Hogar Don de Jesús, un refugio de amor para los menos favorecidos

Guiadas por el carisma de la Madre Teresa de Calcuta, las hermanas de la Caridad acompañan a personas enfermas o en situación de abandono desde hace tres décadas

  • Actualizado: 24 de diciembre de 2025 a las 16:11 -
Hogar Don de Jesús, un refugio de amor para los menos favorecidos
San Pedro Sula, Honduras.

Desde hace más de tres décadas, las hermanas de la Caridad sostienen en silencio una de las obras más humanas en San Pedro Sula, abriendo sus puertas a personas golpeadas por la enfermedad, la pobreza o el abandono, a quienes ofrecen cuidado y compañía.

En el hogar Don de Jesús, personas que viven con VIH y adultos mayores, en su mayoría en condición de abandono, han podido encontrar una familia que los cuida con la dignidad que merecen.

Luego de conocer la conmovedora historia de Jorge, un sampedrano que encontró en esta casa hogar una nueva familia después de permanecer seis años en el hospital Mario Rivas, las hermanas abrieron sus puertas al equipo de LA PRENSA para compartir un poco de esta loable labor.

Con una sonrisa cálida y voz suave, la hermana Lucina, directora de la casa hogar, compartió que la obra inició en 1992, cuando el VIH era una enfermedad temida, estigmatizada y muchos pacientes eran rechazados incluso por sus propias familias.

La religiosa relató que a petición del obispo de la época, la Iglesia Católica solicitó a la congregación fundada por la Madre Teresa de Calcuta abrir un hogar para acompañar a quienes morían solos.

Esta gran obra de amor surgió en el hospital Leonardo Martínez, con un pequeño grupo de religiosas que cuidaban a los pacientes con VIH que habían sido desauciados y abandonados en el hospital.

En 1998 las hermanas se trasladaron a la colonia Bográn, a su actual casa, que fue bendecida un 12 de octubre, apenas una semana antes del paso del huracán Mitch por el territorio nacional.

La hermana Lucina recordó que en ese momento, los tratamientos para el VIH apenas se estaban desarrollando y los medicamentos no eran accesibles en el país, por lo que el hogar se convirtió en el último refugio de cientos de personas en estado terminal.

“Muchísima gente partió de aquí a la casa del Padre, sobre todo jóvenes”, dijo con nostalgia, señalando que eran tiempos duros, marcados por el dolor físico y la tristeza de los pacientes al no poder ver una última vez a sus seres queridos.

Un adulto mayor recibe fisioterapia en la casa hogar.

“Muchas veces me sentí como María al pie de la cruz, viendo morir a su hijo. Pero también aprendimos a poner esa carga en el corazón de Jesús, con la esperanza de la resurrección”, relató mientras recordaba aquellos años.

En medio del sufrimiento de los pacientes, el acompañamiento espiritual fue tan importante como el cuidado físico que brindaban. Con el paso de los años y el acceso a tratamientos antirretrovirales, la demanda de atención a personas con VIH disminuyó.

Siguiendo su misión de cuidar a los menos favorecidos, a los que sufren en soledad, el hogar amplió su misión entre 2008 y 2009, para acoger a adultos mayores dejados en hospitales, acogidos de la calle o entregados por familias que ya no podían o no querían hacerse cargo.

Actualmente, la casa hogar Don de Jesús atiende a 21 adultos y 12 personas con VIH. Muchos llegan con historias de abandono, tristeza y ruptura familiar, pero en este lugar encuentran un hogar donde se les llama por su nombre, se les escucha y se les cuida con paciencia.

La congregación vive bajo el principio de la “divina providencia”, entre los votos que las hermanas hacen está el de pobreza y el servicio gratuito a “los más pobres entre los pobres”, siguiendo el legado de su fundadora.

El sostenimiento del hogar depende exclusivamente de donaciones, apoyo de benefactores, personas de buen corazón y empresas socialmente responsables, y, en ocasiones, ayuda que comparte la congresgación de religiosas desde el extranjero.

Jorge comparte con compañeros y colaboradores de la casa hogar Don de Jesús.

El día a día de la casa hogar comienza antes del amanecer. Los residentes se levantan desde las 5:00 am para su aseo y cuidado, ya que muchos necesitan asistencia para bañarse y vestirse.

A las 7:00 am se celebra la Eucaristía, seguida del desayuno y terapias para quienes lo requieren, mismas que son acompañadas por voluntarios y estudiantes que realizan sus prácticas en la casa hogar.

Los testimonios de quienes viven en el hogar reflejan el impacto de esta misión. Adilio Manzanares, de 68 años, fue llevado por un amigo, tras perder la vista y quedarse solo en la calle. “Este hogar ha sido una bendición del Señor. Aquí somos una familia”, dijo sonriente mientras sostenía una cuchara y esperaba que sirvieran el almuerzo.

También compartió que disfruta mucho escuchar música y los partidos de fútbol, celebrando con orgullo que su equipo favorito es el Club Deportivo Marathón. "Pierda o gane, el Marathón es el equipo de mi corazón", comentó entre risas.

Isabel Reyes, 67 años.

En una mesa cercana, escuchando la plática de Adilio, se encontraba Isabel Reyes, de 67 años, quien llegó hace cuatro meses desde Choluteca debido a problemas de movilidad.

Reyes dijo que adolece de algunas enfermedades, entre ellas parálisis en su mano derecha, por lo que acude con frecuencia al hospital y necesita fisioterapia, así que un médico le habló del hogar Don de Jesús, donde podían brindarle un techo y cuidado.

“Aquí me siento feliz, me llevan a terapias y me cuidan bien. He encontrado una familia, a veces vemos partidos de fútbol en el televisor o vienen muchachos a compartir con nosotros”, relató.

En el comedor también se encontraba Jorge, quien tiene una discapacidad psicomotora, a quien todos ven como un hermano mejor y cuidan como a un niño, de mirada tierna y sonrisa dulce.

Acerca de como apoyar esta noble labor, la hermana Lucina dijo que todas las bendiciones que vienen de Dios son bien recibidas, y que las personas pueden realizar donaciones de pañales, artículos de limpieza, alimentos básicos o con su tiempo para compartir un momento ameno con los residentes del hogar.

“Aquí todo sirve, todo suma”, expresó, a la vez que agradeció la generosidad de personas, empresas, médicos y voluntarios que hacen posible que esta casa siga siendo un refugio de amor, dignidad y esperanza.

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Jacqueline Molina
Jacqueline Molina
denia.molina@laprensa.hn

Licenciada en Periodismo egresada de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah). Periodista multimedia con experiencia en noticias económicas, salud, historias humanas, cambio climático y biodiversidad. Parte del equipo de LA PRENSA desde 2022.

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