Antes de cocinar carne de pollo o abrir un huevo te ha pasado por la mente si es conveniente lavarlo con agua o no. Aquí te contestamos esas interrogantes.
No lavar el pollo
La Agencia de Normas Alimentarias de Reino Unido (Food Standards Agency, FSA) ha advertido de una conducta habitual en todas nuestras cocinas: lavar el pollo crudo. Según la FSA lavarlo antes de cocinarlo aumenta el riesgo de extender la bacteria «campylobacter» en la ropa, las manos o el equipamiento de cocina, al salpicar el agua mientras lo enjuagamos.
Esta bacteria, según la FSA, es la forma más común de intoxicación alimentaria en el Reino Unido, ya que 4 de cada 5 casos de intoxicación alimentaria está provocada por el pollo contaminado. Las personas afectadas suelen tener vómitos y diarrea y, de forma menos común, el síndrome del intestino irritable e incluso el síndrome Guillain-Barré.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la «campylobacter» es la causa más común de gastroenteritis, una infección cada vez más común en los países desarrollados. La FSA recomienda cocinar muy bien el producto en vez de lavarlo.
El huevo se lava a veces
¿Mejor guardar los huevos en el refrigerador o en la despensa? ¿Se lavan antes de almacenar? ¿Y de consumir? ¿Hemos de sacarlos del envase tras su compra? Son muchas las preguntas cotidianas del consumidor habitual de huevos que a menudo resolvemos con rapidez, sin prestarle la necesaria atención. La Organización Interprofesional del Huevo y sus Productos (INPROVO) ha lanzado una campaña, El huevo, de etiqueta, para resolver tales enigmas, con la colaboración del chef Mario Sandoval (protagonista del vídeo que puede ver sobre estas líneas) publica El País.El huevo es uno de los alimentos más sensibles a la contaminación y multiplicación de bacterias, aseguran desde INPROVO. Por ello, debemos ser prolijos durante su conservación y consumo. 'Hay que guardarlos en el frigorífico (entre 1 ºC y 10 ºC, sin llegar a la congelación y sin saltos térmicos) y, a ser posible, en su estuche. Así mantendremos la protección natural de la cáscara del huevo frente a microorganismos externos, olores extraños o humedad. Además, tendremos a mano información importante del etiquetado, como la fecha de consumo preferente (que no es obligatorio indicar en la cáscara, pero sí en el envase)', explican en la campaña.
En casa, cuando cocinemos con ellos, solo se han de sacar de la nevera los que se vayan a emplear. 'Pueden lavarse, pero solo antes de su uso, nunca antes de guardarse', prosiguen los expertos, quienes recomiendan, igualmente, lavar bien cada superficie antes y después de la manipulación del huevo y cascarlos en un sitio diferente del recipiente donde se baten, 'para evitar que la contaminación de la cáscara pase a la parte comestible del huevo'.