Tecnología
Redacción
Males físicos
La tecnología invade cada vez más nuestras vidas y esta no distingue edades; por otro lado, muchos padres que como tantas generaciones antes de ellos necesitan mantener tranquilos a sus hijos, han optado por reemplazar el tradicional juguete o chupón con un dispositivo electrónico.
Así va tomando forma una generación de niños que desde temprana edad se hacen adictos a la tecnología. Puede que los padres se sientan aliviados al ver como su hijo se entretiene, pero esa tranquilidad tiene un precio.
Una especialista en desarrollo infantil entrevistada por el diario argentino Clarín advierte sobre los peligros para la salud de los pequeños que pasan demasiado tiempo frente a la pantalla. Para comenzar, explica, sus jóvenes cerebros de ven sobre estimulados y no logran procesar la información a la misma velocidad a la que la reciben.
El resultado se refleja en problemas para comprender el lenguaje al no poder identificar qué palabras se corresponden con qué imágenes o bien terminan relacionándolas de forma incorrecta.
A continuación, algunos problemas comunes de la exposición temprana de los niños a la tecnología.
| El cambio en los hábitos de crianza de los niños está creando una generación de jóvenes adictos a la tecnología.
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Algunos jovencitos experimentan calambres, contracturas, irritación de la vista y deficiencia ocular por pasar demasiado tiempo con la pantalla muy cerca de sus ojos.
Falta de sueño y descanso
Como se mencionó antes, la velocidad a la que recibe la información causa estrés en el cerebro, lo que impide que descanse de forma apropiada, afectando sus capacidad de retener información (memoria).
Problemas de peso
Las incontables horas que pasan con los aparatos electrónicos puede provocas problemas de obesidad en los niños debido a la falta de movilidad.
Desarrollo emocional y social deficiente
Bombardeados de imágenes y sonidos, los niños no reciben suficiente estimulación de un tipo específico: la que alimenta su creatividad y al estar ensimismados frente a un aparato tampoco estimula sus interacciones sociales con otros niños o con otras personas.