20/05/2024
01:13 PM

Helen Umaña: “las mujeres podemos superarnos en cualquier profesión”

La ensayista, crítica literaria y poeta, Helen Umaña, destaca por sus numerosos estudios sobre la literatura hondureña; en esta entrevista aborda aspectos sobre el rol e influencias de la mujer en la literatura, además del provechoso futuro que depara a las mujeres escritoras que se eduquen en el arte

REDACCIÓN. En el marco del Día de la Mujer Hondureña, que se conmemora el 25 de enero de cada año, exaltamos la figura de una de las escritoras sobresalientes de la literatura hondureña. Helen Elizabeth Umaña Portillo, más conocida solo como Helen Umaña, una ferviente escritora, crítica literaria, ensayista y poeta. A través de los años se ha colocado como una referente de la crítica literaria en nuestro país.

Su aporte a la cultura literaria permanecerá por los siglos, ya que la exhaustiva investigación que ha ejercido en los escritos de autores hondureños han dado fuerza y realce a los mensajes principales de los mismos.

Algunas de sus obras son: “Literatura Hondureña Contemporánea” (1986), “ Ensayos sobre literatura hondureña” (1992), “Panorama crítico del cuento hondureño” (1999); “La Pastorela del Diablo y otros escritos sobre el padre José Trinidad Reyes” (2006); “Literatura y Tradición Oral de los Pueblos Originarios y Afrohondureños” (2018), entre otros.

En esta entrevista para Diario La Prensa, Helen Umaña resalta los sentimientos que despierta la literatura en su ser, adentrándose posteriormente en la figura femenina en la literatura nacional a través de los años, el rol histórico y futurista de la mujer en la literatura, así como su percepción acerca de los personajes que asentaron las bases del arte del fenómeno literario; temas como el feminismo y opresión en los autores hondureños hasta recomendaciones de políticas públicas, sociales y morales que ayuden a aliviar la brecha de género en nuestra patria.

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1. ¿Qué sentimiento despierta la literatura y documentación histórica en Helen Umaña?

Cuando tenía seis años, una tarde, tomé mi libro de lectura; lo abrí al azar y encontré una página que tenía unos árboles dibujados. Entonces empecé a leer el texto y descubrí que comprendía lo que allí estaba escrito. Sentí una alegría indescriptible, como si hubiese tenido una especie de epifanía. Corrí al lugar donde mi padre descansaba y jubilosa le dije: «¡ papá, ya sé leer». Desde entonces no ha disminuido ni un ápice mi urgencia de leer. Si el libro está bien escrito y sus ideas coinciden o aclaran algún aspecto de mi manera de pensar y sentir, me entusiasma inmediatamente. Trato de captar y hacer mía la información que ofrece. Reafirmo ideas que ya tenía o me siento enriquecida con los nuevos conocimientos que me deja. También siento la necesidad de comunicarles a mis hijos o a parientes cercanos mi entusiasmo por esa obra. Las comento, recomiendo y, si les interesa, lo compartimos.

2. ¿Es más difícil para una mujer figurar en el mundo de la literatura y documentación histórica en Honduras? ¿Por qué?

Quizás en los años que vivió Lucila Gamero era más difícil por el tipo de educación que existía; pero, actualmente, creo que, aunque todavía hay remanentes discriminatorias, las infranqueables barreras se rompieron y las mujeres podemos superarnos en cualquier profesión. Lo que se necesita es estudio, preparación y profesionalismo. Todavía hay resabios de discriminación si se investigan las antologías literarias. Con frecuencia solo se piensa en los escritores y se deja de lado a excelentes escritoras.

3. ¿En algún momento de su vida tuvo una experiencia relacionada con los estereotipos?

Nunca sentí que me marginaban por ser mujer. Esa es una experiencia que nunca tuve.

4. En su caso y en su contexto, ¿cómo define su proceso de interacción con la escritura y la investigación a través de los años?

Cuando empecé a escribir sentía que, al terminar mi escrito, yo había enriquecido mi conciencia. Percibía que cada libro leído o comentado me daba mayor conciencia de quién era yo. Con el paso del tiempo, hubo una satisfacción personal por haber ayudado a otros con mis comentarios para que pudiesen disfrutar mejor de un libro. Igual me sucedió cuando daba clases de literatura. Con plena convicción procuraba transmitir a mis alumnos el sentimiento de admiración que yo sentía. Leerles, por ejemplo, un pasaje del Popol Vuh y llevarlos a comprender la belleza del libro y la cultura que lo produjo, me llenaba de satisfacción. Esa actitud nunca la he perdido. Pienso que la voluntad de ser maestra ha sido la justificación de mi propia vida. Ser maestra, estar frente a jóvenes y advertir que responden en forma positiva ha sido lo más hermoso que me ha ocurrido. Profesión que no cambiaría por ninguna otra.

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5. ¿Cómo influye la mujer en la literatura y cuál ha sido el rol histórico que ha tenido en la misma?

Desde que la mujer decidió aprovecharse del conocimiento y compartirlo, principió una guerra que, inclusive, ha sido cruel. Casos dolorosos como la terrible muerte que sufrió Hipatia de Alejandría o la quema de los poemas de Safo de Lesbos por orden de un papa, o el caso de Sor Juana Inés de la Cruz obligándola a que dejase de escribir cuando le decomisaron o quemaron todos sus libros.

Clementina, en nuestro país, soportó la marginación de que fue objeto en los hogares “decentes” del país es un ejemplo. Estos son algunos casos notable, pero hay muchos más. Lo importante es que, con el paso del tiempo, sus trabajos han sido tomados en cuenta y están en la base del desarrollo literario de cualquier país.

6. ¿Quiénes han sentado las bases del feminismo en la literatura hondureña?

Creo que es muy arriesgado citar nombres. Prefiero pensar en cadenas: una sostiene o enlaza con la otra. Cada nombre aporta ideas y formas y se va forjando la famosa espiral de la cual se habla en sociología. Cada autor o autora que escribe bien, coloca ladrillos que los otros transitan y, a la vez, agregan otro. Lo importante es el proceso. Conocer lo que otros han hecho para ver qué puedo agregar yo. Eso es lo que va quedando para las generaciones sucesivas.

7. Temas como el feminismo, la identidad, la opresión y la lucha, ¿deberían ser abordados con mayor empeño por lo autores?

Quitémosle el “deberían”. Que cada quien escriba de lo que está en su corazón. Nadie puede imponer temas ni formas. Si está bien escrito, necesariamente, aportará elementos valiosos.

8. ¿Hacia dónde cree que se dirige el papel femenino en la literatura actual?

Si cada vez hay mayor formación y mayores oportunidades de estudiar y dedicarse a la escritura, el futuro tendrá que ser mejor de lo que es hoy y esto vale para hombres y mujeres. Lo grave es la improvisación y creer que porque hablamos la misma lengua, escribir es tan fácil como hablar. Entonces surgen textos carentes de peso, situación que inmediatamente se advierte. Libros que necesariamente irán al reino del olvido. La literatura no camina por los derroteros de la mediocridad. Hablar una lengua no significa que, con ella, puedo hacer poemas o novelas. Ambos géneros tienen sus códigos y requerimientos. Se ignora que toda lengua, básicamente, puede ser manejada como instrumento de comunicación (para darnos a entender) o instrumento de expresión.

Helen Umaña

9. ¿Qué artistas emergentes considera que están dando pasos importantes en nuestra literatura?

Una pregunta difícil de contestar. Lo que sí es cierto es que hay, en este momento, un buen número de jóvenes, hombres y mujeres que ya dieron muestras concretas de su capacidad y, si siguen preparándose y escribiendo, dejarán páginas inolvidables en nuestra literatura. De eso no me cabe ni la menor duda.

10. Políticas públicas que recomienda implementar para lograr una reducción de la brecha del género.

Mientras en el país no exista consciencia moral en los diversos estratos sociales, seguirá la pobreza general. Si faltan escuelas, bibliotecas, buenos maestros; si los políticos solo piensan en incrementar su patrimonio, etc., seguiremos cojeando en todo sentido. Falta una revolución de las conciencias para que se entienda que la responsabilidad social incumbe a todos. Mientras prime la corrupción, que alcanza todos los ámbitos, los buenos deseos serán solo eso: deseos de quienes sueñan y aportan su trabajo y su caudal de conocimientos para labrar un país distinto. Tarea de la que nadie se exime.

11. En seguimiento a este tema, pero con referencia a la familia, núcleo de la sociedad justa e igualitaria, ¿qué consejo daría a los padres que buscan enseñar sobre igualdad de género y pasar estos valores a sus hijos, especialmente durante este tiempo de cambios en la sociedad?

Que prediquen con el ejemplo. La lectura no está vedada para nadie. Si sus hijos no los ven leyendo, cómo van a hacer de ellos buenos lectores. Si dicen chistes obscenos o que entrañen un desprecio para el otro, cómo puede exigírseles respeto para toda persona, sin importar su dinero, su identidad de género, etc. No se le puede decir que no encienda el celular durante las comidas, si usted lo tiene a su lado.

Umaña no tiene autor favorito, “mentiría si trajese a colación cualquier nombre”, expresó. Lo que si destaca fue un momento importante en su vida, en el cual hizo “la mejor inversión”, manifiesta que compró la “Historia universal de la literatura”, en trece tomos, del autor Prampolini. “Allí encontré el fragmento de un poema de Safo y, pese a ser tan lejana en el tiempo, tocó mi corazón. Me dio la medida de lo que es el amor y la pasión”, concluyó.

Más sobre Helen Umaña

Oriunda de Ocotepeque, aunque a la edad de dos años sus padres huyen exiliados por motivos políticos a Guatemala, ahí pasa su juventud y se gradúa de licenciada en Lengua y Literatura española en la Universidad de San Carlos de Guatemala, donde fue docente. Ya en 1981, a la edad de 39 años, Umaña regresa a Honduras, para luego trabajar como catedrática en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras en el Valle de Sula.

Como crítica literaria ha participado en numerosos congresos y seminarios y ha sido galardonada, entre otros, con el Premio Nacional de Literatura Ramón Rosa (1989), otorgado por el Gobierno, y con el Premio José Trinidad Reyes (1998), otorgado por la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Además del Premio de Estudios Históricos “Rey Juan Carlos I”, entregado por la embajada de España en Tegucigalpa (1998).