Después de la hora del almuerzo, en el mercado Guamilito, Mario Durón Díaz emplea su tiempo en vender deliciosas macheteadas y café con leche. Hace siete años realiza este tipo de trabajo. El olor a harina frita y café recién servido impregnan el puesto de “Don Mario”, como lo conocen sus amigos y clientes quienes, desde diferentes partes, acuden para disfrutar de esta comida típica.
La macheteada tiene una historia muy peculiar, nació en los campos bananeros y es una alimento que se disfruta en el desayuno o en la tarde, acompañado de una taza de café.
Mario considera que Dios fue su guía para comenzar a elaborar macheteadas. “Antes era comerciante, pero tuve muchos problemas al dedicarme a esta actividad”, dice. Una de las razones que lo obligaron a desempeñarse en este nuevo rubro fue su edad, ya pasaba los 50 años y la única forma de sobrevivir era emprender una microempresa. “Sólo El Altísimo me da fuerzas para desempeñar con orgullo mi trabajo”, explica.
Fe y optimismo
Este emprendedor señala que su éxito más grande es ser honrado y tener las manos limpias porque aunque existen tentaciones en el ambiente, él siempre mantiene sus principios intactos. Su inspiración es ver la satisfacción de sus clientes al disfrutar este complemento típico; en el día vende más de 100 macheteadas. “Hay ocasiones que me falta tiempo porque trabajo solo”, señala. Con las ganancias obtenidas mantiene a su esposa e hijos menores.
Secreto
La exquisitez de las macheteadas es uno de sus mejores secretos, pues su forma de preparación es diferente a la tradicional. Mario no tiene miedo a los comentarios que puedan surgir por dedicarse a esta actividad. “Me siento seguro de lo que soy y considero que a las personas hay que brindarles oportunidades sin discriminarlos ni herir su dignidad”, manifiesta.
La dedicación y constancia con las cuales este cocinero elabora sus macheteadas le han servido para ganarse el respeto de sus compañeros del mercado. Él considera que aunque las dificultades económicas agobien a la mayoría de los microempresarios, éstos no tienen que dejar de soñar, tener visión y deseos de salir adelante. “Todos los seres somos capaces de desarrollar las actividades que nos propongamos”, menciona.
Adán García viene todas las semanas desde Santa Rosa de Copán a comercializar sus productos al Mercado de artesanías, ubicado en el mismo Guamilito, señala que desde hace varios años visita el puesto para comerse tres macheteadas y café negro. Mario sólo tiene un deseo, “ le pido a Dios que me dé vida para terminar de criar a mis pequeños y sentirme satisfecho por todo lo que he logrado”.
Lo dijo
“ No tengo el cuello blanco, pero sí tengo mis manos limpias”
Mario Durón Díaz
Cocinero de macheteadas