Honduras crea protocolo para matar el coronavirus en la primera fase

El intensivista Fernando Valerio señala que la clave es atacar el virus en los primeros días de la enfermedad.En el IHSS se bajó la mortalidad del 70% al 40%.

En el Leonardo Martínez se han implementado nuevos tratamientos.
En el Leonardo Martínez se han implementado nuevos tratamientos.

San Pedro Sula.

“En mis años de intensivista nunca había visto personas con tan bajo nivel de oxígeno que los pone en riesgo de muerte y aparentan estar bien, hasta hablan y chatean por teléfono, dice el doctor Fernando Valerio después de una larga jornada laboral en el hospital Leonardo Martínez atendiendo pacientes con Covid-19.

“Nosotros atendimos la primera oleada de pacientes en el Instituto Hondureño de Seguridad Social y Leonardo Martínez, adonde vimos que no se trataba solo de un problema en los pulmones, sino que además el virus causaba un proceso inflamatorio en el sistema inmunológico y múltiples coágulos, lo que provocaba el fallo de órganos importantes y por ende la muerte, detalla el jefe de la unidad de cuidados intensivos del Ihss, Óscar Díaz.

Ambos especialistas coinciden en que desde el inicio de la pandemia, la recuperación de un paciente era sinónimo de conectarlo a un respirador a través de la colocación de un tubo en la tráquea; pero luego, después de observar la mala evolución de estos pacientes a nivel local e internacional se decidió cambiar la estrategia.

La enfermedad sigue provocando pacientes graves. Es importante el control comunitario.

Oscar Díaz, intensivista

Se inició soporte respiratorio con un sistema de oxígeno de alto flujo a través de la nariz, y pidiendo la colaboración de los pacientes acostándolos boca abajo, y esto resultó en una recuperación más rápida, eficaz, además de disminuir los días de estancia en cuidados intensivos y en el hospital.

También los pacientes pudieron beneficiarse con la ventilación de tipo no invasiva mediante una máscara que cubre la nariz y la boca, que ayuda a descansar los músculos de la respiración, y que se puede intercalar con el sistema de alto flujo de oxígeno nasal.

En esta técnica también es importante la colaboración del paciente acostándolo boca abajo, y ya se ha aplicado en el hospital Leonardo Martínez con los ventiladores Vivo 50 y Vivo 65 recién adquiridos por el Gobierno.

Es importante que las personas no se automediquen y que pierdan el miedo a buscar ayuda. Estamos negando una realidad.

Fernando Valerio, intensivista

Fue así que los médicos cambiaron el esquema del tratamiento farmacológico siendo más proactivos para tratar la respuesta inmunológica y la anticoagulación, de manera que los vasos sanguíneos no estuvieran obstruidos.

El doctor Díaz manifiesta que se empezó a trabajar para que los pacientes no estuvieran tanto tiempo con respirador artificial porque eso era un factor que condicionaba más riesgo de infecciones y por ende la posibilidad de complicaciones que llevaran a la muerte.

En resumen, se buscó una estrategia para atacar el virus en los primeros días de la enfermedad y no esperar que el virus atacara a la población y que eso ocasionara múltiples muertes y el colapso del sistema hospitalario.

Tras extenuantes faenas en los hospitales, los dos médicos junto con un grupo de intensivistas, internistas, infectólogos, hematólogos y reumatólogos, elaboraron un protocolo en el que también participaron médicos de la Secretaría de Salud.

Más hombres

En el valle de Sula hasta finales de abril, el 58% de los casos confirmados son hombres. La edad promedio es de 43 años, en un rango entre 0 y 94 años.

Hasta la fecha, el 8.7% ha sido de pacientes asintomáticos, el 60% presentó uno o más síntomas, principalmente fiebre, tos y dificultad respiratoria, y otro porcentaje tenía una enfermedad crónica, como hipertensión, diabetes, obesidad y cardiopatía.

El 73% de los positivos se encontraba en autoaislamiento domiciliar, el 23% en aislamiento hospitalario y un 4% en unidad de cuidados intensivos (UCI).

De los fallecidos en Cortés, la mayoría son hombres.La edad promedio es de 56 años, en un rango de 9 a 94 años.El 44% de los muertos tenían una enfermedad crónica: diabetes, hipertensión arterial, obesidad y cardiopatía.

Alerta

Los médicos hondureños han realizado estudios minuciosos y solo la mitad de los contagiados presenta fiebre, por lo tanto, la ausencia de esta no excluye la enfermedad.

En principio, el 10% de los enfermos presentaba síntomas gastrointestinales, como diarrea, náuseas y dolor abdominal que preceden la fiebre y falta de aire.

Algunos pacientes pueden desarrollar hipoxemia e insuficiencia respiratoria sin disnea especialmente los ancianos.

Otros han presentado dolor de rodilla, faringitis o amigdalitis y malestar general. No todas las personas presentan los mismos síntomas.

El especialista en cuidados intensivos Fernando Valerio explica que muchos de los pacientes están con la oxigenación baja y se sienten bien, por ello no buscan atención médica y lo hacen hasta que ya no pueden respirar.

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Los hombres han sido más afectados por el Covid-19.

“Tenemos que hacer conciencia que el paciente tiene que ser identificado en la primera y segunda etapa para que pueda recibir tratamiento ambulatorio y no tenga que llegar grave a un centro hospitalario”.

Deja claro que en las primeras fases, las etapas virales pueden ser atendidas en los centros de atención comunitaria o centros de salud con medicamentos que ya hay evidencias han funcionado como la azitromicina, hidroxicloroquina y otras.

En San Pedro Sula apenas somos siete médicos intensivistas. “Nos pueden traer dos mil ventiladores, pero imagínense cuántos podemos hacer funcionar si somos solo siete.Entonces hay que atacar el virus en las primeras etapas, pero para eso necesitamos educar” dijo. A juicio del médico, el aislamiento inicial debe hacerse en la casa por medio de la medicina comunitaria.

Por ello es la necesidad de identificar los casos en las viviendas, darles tratamiento, ser solidarios y llevarles alimento para evitar que los afectados causen más contagios al salir de su casa.

En los casos en que ocupe más vigilancia, especialmente en la población con factores de riesgo y en los casos en los que no se puede hacer una vigilancia estrecha, deben ser monitoreados en los centros de vigilancia municipal.

No hay que esperar el resultado del examen, sino que atender al que presenta síntomas. “Hay que bajarle la carga viral con medicamento para que no transmitan el virus y detener el contagio”.

El médico explica que en el caso de los pacientes atendidos en el hospital Leonardo Martínez y que han llegado con enfermedades de base la evidencia muestra que no han tenido controlados estos males y les da miedo buscar ayuda oportuna.

Igual pasa con personas que no tienen factor de riesgo, pero se presentan al centro hospitalario hasta tener síntomas graves, aseguró.

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En los nuevos tratamientos se trata al paciente boca abajo.

El jefe de Cuidados Intensivos del IHSS, Óscar Díaz, dice que en este momento las unidades de Covid están llenas.

“Las primeras semanas, el índice de letalidad fue alto, pero comenzamos a cambiar tratamientos y atender los casos de manera diferente y logramos reducir la mortalidad del 70 al 40% logrando dar de alta de UCI a siete pacientes en una semana”.

“Esto sigue y va a parar hasta que haya control de los casos en la comunidad, pero no está ocurriendo. Casos graves vamos a seguir teniendo y eso nos obliga a tener estrategias porque los hospitales tienen una capacidad limitada de camas y de recurso humano para atender este tipo de problemas”.

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Reveló que en el Ihss se están atendiendo más hombres que mujeres con Covid-19 entre los 40 y 50 años, y esto debe tener que ver con la exposición; pero en el Leonardo Martínez hay mucho paciente relacionado con las áreas de comercio de la ciudad, como mercados, central de abastos, y muchos son comerciantes que se exponen a miles de personas y aumentan su riesgo.

Los médicos seguirán atendiendo contrarreloj mientras el protocolo elaborado es socializado.

Lo que preocupa en este momento es que los jóvenes, muchos contagiados, al no sentir síntomas salen a la calle infectando a más personas y por si fuera poco a sus propios familiares, siendo los de la tercera edad los que se llevan la peor parte.

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La Prensa