Una mañana del año 2000 -cuando el nuevo siglo apenas despuntaba- ocurrió algo que ahora su familia interpreta como un presagio. Tomás Zambrano, entonces de 18 años, entró a un restaurante donde su madre compartía con amigos y hermanos de fe.
No habló ni pidió la palabra; aun así, fue señalado.
Una mujer lo observó y pronunció lo que pareció una revelación:“Yo te veo vestido elegante, te veo de traje y te veo sentado en silla de reyes”, le dijo.
Doña Maura Luz Molina Galo, su madre, conserva ese instante con una nitidez intacta, un recuerdo que hoy cobra mayor sentido cuando su hijo aspira a convertirse en presidente del Congreso Nacional para el período 2026-2030.
Zambrano es oriundo de Nacaome, departamento de Valle. Nació el 29 de julio de 1982, un año simbólico en el que Honduras retomaba el camino de la democracia, dentro de una familia con profundas raíces políticas y nacionalistas.
Realizó sus estudios de educación media en el Instituto Salesiano San Miguel, en la capital, y en 2004 obtuvo el título de abogado en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).
El ingreso de Zambrano (43 años) a la vida política no fue abrupto ni marginal. Desde joven -recuerda su madre- sabía lo que quería.
“Había personas que llegaban al bufete necesitadas de ayuda —cuenta doña Maura a LA PRENSA Premium—. Algunos requerían una silla de ruedas, otros aparatos ortopédicos, y ahí estaba Tommy, ayudando. No lo hacía con la idea de lanzarse a la política, sino por servir, por amor a la gente”.
Llegó porque el poder le era familiar. Porque conocía sus códigos. En 2008 se incorporó al movimiento del entonces precandidato presidencial Mario Canahuati.
Entre 2006 y 2009 fue asesor de la Comisión de Seguridad del Congreso Nacional, una antesala que le permitió comprender las reglas escritas y no escritas del poder parlamentario. En 2010 llegó por primera vez al Congreso como diputado propietario por Valle.
Cinco períodos consecutivos, incluyendo el actual mandato, lo convirtieron en una pieza estable del engranaje legislativo y, con el tiempo, en uno de los hombres más leales a la dirigencia del Partido Nacional.
Esa lealtad tuvo momentos decisivos.
En 2012, durante su primer ciclo legislativo, Zambrano integró la Comisión Especial de Investigación que desembocó en la destitución de cuatro magistrados de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia.
En paralelo a su ascenso político, Zambrano fue consolidando una identidad religiosa visible y proyectando la imagen de un soldado nacionalista dentro del Congreso.
En 2018 impulsó iniciativas simbólicas y legislativas: jornadas de oración infantil, la lectura no obligatoria de la Biblia en centros educativos y el traslado de la Embajada de Honduras de Tel Aviv a Jerusalén.
Ese mismo año, mientras promovía valores cristianos desde el hemiciclo, su nombre apareció en el expediente del caso conocido como “Pacto de Impunidad”, presentado por la Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (Maccih) y la Unidad Fiscal Especializada Contra la Impunidad de la Corrupción (Ufecic).
Fue acusado de falsificación de documentos, abuso de autoridad y delitos contra la forma de gobierno, relacionados con la aprobación anómala del Presupuesto General que habría beneficiado a diputados investigados por corrupción.
En 2018 obtuvo sobreseimiento definitivo.
Durante la pandemia de covid-19, Zambrano ya no era un diputado más. Como secretario de la junta directiva y luego jefe de bancada, dirigió sesiones virtuales y defendió reformas al Código Penal y a la Ley contra el Lavado de Activos que, según expertos, limitaron investigaciones por corrupción y endurecieron sanciones contra la protesta social.
Ya en el período 2022-2026, bajo el gobierno de la presidenta Xiomara Castro, del partido Libertad y Refundación (Libre), Zambrano se consolidó como el principal rostro de la oposición en el Congreso Nacional.
Sus aliados destacan su audacia, liderazgo, capacidad de negociación y experiencia legislativa -se desempeñó como secretario del hemiciclo durante la presidencia de Mauricio Oliva y, en este cuatrienio de oposición, como jefe de bancada del Partido Nacional-. Incluso sus detractores reconocen su lealtad partidaria y su estilo frontal.
Para doña Maura, ese liderazgo tiene raíces claras. “De su papá heredó la audacia —dice—. Mi esposo es un hombre audaz. Y de mí, pues, la inteligencia”.
Solo su círculo cercano conoce que, detrás del semblante serio, asoma un carácter bromista.
Cuando se le pregunta a la diputada nacionalista Lissi Cano cuál es el rasgo más fuerte de la personalidad de Zambrano, ella no duda: “Su liderazgo. Conducir una bancada en estos cuatro años tan difíciles, en un Congreso tan accidentado, me demostró que es un verdadero líder. Un líder sabe guiar, sabe conducir y sabe construir”.
Otros subrayan su templanza: Zambrano ha sabido mantener el aplomo en los momentos de mayor tensión. Y este día podría marcar su clímax político, cuando su nombre sea mencionado para liderar el próximo hemiciclo