Madrid. Ha llamado a su sexto disco In bloom, porque es así como ella se siente, “florecida”, y porque a sus 41 años, la cantante “hondureña-sevillana” Eva Cortés ha logrado su sueño, grabar con “los mejores” del jazz en la meca musical de este estilo, Nueva York, y hacer exactamente lo que quería.
“No es que lo anterior no haya tenido su sentido, sino que ahora he podido aplicar musicalmente todo lo aprendido en discos anteriores. Me queda mucho por aprender y, a lo mejor, vuelvo a tener una ‘lupa’ parecida dentro de otros seis discos, pero por ahora es lo mejor”, dice Cortés.
El disco, que presentará oficialmente hoy en un concierto en la Sala Clamores de Madrid, reúne a Romain Collin al piano, Mike Moreno a la guitarra, Luques Curtis al contrabajo, Kendrick Scott a la batería y Reinaldo de Jesús a la percusión y, por si fuera poco, la colaboración estelar de Christian McBride.
El escenario “perfecto” para los 11 cortes que componen el trabajo de esta hondureña de Tegucigalpa y que con apenas cuatro años llegó a su ciudad de adopción, Sevilla, es el mismísimo Sear Sound de Nueva York.
“Adoro a mis músicos. Tenía que pegarme pellizcos para creerme que era real esa reunión, esa suerte de tenerles allí a todos. Es que cada uno de ellos -presume- es solista en su propia banda”.
El sueño de su vida
La alegría de vivir que siente Cortés se percibe en cada uno de los temas compuestos por ella -letra y música- y en los “préstamos”: Whatever Lola wants, de Richard Adler y Jerry Ross; el tema hondureño Puñadito de arena, de Belisario Romero, en la tradición garífuna de los tambores, y Glory box, del grupo Portishead.
“La de Lola me daba un poquito de corte porque es muy sensual. Además estaba superronca, porque tres semanas antes de grabar se me ocurrió irme a Brasil, cogí frío y la peor laringitis de mi vida; por eso se oye tan susurrante, con ese aire tan especial e íntimo”, se ríe.
Lo grabaron el pasado mes de mayo, en dos días y medio, porque, dice, los músicos de jazz tienen el hábito de estudiar mucho en casa y lo llevaban todo “muy preparadito”.
El sueño de su vida se hizo realidad en este disco: por fin, quedaba registro de lo que ha ido haciendo en los últimos años en Nueva York con esa banda -tiene otra en Madrid y una tercera en París- para que el mundo conociera “el toque único” que ellos le dan al jazz, “inconfundible marca de la Gran Manzana”.
“Pensamos que el jazz es algo de garito y que huele a años 30, y no, no estamos en la posguerra. El jazz es siglo XXI desde hace mucho, y la música de la gente de 20 a 40 años no se parece en nada a la de los que tienen 60”, remata.