La fatalidad perseguía al niño Lincoln Samir Baca, quien fue hallado muerto en un potrero de la comunidad de Sierra Verde en el municipio de Choloma, el pasado 4 de marzo. Hace cinco años sobrevivió a una intoxicación en la que murieron dos de sus hermanitos, pero no se salvó de las manos criminales que pusieron fin a sus travesuras de niño hiperactivo.
Los pobladores están asombrados. No ven qué daño pudo hacer un niño de 10 años para que alguien se haya ensañado contra él, matándolo a golpes. “Era alegre, nos hacía reír y me ayudaba a jalar leña y botar la basura”, relató una vecina que se identificó como Reyna.
Su padre Santos Reyes Baca mejor guarda silencio y da gracias a Dios que al menos encontró su cuerpo después de estar tres días desaparecido. Dijo que la última vez que vio a su hijo fue el domingo por la noche, cuando estaba jugando con unos vecinos cerca de su casa.
De allí no vio adónde fue, según le dijo a la Policía. Al enterarse de su desaparición, los vecinos lo anduvieron buscando en los montes, en los solares y en la orilla de la quebrada.
Publicaron fotografías de él en Facebook e hicieron carteles para intentar dar con su paradero. Pero fue un compañero de escuela quien lo encontró por accidente cuando buscaba leña.
Estaba boca abajo en un estanque natural donde beben agua las vacas, dijo el pequeño a su maestro del centro básico Lempira.
Sintió miedo cuando lo reconoció y no le dijo a nadie pensando que lo podían culpar a él, pero ante las insistentes preguntas del profesor por saber del paradero de Lincoln, por fin soltó el secreto.
“No le vimos al niño ninguna perforación de bala, solo pudimos observar que estaba boca abajo y no estaba atado de manos ni pies. Estaba en avanzado estado de descomposición”, señaló un policía que después reconoció el cuerpo.
Allegados al pequeño recordaron que Lincoln Samir llegaba meses antes a la poza para darse un chapuzón, pero tenía varios días de no visitar esos predios.
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Brebaje
El pequeño Lincoln había sido protagonista de otra historia trágica unos cinco años atrás, cuando accidentalmente se intoxicó con tres de sus hermanitos, dos de los cuales fallecieron. Solamente se salvaron él y otro de los menores.
Los pequeños habían encontrado una bolsa con una especie de avena mientras vagaban por las calles de la aldea y al llegar a la casa decidieron hacer un fresco que los cuatro tomaron.
Los dos sobrevivientes fueron llevados graves al hospital Mario Rivas, de San Pedro Sula, donde lograron extraerles los residuos del mortal brebaje.
Don Santos se quedó viviendo solo con los dos niños y una niña que ahora está en sexto grado porque la madre abandonó el hogar después de aquella tragedia.
Desde entonces, la niña ha hecho el papel de madre, pues es quien vela por sus hermanitos, mientras el padre trabaja como guardia de una empresa térmica del sector.
A ese puesto de trabajo el pequeño solía llevarle el almuerzo en una bicicleta. El lunes 2 de marzo, el padre llamó a su amigo, el profesor Yanklin Lizardo, para informarle que el niño estaba desaparecido desde el día anterior, pero el educador no se imaginó que el caso tuviera implicaciones criminales.
Cuando llegó el martes y el niño no se presentó a clases, un presentimiento de muerte ensombreció la mente del profesor, el cual se cumplió el miércoles, cuando su alumno le confirmó el hallazgo.
Lincoln no era un alumno de excelencia académica, pero tenía otras cualidades; por ejemplo, era muy servicial y colaborador, siempre se ofrecía a barrer el aula, dijo su maestro.
La escuela donde el chico estudiaba durante la jornada vespertina cobró notoriedad en febrero anterior, cuando un padre de familia que fue a dejar a su hija murió luego de que un hombre que lo buscaba desde hacía un año le infiriera un balazo.
El infortunado cayó sin vida en la cancha, frente a la mirada atónita y los gritos despavoridos de los escolares, quienes salieron corriendo luego de escuchar los disparos.
Fue mala suerte que el hecho sucediera en la escuela; podría haber sucedido en otro lugar porque la delincuencia ahora está por todos lados, reaccionó el profesor Lizardo ante los comentarios negativos que a raíz del incidente se han hecho en contra el centro educativo.
Algo parecido sucedió con el pequeño Lincoln, quien fue víctima inocente de la delincuencia sin merecerlo porque al menos en la escuela tenía un buen comportamiento, aunque le gustaba molestar y hacerles bromas a sus compañeros, expresó el mentor.
Si no hubiera sido un buen chico, no lo hubieran llorado sus compañeros cuando se enteraron de su muerte.
Nadie ha querido ocupar su pupitre. A veces hasta al profesor se le olvida que el niño ya no forma parte del tercer grado y pregunta quién falta cuando nota que sus 38 alumnos no están completos.
El pequeño fue sepultado en una lejana comunidad del sur de donde es su padre. Desde allá llamó al profesor para informarle de que ya había sepultado al niño en el ataúd que la escuela consiguió en la Municipalidad de Choloma.
El maestro calificó al guardia como un padre responsable. Lloró cuando reconoció a su hijo en medio de aquella laguna, pero le dijo a la Policía que no buscaba culpables, que la justicia se la deja a Dios porque teme por los hijos que le quedan.
Aún está vacío el pupitre en el que se sentaba Lincoln Samir.
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