“Es mejor que siga sin chamba y no que le quiten la vida por un vuelto”, me dice una señora que viaja a mi lado en la ruta 7. Ella acaba de salir de visitar a su hija en el pasajeros le dice a la cobradora: “Vámonos, loca, que ya viene el renacuajo”. Alude a la llegada de otro conductor que compite con él minuto a minuto.
-¿Para dónde va, jefe? -me pregunta la cobradora. -Allí nomás, al presidio. Ella frunce el ceño y empieza a cobrar.
Llega mi turno y le pago con 10 lempiras; me regresa tres. Pienso que se equivocó porque todo este tiempo han cobrado ocho lempiras.
En el barrio Guamilito me subo en la ruta 5 con destino a la Fesitranh. Ahí no corro con la misma suerte, pues me dan de vuelto dos lempiras cuando les di 10.
En la ruta 7, que viaja del hospital Mario Rivas al centro, el cobrador tampoco se acuerda de la rebaja al pasaje. Para no tentar al mal humor del joven dejo que me dé los dos lempiras de cambio.
En el bus a Chamelecón, en la unidad que viaja a la Ver más noticias sobre Honduras