En los talleres del teatro Francisco Saybe, hasta donde no llegan los aplausos del público, permanece Mauricio Padilla con su equipo de ayudantes, poniendo aquí o quitando allá mientras construye las escenografías para las obras. Comenzó pintando paneles y uniéndolos con masking tape, hace más de 40 años, cuando las obras del Círculo Teatral Sampedrano se presentaban en el Centro Cultural Sampedrano. Ahora a Mauricio Padilla no hay quien lo iguale en la ciudad como escenógrafo.
De un montón de tablas y materiales de toda clase construye, en un dos por tres, la fachada de una casa, una sala o una cocina para las escenografías de las diferentes obras teatrales.
“Todo esto es magia y truco, y a mí me fascina la magia y las cosas raras”, dice el creativo de baja estatura y cuerpo delgado. Así como arma con rapidez los decorados escénicos, de la misma manera los desarma para construir el de la obra siguiente.
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Después de ser armadas las escenografías en el taller son trasladadas, a pulso sobre rodos, hasta el lugar en donde se desarrollará la obra teatral. Padilla también la ha hecho de tramoyista cuando la obra se desarrolla en varios escenarios. Para el caso, entre un acto y otro ha tenido que transformar, con suma rapidez, una sala en una cocina o la cocina en un pórtico, según dijo.

Las escenografías más difíciles de armar han sido las de la obra La tía Mame, que se está presentando actualmente en el teatro Francisco Saybe. “Esta obra me sacó canas verdes y me hizo rebajar como siete libras. Parecés chucho flaco, me decía mi mujer cuando me miraba dibujando a media noche después de salir del taller”, expresó con su característico lenguaje coloquial este hombre de 62 años. No era para menos, tenía la presión de don Francisco Saybe porque se acercaba el día en que debían tomarse las fotografías para anunciar el estreno de la obra.
A los once años de edad, Padilla se vio obligado a dejar la escuela para buscar trabajo en vista de que su padre abandonó el hogar. “Fui a asear casas por cincuenta centavos diarios, barría y trapeaba”.
Con el tiempo aprendió el italiano en un academia de idiomas, pero fueron sus conocimientos de carpintería y diseño adquiridos en otros trabajos a lo largo de su juventud los que lo convirtieron en escenógrafo profesional. Cuando era solo un ayudante creó su propio sistema para hacer las escenografías que superó al de su jefe. Amar lo que hace es su clave.
