15/06/2024
12:39 AM

Escritores Hondureños: un legado inspirador

Explore el mundo literario de Honduras con los talentosos escritores hondureños. Conozca sus historias, inspiraciones y obras. ¡Sumérjase en la literatura!

REDACCIÓN. La literatura en Honduras es abundante y diversa, abarcando diferentes épocas, temáticas e inspiraciones. A la mayoría de personas, los primeros autores que se les viene a la mente son clásicos como Ramón Amaya Amador, Froylán Turcios y Lucila Gamero de Medina, de repente, porque son los utilizados de siempre como referencia en las instituciones educativas.

Los inicios se dan durante el siglo XIX, aquí, la literatura nacional comienza a moldearse con la incursión de José Trinidad Reyes, un reconocido escritor y diácono. En esta época, las temáticas más utilizadas eran las referentes a las luchas sociales y políticas del continente.

El escritor e historiador con estudios de Antropología Cultural, Rubén Darío Paz, afirma que con todo y que Honduras ha pasado por largas etapas de inestabilidad política, guerras fratricidas, dictaduras, actos de corrupción bochornosos y hasta tragedias naturales que han marcado el rumbo del país, siempre hemos tenido hombres y mujeres que se han distinguido por su talento, dentro y fuera de nuestras fronteras, de quienes resumiremos sus vidas y carreras a continuación.

Vidas y carreras de escritores destacados de Honduras

Froylán Turcios

Escritores Hondureños: un legado inspirador

A principios del siglo XX, resalta la figura del poeta modernista. Además de gestor cultural, diplomático, patriota, periodista e intelectual consumado. Vivió varias décadas donde las revueltas armadas, eran la normativa. Amigo- hermano de Juan Ramón Molina, incluso gracias al entusiasmo de Turcios conocemos ahora tierras, mares y cielos. Conoció y fue amigo de Rubén Darío, incluso existen varios referentes epistolares entre ellos.

Dirigió el Diario El Tiempo de Tegucigalpa y fundó las revistas El Pensamiento (1894), Revista nueva (1902), Arte y Letras (1903) y Esfinge (1905), entre otras. En Guatemala editó los periódicos El Tiempo (1904) y El Domingo (1908), y en Honduras El Heraldo (1909), El Nuevo Tiempo (1911) y El Boletín de la Defensa Nacional (1924).

Según el historiador Rubén Darío Paz, el histórico Froylán Turcios tiene cuentos notables, tantos que algunos incluso, podrían llevarse al cine. En el género novelístico debutó con Almas trágicas en 1900 y El vampiro en 1910, cuyo tema gira alrededor de la muerte; de estilo modernista. De sus poemas destacan “Los alcaravanes” y “Belkis”; entre sus volúmenes de poesía y cuentos se hallan, entre otros, Mariposas (1895) y Renglones (1899) Le siguieron Hojas de otoño (1905), Prosas nuevas (1914), Floresta sonora (1915), Cuentos del amor y de la muerte (1930), Páginas de ayer (1932) y Cuentos completos (1995). A la fecha el conocedor con mayor profundidad de la obra de Froylán Turcios, sigue siendo el poeta José Antonio Funes, tanto que su tesis doctoral en Salamanca, versa sobre dicho personaje.

Rafael Heliodoro Valle

Escritores Hondureños: un legado inspirador

El máximo representante de las letras hondureñas, más reconocido como pionero. Realizó una serie de estudios bibliográficos que ahora resultan fuente obligada para interpretar al menos los últimos veinte años del siglo pasado y la primera mitad del siglo XX. En Rafael Heliodoro, destacan además de sus valiosos estudios históricos, su pasión y calidad de poeta. Valle fue más allá del istmo centroamericano, por cierto, a quien le dedicó varios libros.

Su agitada labor periodística vio la luz en influyentes rotativos de América Latina. Incluso, otros intelectuales del continente americano lo designan como uno de los polígrafos de mayor incidencia. Gran parte de su vida trascendió en México, donde se le admiro con creces.

Las obras más relevantes: El espejo historial, Bibliografía de Manuel Ignacio Altamirano. Tierras de Pan Llevar, Bibliografía maya, Unísono amor, Contigo, Visión del Perú., Oradores americanos, Santiago en América. Tres pensadores de América, Semblanza de Honduras. Cristóbal de Olid, Bibliografía cervantina en la América española, México en el mundo de hoy, Bibliografía de Rafael de Landívar, Exposición a la opinión pública de América, Flor de Mesoamérica, Historia de las ideas contemporáneas en Centro-América y La rosa intemporal, entre otros.

Clementina Suárez

Escritores Hondureños: un legado inspirador

Nació en Juticalpa en 1902. al igual que otros intelectuales olanchanos sobresalientes, que llenaron de gloria las letras hondureñas. Clementina descendía de una familia ligeramente acomodada, pero ella rompió los esquemas tradicionales de una sociedad exclusivamente liderada por hombres.

A los 21 años llegó a Tegucigalpa, para forjarse un camino y nombre en una compleja sociedad. Su mundo fue la poesía y sus libros publicados, fueron producto de sus propios esfuerzos. Sabemos que la Poeta, viajó por diferentes países, con el propósito de ampliar su formación cultural por sus propios medios.

Fue en él México de ese entonces, donde logró conocer a otros intelectuales, con ellos forjó amistad, sobre todo con artistas plásticos, algunos incluso le realizaron memorables retratos. A la fecha La Fundación Clementina Suarez, que funciona a iniciativas del Club Rotario de Tegucigalpa, conserva una serie de esos retratos, otros se perdieron con las inundaciones provocadas por la tragedia del Huracán Mitch.

Algunos intelectuales, apuntan que la poesía de Clementina inicialmente se enmarcó “por el romanticismo y los sentimientos, pero sus viajes la involucraron con el compromiso social, por lo que comenzó a plasmar las luchas democráticas en sus escritos. Además, sus creaciones retrataban a la mujer más allá de la vida privada o doméstica, que era lo usual, al abarcar la expresividad del cuerpo”.

¹Es Clementina la que tiene el honor de publicar el primer libro de poesía en Honduras titulado Corazón Sangrante. El poeta Roberto Sosa, amigo cercano de Clementina, en una carta pública expresó “Después de una prolongada presión oral y escrita de varios intelectuales hondureños en el sentido de conferirle a la poeta Clementina Suárez el premio Nacional de Literatura correspondiente a 1970, el Estado decidió otorgar el máximo galardón literario de la nación a la autora de Creciendo con la Yerba. (...) Diversas asociaciones culturales han hecho diversos homenajes a la poeta, que interpretan el Premio Nacional de Literatura como un triunfo de la mujer hondureña”.

²Su obra trascendió en el mundo cultural, dirigió Revistas y Galerías de Arte, su casa en Tegucigalpa era un lugar frecuentados por artistas nacionales y extranjeros. Fue una viajera incansable, mujer libre, sin atuendos, desafiante siempre. Vivió en México, El Salvador, Cuba y Costa Rica donde público su obra.

De mis sábados el último, Templos de fuego, Engranajes, Veleros, De la desilusión a la esperanza, Creciendo con la hierba, Canto a la encontrada patria y su héroe. Falleció de manera trágica, en su residencia de Tegucigalpa en 1991, en un crimen nunca esclarecido. Su obra ha sido difundida internacionalmente, incluso se han realizado estudios con mucha profundidad. “Mientras me desempeñé como Director de la Editorial Universitaria, logramos junto a otros profesionales, antologar la obra de Clementina”, expresa Rubén D. Paz.

¹Blog Mujeres Bacanas- Sitio en Red. ²Crónicas del Bicentenario, de Rubén Darío Paz. Editorial-UPNFM. Tegucigalpa, Honduras, 2022.

Ramón Amaya Amador

Escritores Hondureños: un legado inspirador

Nació en Olanchito, Yoro, en 1916. Es uno de los más acreditados literatos de nuestro país. Sus libros, principalmente “Prisión Verde”, “Amanecer”, “Los Brujos de Ilamatepeque”, “Constructores”, y “Destacamento Rojo”, resultaron atractivos por la sencillez de su lenguaje, temáticas sociales, escritos para un público masivo.

Sorprende en Amaya Amador la vocación y disciplina para escribir, actividad que complemento con la difusión de ideas progresistas en diferentes escenarios en los que acudió, sus años formativos, vinculantes a las actividades bananeras propias del litoral caribe, le permitieron asumir una conciencia de clase, y esa fue constante en el devenir de su vida. Llevó una vida de viajes, en Guatemala, México, Argentina y falleció en un accidente aéreo en Bratislava, Checoslovaquia.

Juan Ramón Martínez, nos ilustra “Ramón Amaya Amador fue hijo de una madre soltera, Isabel Amaya, hija de Felipa Amaya, de oficio panadera y del sacerdote Guillermo R. Amador, originario de Comayagua. En 1907, el padre Amador fue trasladado de la parroquia de San Marcos de Colón a Olanchito. Llegó a su nuevo destino acompañado de su mujer, Gregoria Chavarría Zavala -originaria de El Rosario, Comayagua-, tres hijas (Aurora, Francisco e Isolina), Caya, una sobrina de su mujer y un acompañante que regreso a San Marcos con las bestias en que había trasportado sus necesarias pertenencias. La sociedad de Olanchito, de entonces, recibió muy bien al padre Guillermo R. Amador, quien era atento, conversador y muy dispuesto al ejercicio de los sacramentos”.

Ramón Amaya Amador es de los escritores, más prolijos que han existido en el país, entre sus obras destacan. Prisión Verde (1945), Amanecer (1947). El indio Sánchez (1948), Bajo el signo de la Paz (1952), Constructores (1958), El señor de la sierra (1957) Los brujos de Ilamatepeque (1958) Biografía de un machete (1959) Destacamento Rojo (1960) El camino de mayo (1963), Cipotes (1963), Con la misma herradura (1963), Jacinta Peralta (1964), Operación gorila (1965), Los rebeldes de la villa de San Miguel (1966). La novela Los Brujos de Ilamatepeque, fue llevada al cine.

Roberto Castillo Iraheta

Escritores Hondureños: un legado inspirador

Narrador, filósofo y ensayista. Por falta de servicios hospitalarios en la frontera sur del departamento de Lempira, le tocó nacer en San Salvador. Parte de su juventud la pasó en el pueblo de sus padres, Erandique. Esa estancia y vínculos constantes con el mencionado pueblo, le permitieron nutrir su obra de personajes, anécdotas y hasta apodos aún memorables.

Después de una estancia juvenil en San Pedro Sula, Cortés, realizó estudios de Filosofía en la Universidad de Costa Rica. En 1984 ganó el Premio Latinoamericano de Cuento Plural, de México, con el cuento “La Laguna”. En 1986 obtuvo el segundo lugar para cuentos inéditos, en el concurso auspiciado por el Ateneo Cultural de Buenos Aires, Argentina. En 2002, con el ensayo El siglo que se fue, ganó el Premio Centenario de José Carlos Lisboa, Academia Mineira de Letras, Brasil. El Estado de Honduras le otorgó en 1992 el Premio Nacional de Literatura “Ramón Rosa”.

Ejerció la docencia e investigación por más de 20 años en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Editor de una serie de Revistas entre ellas Alcaraván, Imaginaria, Astrolabio, la Revista del Instituto Rafael Heliodoro Valle. Vinculado de por vida con la Editorial Guaymuras, de tanta trascendencia en Honduras.

Castillo Iraheta, fue un gran promotor de la cultura, en una etapa donde los órganos represivos del Estado hondureño, estaban empecinados en perseguir y desaparecer a inquietos intelectuales, que exigían cambios sociales y mayores espacios de participación ciudadana.

A la fecha la novela, El corneta (1981), sigue siendo uno de los libros más conocidos de la literatura hondureña, por tratarse de una narración de fácil comprensión, tanto que pronto se convirtió en un libro de texto en colegios y universidades del país.

El mismo Roberto, sostenía que El corneta era “Por un lado, es una especie de viaje simbólico por Honduras: se recorre, en una rápida visión, una serie de elementos que son muy de Honduras. Por otro lado, su lenguaje es bastante directo; es también muy representativo del habla hondureña sin que por eso sea un lenguaje provincialista”.

La obra de Roberto Castillo se extiende en diferentes géneros, en cuento destacan Subida al cielo y otros cuentos (1980 Figuras de agradable demencia (1985); Novela Traficante de ángeles (1997). La guerra mortal de los sentidos (2002). Ensayo: Filosofía y pensamiento hondureño (1992); El siglo que se fue (2004). Algunos de sus cuentos como Anita la cazadora de insectos, fue llevada al cine con mucho éxito, por el cineasta hondureño Hispano Durón.

“La obra de Roberto Castillo es exepcional, como lo fue su docencia universitaria y su calidad humana. Le traté de cerca, mientras fui su alumno en Filosofía de la Historia, posteriormente fuimos amigos. Siempre me impresiono su capacidad discursiva en el aula, el cuidado de su apariencia y del lenguaje, y sobre todo su pasión por enseñar. Podemos asegurar que La guerra mortal de los sentidos, de R. Castillo, es una de las cinco novelas mejor logradas de la literatura hondureña”, expresa en su relato para Diario La Prensa, Rubén Darío Paz.

Gustavo Campos

Escritores Hondureños: un legado inspirador

(San Pedro Sula, 1984 - 13 enero, 2021) fue poeta, narrador, ensayista y crítico literario. Sus trabajos han sido publicados en diarios y revistas de Honduras y en prestigiosas revistas internacionales como Carátula, revista cultural centroamericana (Nicaragua); Caravelle (Université de Toulouse, Francia); Círculo de Poesía (México); La Galla Ciencia (España); Panorama de las Américas, revista de Copa Airlines (Panamá); Narrativas, revista de narrativa contemporánea en castellano (España); Ágrafos, revista de cultura arte y política (EE. UU.); Revista de la Academia Hondureña de la Lengua, entre otras.

En 2010 formó parte del proyecto 1975. Antología-catálogo del futuro de la literatura en español. 50 autores representativos de la producción literaria joven de América Latina y España, dirigido por el escritor y crítico literario Jorge Carrión, que comprende nombres importantes de la literatura contemporánea como Elvira Navarro, Elena Medel, Lucía Puenzo, Santiago Rocangliolo, Rodrigo Hasbun, Alejandro Zambra, Andrés Neuman, entre otros.

En 2017 fue incluido en el Proyecto Arraigo/Desarraigo, los 23 escritores más representativos desde Canadá hasta Argentina nacidos en la década de los ochenta, entre los que destacan Marcela Ribadeneira, Liliana Colanzi, Ulises Juárez Polanco, Carlos Fonseca, Carol Rodrigues y Camila Fabbri, Jennifer Thorndike y Jean-Baptiste Marckenson.

Ha publicado, entre otros, los siguientes libros: Habitaciones sordas (Guatemala, 2005); Desde el hospicio (San Pedro Sula, 2008); Bajo el árbol de Madeleine (edición digital, 2010); Los inacabados (San Pedro Sula, 2010); Katastrophé (San Pedro Sula, 2012); Entre el parnaso y la maison. Muestra de la nueva narrativa sampedrana (San Pedro Sula, 2011); Cuarta dimensión de la tarde. Antología de poetas hondureños y cubanos (coedición, San Pedro Sula, 2011); Tríptico del iris de narciso (San Pedro Sula, 2014); Retrato de quien espera un pájaro. Antología poética personal (Honduras, 2019) y El libro perdido de Eduardo Ilussio Hocquetot (Editorial Nana Vizcacha, España, 2019).

En una entrevista que le hicieron hace algunos años dijo: “escribo para mí, o para personas que se parecen a mí. Escribir para un determinado grupo de personas equivale casi a la mercadotecnia y eso no va conmigo”. Para él, la realidad del escritor hondureño estaba marcada por la supervivencia y sacrificios. Y manifestó que las dificultades en la literatura hondureña se daban porque “no hay un plan de fomento de la lectura”.

Giovanni Rodríguez

Escritores Hondureños: un legado inspirador

Nacido en 1980, en San Luis, Santa Bárbara. Escritor y profesor de literatura hondureña, centroamericana y latinoamericana. Actualmente imparte clases en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras en el Valle de Sula (UNAH-VS).

En 2005, irrumpe en la literatura hondureña con su primera publicación literaria denominada “Morir todavía”. Tras esta experiencia, el originario de Santa Bárbara, radicado en San Pedro Sula, publicó seis libros más “Las horas bajas”, “Ficción hereje para lectores castos”, “Café & literatura”, “Melancolía inútil” y “La caída del mundo”) previo a la novela que le trajo más popularidad entre los lectores: “Los días y los muertos”, ganadora en 2015 del Premio Centroamericano y del Caribe de Novela Roberto Castillo, hasta la más reciente “Anchuria”, en 2022.

En 2009 fundó la editorial Mimalapalabra, hasta 2016 publicó bajo ese sello 14 libros. Tras una pausa de cuatro años, en 2020 retoma nuevamente la editorial, y hasta la fecha ha publicado más de 30 nuevos libros, entre cuento, ensayo y novela.

Rodríguez también es el creador de la Feria Internacional del Libro de San Pedro Sula, una novedad que viene a revolucionar las actividades culturales en la zona norte del país, con invitados internacionales que son reconocidos en la literatura del continente americano.

Es un empedernido en la búsqueda de una novela que no sea plana, que busque siempre sus posibles limitaciones. “Podré fracasar en el intento de escribir grandes novelas, pero no voy a quedarme en la cómoda orilla viendo lo que pudo haberse hecho y no se hizo. Que otros se dediquen a cultivar el ego desde la ignorancia, desde la ingenuidad, desde el reino del tuerto en el país de los ciegos, que yo me dedicaré a cultivar mis obsesiones desde las lecturas, desde el trabajo y desde mi compromiso con la literatura”, expresó en una reciente entrevista para Diario El Heraldo.

Ha ganado el Premio Hispanoamericano Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango, Guatemala (2005), el 1er lugar del Certamen de Poesía La Voz + Joven en Madrid, España (2008), el Premio del I Certamen Hispanoamericano de Cuento en La Ceiba, Honduras (2014) y el Premio Centroamericano y del Caribe de Novela “Roberto Castillo” (2015).

El impacto y legado de los escritores hondureños en la cultura literaria

Es fundamental reconocer que la historia de la literatura hondureña, siempre ha tenido representantes reveladores, en los diversos géneros literarios existen exponentes que entusiasman y que desde sus letras afianzaron el sentido de nacionalidad e interpretaron momentos históricos, otros, fueron testigo desde su tiempo.

El género que más se publica en Honduras es la poesía, y aquí tenemos nombres que trascienden como, Juan Ramón Molina, Alfonso Guillen Zelaya, Oscar Acosta, Roberto Sosa, Rigoberto Paredes, entre otros, que sin duda es una dicha que sean hondureños.

En tiempos más recientes, no podemos soslayar la obra de José Antonio Funes, Francesca Randazzo, Leonel Alvarado, Salvador Madrid, Yolany Martínez, Rolando Kattan.

La historiografía, tampoco puede prescindir de nombres como Ramón Oquelí. Leticia de Oyuela, José González, Mario R. Argueta, Helen Umaña, Julio Escoto y más recientemente personajes como Jorge Amaya Banegas, Marvin Barahona, Yesenia Martínez, Darío Euraque, Rolando Sierra, y Giovanni Rodríguez, a quien podemos situar en varios géneros con buen suceso.

Obras clásicas y contemporáneas: La diversidad literaria de Honduras

Flor de Mesoamérica- Rafael Heliodoro Valle (1955)

De la desilusión a la esperanza - Clementina Suárez (poema)

Los Brujos de Ilamatepeque – Ramón Amaya Amador (novela, 1958)

Sombra - Arturo Martínez Galindo (novela corta, 1940)

Rey del albor, Madrugada - Julio Escoto (novela, 1993)

Duermevela Backstage (Poemas de Infierno) - Ángel Felipe Labrunie (poema, 2012)

Autobiografía de un hombre sin importancia - Ludwing Varela (colección narrativa, 2012)

Katastrophé - Gustavo Campos (relatos, 2012)

Alguien dibuja una sombra - Raúl López Lemus (ficción negra, 2017)

Anchuria - Giovanni Rodríguez (novela, 2022)

Cómo iniciar su viaje como escritor en Honduras

Según las palabras de Giovanni Rodríguez, un consejo fundamental para quienes tienen el deseo de ser escritores que dejen huella en la literatura hondureña es “que lean mucho. Y cuando digo ´mucho´ quiero decir mucho más de lo que imaginan que es suficiente. Y que antes de convertirse en escritores deberán convertirse en buenos lectores. Si no es así, no funciona la cosa”.

En palabras de Julio Escoto: “no estoy diciendo que yo lo tengo, pero se necesita cierto talento, desde luego, inclinación, vocación, pero más que todo disciplina. Si tiene el talento pero no tiene disciplina, de nada sirve. Se dice que para que alguien perfeccione un arte tiene que ensayarlo no menos de 10 mil horas antes de llegar a un nivel digno de ese arte. Un profesor mío decía: ´Un novelista no puede existir si no ha vivido, tiene que haber vivido experiencias negativas, positivas, dolorosas y de júbilo, porque es la experiencia humana´”.

En cambio, para el historiador y escritor Rubén Darío Paz, el quehacer intelectual es un trabajo más, una búsqueda consistente. Considera que no hay “milagros”, se requiere pasión, disciplina, ética, más el hecho de estar dispuesto a tolerar la crítica, que en nuestro país alcanza dimensiones muy particulares. Es escasa la crítica constructiva, en el mundo intelectual hondureño, la mayoría pasa por la descalificación del que hace algo o el que intenta hacerlo.

“Hacen falta campañas de lecturas, desde la escuela básica hasta la universidad, es aquí donde un par de ministerios, podrían plantearse un proyecto de país a largo plazo. Nos ruboriza el hecho de que seguimos ocupando los últimos lugares en acceso a libros en América Latina. Seguimos teniendo el mayor número de docentes que no leen, salvo excepciones”, manifiesta el también catedrático.

Bibliotecas y recursos para explorar la literatura hondureña

Los jóvenes están frente a un mundo de información, las redes sociales permiten el ingreso a fuentes que hace una década atrás eran impensables, tanto que podemos acezar a la mayoría de fondos documentales de las instituciones que velan por la difusión cultural.

Sin olvidar que la mayoría de universidades prestigiosas, tienen sus portales incluso gratuitos. Ahora lo que hace falta es guiar a los jóvenes, en la búsqueda del conocimiento, de ahí que el maestro convencido de su labor en los distintos niveles, es insustituible.

“Sigo considerando que los fondos impresos de las universidades públicas, constituyen un asidero importante. La Colección hondureña de la UNAH, la Hemeroteca, el Archivo Nacional e incluso ahora ciertas casas de la cultura dispersas en el país, también conservan fuentes valiosas. Hace falta replicar las ferias de libros, en todas nuestras cabeceras departamentales, y San Pedro Sula ha dado muestras contundentes de que sí se quiere, se puede... Debemos felicitar al escritor Giovanni Rodríguez y a su equipo de trabajo, porque han logrado sensibilizar a miles de hondureños por el gusto por la lectura”, enfatizó Paz.

* Rubén Darío Paz es escritor e historiador con estudios de Antropología Cultural. Director de Gestión Cultural en el Centro Universitario Regional de Occidente-UNAH, y docente de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán. Actualmente dirige la Revista Rosalila.

Escritores Hondureños: un legado inspirador