Equipos de la Dirección de la Policía de Investigación (DPI) buscaban ayer pistas para identificar a los atacantes de las cinco personas que perecieron en el ataque que perpetraron cuatro hombres encapuchados la noche del viernes en el barrio Suyapa.
Los videos que se recojan en la zona adyacente de la 7 calle, 14 avenida, suroeste, son clave para tener evidencias contundentes que lleven a la captura de los asesinos. “Estamos trabajando el caso, todo está en proceso y no podemos dar mayores detalles para no entorpecer las investigaciones”, reveló un agente de la DPI asignado a la investigación.
Los familiares de Josué Job Portillo Garay (24), quien laboraba en una tienda de un centro comercial, de su padre José Job Portillo Urrea (49), de José Alberto Hernández Membreño (26), Saúl Antonio Pineda Chávez (25) y de Carmen Yessenia Discua (25) llegaron a Medicina Forense para reclamar sus cuerpos.
Las víctimas de la masacre son veladas en diferentes puntos de San Pedro Sula y Santa Bárbara, adonde hoy serán sepultados.
Dolor
Los recuerdos afloran en los familiares y amigos de las cinco víctimas. Ellos habían llegado la noche de ese viernes al barrio Suyapa a auxiliar a su vecino José Portillo Garay que había tenido un choque. Ninguno dudó en ir al lugar del accidente. Saúl Antonio Pineda estaba descansando en su casa tras una jornada ardua de trabajo cuando recibió la llamada de su amigo.
“No dudó en apoyarlo, se fue al enterarse que José había tenido el accidente en su moto con un conductor de un taxi. Llegó al barrio Suyapa e incluso ayudó a subir la moto a un carro. En eso estaban cuando sujetos armados llegaron en una camioneta y les empezaron a disparar”, relató uno de los amigos de los occisos.
Saúl era un joven alegre, según sus conocidos; era el sostén de su madre y de una hermana menor y su rutina siempre era del trabajo a la casa. Quienes lo recuerdan aseguran que si algo lo caracterizó fue la solidaridad. “Era muy carismático y dinámico. Muy buena persona y servicial. Siempre estaba dispuesto a ayudar”, contó un compañero de trabajo que apesarado no asimilaba lo que pasó.
En los rostros de aquellos vecinos y hermanos de iglesia la impotencia privó, todos ellos eran cristianos, se congregaban en la iglesia Misionera y la Iglesia de Dios, en la colonia Gracias a Dios, adonde residían, al pie de El Merendón.
“Eran personas sanas, no estaban metidas en cosas que pudieran cauasarles esta forma de muerte. Dios los reciba en su seno y nos dé fuerzas para entender por qué partieron tan pronto”, dijo uno de los amigos.
Sin pistas
La Policía no maneja un motivo del crimen y tampoco se ha logrado detener a ningún sospechoso. Autoridades investigan si el objetivo de los malvivientes era uno de los muertos, del cual no se especificó su nombre.
La tragedia que hoy enluta a cinco familias ocurrió el viernes a eso de las 7:40 pm.
Testigos relataron que primero ocurrió un accidente entre una motocicleta y un taxi, cuando los conductores de ambos vehículos ya habían llegado a un acuerdo, otros motociclistas llegaron para apoyar a su amigo y familiar.
Fueron apenas segundos cuando se aparcó una camioneta blanca, marca Ford Explorer, de donde se bajaron cuatro sujetos encapuchados y con fusiles de uso prohibido los atacaron a balazos.