mientras saborea una sopa de pollo en una mecedora, en su cómoda residencia de la colonia Universidad de la ciudad de San Pedro Sula, 240 km al norte de la capital, Tegucigalpa.
'Todos mis hijos son profesionales, David estudió computación. Todos fueron buenos estudiantes, incluso la hija, pero prefieren irse a golpear', lamenta haciendo una pausa en la comida.
'David se fracturó la clavícula, Rubén y Nicolás la tibia y el peroné, Henry viene golpeado a cada rato. Dígame usted: ¿Cómo me va a gustar que jueguen?', justifica la señora.
Dice desconocer en qué equipo juega David, de 27 años. Ni le importa. Sólo sabe que está en Italia, donde lo ha visitado tres veces, junto con su esposo Nicolás Suazo (68) y padre del jugador del Inter, que el pasado 1 de agosto se estrenó con su nuevo equipo ante el Manchester United con dos goles.
'Sí, él se casó allá y ya aquí sólo va a venir de vacaciones', asegura Don Nicolás, sentado en otra mecedora de madera fina en su casa en la colonia 'Universidad', donde viven con dos de sus ocho hijos todavía solteros: Rubén y Henry.
'Universidad', donde se mudó la familia cuando David firmó su primer contrato con el Cagliari, es una colonia de clase media.
La casa no es ostentosa pero sí cómoda y espaciosa, con un área verde al frente, rodeada por serpentinas de púas. En el interior, nada indica que sus vástagos sean jugadores del deporte rey: no hay ni un poster ni fotografías de ningún equipo. Apenas un paisaje y un cuadro de rosas adornan la sala.
En un pequeño estudio, David tiene su computadora y en la pared unas pocas fotos en las que él aparece en la selección juvenil hondureña y en el Olimpia, con el que jugó antes de marcharse al equipo de la isla de Cerdeña.
'Eramos pobres, bueno no tan pobres, pero sí éramos pobres', cuenta Don Nicolás, al reconocer que el éxito de David ha transformado la vida de la familia.
Don Nicolás trabajó 18 años en un barco carguero griego y apenas ha seguido la trayectoria de su hijo.
'Yo tenía ocho meses de embarazo de David cuando él se embarcó', explica Doña Jofesina. Hace doce años, Don Nicolás dejó el mar para quedarse en San Pedro Sula y ahora ya no trabaja. Vive de la asistencia de sus hijos, especialmente de David, un nuevo millonario.
'Vivíamos en La Planeta', explica, actualmente una colonia muy peligrosa, en el noroeste de San Pedro Sula, la segunda ciudad en importancia de Honduras.
Esa urbe tiene una población de 500.000 habitantes, pero está rodeada de otras ciudades pequeñas que la convierten en un emporio industrial y comercial que la han propulsado como 'capital industrial' de un país con 7 millones de habitantes.
Pero San Pedro Sula también es considerada la 'capital del crimen' por la ola de robos y secuestros que ha ido creciendo desde los años 90.
En el 2000, el hermano menor de David, Henry, fue secuestrado por desconocidos que pedían una fuerte suma de dinero de rescate, pero la policía lo liberó 17 días después sin pagar un centavo, asegura Don Nicolás.
Procedente del Olimpia hondureño, que lo vendió por 2,2 millones de dólares al Cagliari, David fue adquirido por el Inter esta temporada, atraido por su cuota goleadora, por unos 12 millones de euros y dos jugadores.