26/04/2026
12:00 AM

Cierran por tres días paso por el estadio Nacional

  • Actualizado: 21 septiembre 2010 /

Al menos tres días estará cerrado el paso por la mayoría de las salidas que conectan al estadio Nacional con el centro de Tegucigalpa, el bulevar Morazán y el puente a desnivel hacia Comayagüela.

Al menos tres días estará cerrado el paso por la mayoría de las salidas que conectan al estadio Nacional con el centro de Tegucigalpa, el bulevar Morazán y el puente a desnivel hacia Comayagüela.

El tráfico se ha convertido 'en un infierno' al ser un sitio estratégico que conecta los cuatro puntos de la capital. Esta mañana sólo se había habilitado una vía en la parte de atrás de coloso, después que un muro del estadio cediera y cayera sobre vehículos aparcados en la zona, matando a una persona y dejando a seis heridas el mediodía del lunes.

Tragedia

Treinta minutos de intensa lluvia llenaron de dolor a una madre, a una esposa y seis hijos. Además de provocar pánico y desesperación en seis familias más.

La madre naturaleza le pasó factura de nuevo a los capitalinos.

Y es que la tormenta eléctrica que acompañada de un fuerte vendaval y granizo azotó la capital pasadas la 1:20 de la tarde provocó el colapso de una parte del muro perimetral superior del estadio nacional Tiburcio Carías Andino.

La estructura ubicada en sol-este del complejo deportivo no soportó el embate de la naturaleza y terminó viniéndose abajo, soterrando cuatros taxis y un vehículo particular.

En el percance pereció Víctor Manuel Sosa, conductor de una de las unidades, y seis pasajeros resultaron gravemente heridos, quienes fueron trasladados de emergencia al hospital Escuela.

Hasta el cierre de esta edición las personas lesionadas estaban siendo atendidas en la sala de urgencias, mientras esperaban que la procesadora de rayos X fuera reparada, ya que sufrió un desperfecto.

Infernal vendaval

La inclemencia del tiempo fue implacable. Los vientos que soplaron estuvieron fuera de orden y derribaron varios rótulos de publicidad que estaban sobre la localidad del tendido popular.

Unos 30 metros de longitud del muro cayeron y dos enormes rótulos aplastaron los vehículos, dejando el lamentable saldo.

El muro cedió por los fuertes vientos y como los rótulos se encuentran anclados a las bases del estadio, también se vinieron abajo, aclararon las autoridades de la Comisión Nacional Pro Instalaciones Deportivas, Conapid. “Ni siquiera el huracán Mitch hizo tambalear estos rótulos ni el estadio y ayer desafortunadamente colapsaron y sucedió esta desgracia”, expresó Ludovico Vides, presidente de la comisión.

En la zona del barrio Morazán, donde se localiza el estadio Nacional, se vivió una vorágine luego de la caída del muro.

Los curiosos hicieron más difíciles las labores de rescate de las personas lesionadas y la remoción de los hierros retorcidos en que quedaron convertidos los automotores.

El incidente movió un fuerte dispositivo de seguridad a la zona cero, de al menos 1,500 elementos entre agentes de la Policía Nacional, el Ejército y la Dirección Nacional de Tránsito.

Los miembros de la estación central del Cuerpo de Bomberos, por encontrarse a escasos metros del estadio Nacional, fueron los primeros en atender la emergencia.

A partir de ayer, las instalaciones deportivas quedaron cerradas para cualquier evento deportivo, al menos por el mes que ordena el protocolo.

La tarde de ayer, unas cuatro horas después del percance, se procedió a derribar la otra parte del muro que quedó prácticamente en el aire, a fin de evitar un incidente similar.

Pánico colectivo

El informe preliminar del colapso de las graderías del estadio causó pánico colectivo entre los capitalinos.

Las noticias hablaban de una tragedia sin precedentes, pero luego se corroboró que sólo se cayó parte del muro perimetral, que se encuentra a unos 75 metros de altura.

A la zona llegaron varias autoridades del gobierno central y local, entre ellos el titular de Soptravi, Miguel Pastor; el gerente de la ENEE, Roberto Martínez, y el alcalde Ricardo Álvarez.

Gritos de desesperación

Entre los escombros se escuchaban los gritos de desesperación.

Los curiosos iban y venían, corrían de un lado a otro, muchos llevaban sus manos al rostro y la cabeza, pocos sabían qué hacer.

Volteaban a ver al cielo, en dirección a la cima de las graderías de sol este, pero de pronto la curiosidad era perturbada por los gritos de desesperación de dos mujeres y un taxista que, literalmente, ayer volvieron a nacer.

Por milagro de Dios estas tres personas no murieron aplastadas por las toneladas de bloque, cemento y hasta vigas que le cayeron al taxi 2243.

Pedro Alexis Cruz, de 35 años, quien vestía una camiseta gris oscuro, tenis blancos marca Nike y jean azul pedía auxilio.

Era el único visible. Adentro de la unidad, aplastada por completo, estaban sus dos pasajeras.

El taxi es un viejo Toyota placa AAJ 2797. Ese fiel carro que le dio el pan de cada día, ayer casi fue testigo de su muerte.

Finalmente, los llamados de angustia y desesperación fueron escuchados. Miembros del Cuerpo de Bomberos, que tiene su comandancia a escasos metros, no demoraron en llegar. Comenzaron a remover los escombros y una sonrisa, en medio de la tristeza, se dibujó en el rostro de Bardales, miembro del Cuerpo de Bomberos. Todos los ocupantes de la unidad estaban con vida.

A medida removieron los escombros y cortaron el hierro retorcido en que quedó convertido el 2243, el milagro se hizo realidad.

La primera en salir fue la pasajera que iba de copiloto. Su nombre no se precisó en la escena.

De ella sólo podía verse su mano derecha que se movía pidiendo auxilio. Su brazo izquierdo estaba recostado en la humanidad de Pedro Alexis Cruz, el conductor.

Salió caminando. El bombero Bardales casi no lo podía creer.

Después salió la pasajera que se conducía en el asiento trasero. Su nombre es Karina Velásquez Martínez.

Víctor Manuel, el “Mongol Sosa”, no llegó a la cita con su hermano

La muerte lo sorprendió, paradójicamente, frente al lugar donde más amaba estar: en las canchas de fútbol.

La tormenta de ayer truncó sus sueños de seguir siendo el portero de la liga de veteranos de su amado Motagua.

Víctor Manuel Sosa, conocido en el mundo futbolístico como el “Mongol Sosa”, fue la víctima mortal identificada bajo los escombros del muro del estadio Nacional que cedió a eso de la 1:30 de la tarde debido a los fuertes vientos. A sus 59 años, el “Mongol Sosa”, hijo de la leyenda del fútbol hondureño Armando el “Majoncho Sosa”, todavía se mantenía activo en la liga Papi fútbol.

Era un día normal de trabajo en su larga experiencia de más de 30 años como conductor del taxi. Salió a las 5:00 de la mañana de su casa en la colonia Cruz Roja, ubicada en el valle de Amarateca, como acostumbraba hacerlo de lunes a domingo. No tenía una ruta definida y se dedicaba a hacer carreras directas a todos los sectores de la capital en el taxi 3812, con placa AAE 5260, recuerda su hijo Víctor David Sosa, de 25 años.

“Uno no quiere que pasen estas cosas, pero Dios lo ha llamado. Unos minutos antes había platicado con él por teléfono para saber cómo estaba. Es muy duro saber que se nos fue”, dijo entre lágrimas.

Sosa se había quedado de ver a las 3:00 de la tarde con su hermano Geovani Cruz Sosa en el punto de la Hedman & Alas, pero la caída del muro una hora y media antes le impidió llegar a la cita.