Los católicos de la arquidiócesis de San Pedro Sula vivieron una verdadera fiesta en la clausura del jubileo 2025 y el lanzamiento de la Santa Misión del 2026.
Desde temprano, más de 30 mil personas se dieron cita en el Estadio Olímpico Metropolitano. Llegaron de todos los municipios de Cortés aglutinados en 37 parroquias.
Los feligreses madrugaron; los más de 30 grados de temperatura y el fuerte sol no fueron impedimento para que vivieran minuto a minuto el evento histórico que da inicio al lanzamiento de la santa misión para que el evangelio y las buenas obras lleguen a todos los rincones del departamento y por todos los medios posibles.
A las 8.30 de la mañana comenzó la jornada; todos cumplieron los requerimientos dados por los organizadores: la zona Subirana vistió de blanco; la San Pablo VI, color verde; la San Pablo llegó de rojo y Zona Medalla Milagrosa se ataviaron de amarillo.
Comenzaron con la presentación del grupo folklórico Talpetate de San Antonio, Cortés, que arrancó aplausos y motivó a los presentes; tocó el turno al coro arquidiocesano.
Como parte de la solemnidad del evento, se procedió a la procesión para entronizar la Cruz del Jubileo, de la Virgen de Suyapa y la Cruz de la Santa Misión. Una vez colocados en el sitial de honor, se procedió con el evento.
Un mensaje lleno de esperanza
El arzobispo de San Pedro Sula, Miguel Lenihan, realizó el pregón de la misión. Fue un mensaje lleno de esperanza y compromiso. “Hoy nos convoca el Espíritu Santo en un día lleno de simbolismo y de gracia. Al iniciar solemnemente este camino de misión, lo hacemos con la mirada elevada al cielo y los pies firmes en nuestra tierra. Mi corazón se llena de profunda gratitud al contemplar el inmenso trabajo que Dios ha realizado en esta Arquidiócesis de San Pedro Sula a lo largo de los años”, dijo monseñor.
En el pregón, el arzobispo recordó que son herederos de una historia marcada por la valentía, la entrega y el ardor misionero que sus hermanos obispos, monseñor Jaime Brufau (de feliz memoria) y monseñor Ángel Garachana, sembraron con amor en esta costa norte.
“Su testimonio sigue siendo semilla fecunda que hoy da fruto en nuestro caminar eclesial”, manifestó.
El lema de la Santa Misión es: “Corazones ardientes anunciando la esperanza” y el obispo explica en su mensaje que responde de manera profética a los desafíos de este tiempo.
El arzobispo recuerda que vivimos en una sociedad que con frecuencia camina entre la confusión, el cansancio y la pérdida de sentido, como aquellos discípulos de Emaús que avanzaban tristes y desorientados. Por ello hay un compromiso de anunciar el Evangelio con un lenguaje comprensible, actual y sanador, capaz de dialogar con el hombre y la mujer de hoy.
Lenihan detalló que el Evangelio se anuncia con la coherencia de la vida, con la sencillez de los gestos y con palabras que brotan de un corazón verdaderamente encendido, y por ello el Espíritu Santo llama a recorrer cada rincón de nuestra bendecida geografía y se ha planteado el camino misionero en tres momentos: preparación, siembra y crecimiento, siguiendo los ritmos mismos de la vida.
Aprovechó y envió un mensaje especial a los jóvenes. “Ustedes son destinatarios privilegiados del anuncio y, al mismo tiempo, protagonistas de los nuevos escenarios misioneros. Las nuevas tecnologías son herramientas valiosas para que el mensaje de Jesús llegue más rápido y más lejos.
Llamado a la juventud
Monseñor invitó a la juventud a soñar en grande y no conformarse con una vida superficial; aspirar a una vida plena, que valga la pena ser vivida en el servicio y en la entrega a los demás.
Concluyó llamando a fortalecer la evangelización, haciendo de las parroquias verdaderas Casas de comunión. “Que la vivencia profunda de los sacramentos se traduzca en gestos concretos de misericordia”, enfatizó el líder arquidiocesano.
La programación continuó con varias presentaciones artísticas, entre ellas la participación de la cantante católica, Claudia Gonzales; hubo participaciones artísticas por zona, delegado de la palabra de Dios, y la banda marcial Young Spirit.
La Procesión del Santísimo Sacramento del altar por todo el estadio Olímpico fue un momento único donde los presentes derramaron lágrimas y las muestras de fe eran evidentes.
Realizaron el Santo Rosario Misionero, una oración de intercesión por los 40 días por la vida y finalizaron con la Santa Eucaristía presidida por el arzobispo Lenihan, concelebrada por el presbiterado. El envío misionero fue el punto culminante.