“Pedí a Dios que me lo dejara vivo”: Sebastián perdió una pierna y hoy inspira con su lucha

Desde la incubadora de un hospital hace 15 años, y tras complicaciones, Sebastián Ariel Bustillo estudia y triunfa en la percusión

  • Actualizado: 05 de junio de 2026 a las 23:59 /
San Pedro Sula, Honduras.

Por momentos, la vida parece escribir sus historias más extraordinarias mucho antes del primer llanto. La historia de Sebastián Ariel Bustillo Padilla (15) comenzó con dificultades, incertidumbre y una fuerza inesperada que ya mostraba cuando aún permanecía protegido en el vientre de su madre.

Nació el 16 de noviembre de 2010 en un hospital de Olanchito, Yoro. Hoy tiene 15 años, pero su historia comenzó mucho antes de aquel día en que abrió los ojos por primera vez.

Desde antes de llegar al mundo, Sebastián ya era un niño amado, esperado y profundamente deseado.

Su madre Francis Pamela Padilla (37) abrió su corazón por primera vez en una entrevista con LA PRENSA Premium, en la que relató con detalle todo lo que ha vivido durante más de una década junto a su hijo mayor.

Recordó cómo su embarazo estuvo lejos de ser sencillo. En aquel entonces vivía en Tegucigalpa junto al padre del niño, pero gran parte del proceso lo enfrentó prácticamente sola.

Durante los nueve meses sufrió constantes malestares y vómitos que hicieron que cada día se convirtiera en una prueba de resistencia.

"Siempre le pedía a Dios que me regalara un niño sano", rememoró su mamá desde su casa de habitación en el municipio de Olanchito.

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Fotografía compartida por su madre en la que se observa a Sebastián en sus primeros días de vida.

Cuando apenas tenía cuatro meses de embarazo, el bebé ya tenía nombre, una idea del hermano mayor, quien desde entonces comenzó a llamarlo Sebastián.

La familia comenzó a crear un vínculo con el bebé mucho antes de conocerlo, le hablaban, le cantaban canciones y celebraban cada movimiento que daba dentro del vientre materno, mientras soñaban con el día en que finalmente pudieran conocerlo.

Según relató su madre, Sebastián era particularmente inquieto, incluso desde el vientre demostraba una fuerza especial al moverse constantemente, como si anunciara que venía dispuesto a luchar.

Sin saberlo, estaban observando las primeras muestras del carácter de un niño que aprendería a enfrentar los retos desde el inicio de su existencia y gestación.

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Mal pronóstico

Semanas antes del parto, la madre regresó a Olanchito para estar con su familia. El día del nacimiento transcurría con normalidad con una cita médica, un ultrasonido y la rutina de una espera que parecía tranquila, hasta que un diagnóstico inesperado en una clínica privada cambió el rumbo del proceso.

El médico que en ese momento la atendió le advirtió que el bebé tenía poco líquido amniótico (fluido que rodea y protege al bebé dentro del útero) y recomendó una cesárea urgente, fue entonces cuando comenzó el traslado a un hospital local.

Pamela, quien entonces no tenía acceso al Seguro Social, salió caminando de la clínica hacia el hospital.

El parto ocurrió un martes durante la noche, la cirugía fue exitosa, el bebé parecía sano y pasó sus primeros dos días junto a su madre, sin embargo, al tercer día comenzaron las complicaciones con convulsiones, bajones de azúcar y traslados de emergencia al área de neonatología.

Los médicos y personal de enfermería le administraron suero y posteriormente lo regresaron con su madre, pero volvió a convulsionar.

Fue entonces cuando lo llevaron nuevamente a neonatología y esa vez ya no regresó. La familia ni siquiera sabía que aquellos movimientos eran convulsiones, solo sabían que su pequeño era trasladado una y otra vez sin que nadie les explicara con claridad lo que estaba ocurriendo.

Mientras tanto, Pamela fue dada de alta el viernes, pero no podía marcharse, ya que su hijo seguía hospitalizado.

Esa noche durmió sentada sobre una silla plástica dentro del hospital y luego sobre una cama de emergencias, con el fin de poder alimentarlo con leche materna.

El sábado le permitieron mirarlo nuevamente, fue entonces cuando le informaron que debía ser trasladado de urgencia al hospital Mario Catarino Rivas de San Pedro Sula.

Lo que la familia aún desconocía era que durante los procedimientos de enfermería realizados para controlar las convulsiones se había producido un error devastador, una negligencia médica.

Intentaron canalizarlo durante múltiples ocasiones y sus pequeños brazos mostraban más de 10 punciones cada uno, hasta que finalmente lograron introducir el catéter por la pierna izquierda.

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Se agravó

Según explicó Pamela, posteriormente una médico del centro asistencial le confesó a la familia, sin estar autorizada y actuando más desde su condición humana y de madre que como médica, que la canalización no se había realizado en una vena, sino en una arteria, lo que había desencadenado una trombosis arterial, tal como también quedó consignado en su expediente.

Mientras Sebastián permanecía en una incubadora, los médicos colocaban paños fríos sobre su pierna; la extremidad comenzó a deteriorarse rápidamente, los dedos se tornaron morados, la piel comenzó a desprenderse y la circulación quedó comprometida.

El niño fue trasladado al hospital Mario Catarino Rivas de San Pedro Sula, allí la situación continuó empeorando, la pierna estaba prácticamente perdida y la infección avanzaba.

La familia observaba con impotencia cómo el recién nacido era examinado constantemente por grupos de estudiantes de Medicina; su madre se refirió a aquellos días con profundo dolor.

"Suena pesado decirlo, pero parecía que para ellos era como una rata de laboratorio, entraban en grupos a mirarlo", lamentó.

El especialista que inicialmente debía atenderlo y era oriundo del municipio de Olanchito, al saber del caso se negó a intervenir, entonces fue trasladado nuevamente, esta vez al Seguro Social de San Pedro Sula.

La decisión era inevitable, coincidieron los médicos que atendieron el caso,ya que, si no se procedía a la amputación, el niño podía morir, pues la infección ya comenzaba a extenderse por todo su cuerpo.

El 1 de diciembre de 2010, cuando apenas tenía 15 días de nacido, Sebastián ingresó al quirófano; llegó casi sin abrir los ojos y con la infección avanzando con rapidez, que ya lo consumía.

La amputación se realizó por encima de la rodilla, lo que significó la pérdida total de la extremidad izquierda, sin rodilla ni pierna, la autorización fue firmada por su abuela materna, ya que no había alternativa, era eso o perderlo para siempre.

Curiosamente, ese mismo día, los médicos tuvieron que intervenir nuevamente a Pamela, cuya cesárea se había complicado y la herida se había reabierto, madre e hijo luchaban al mismo tiempo por sus vidas.

En medio de la incertidumbre médica y el silencio que rodeaba el estado de salud del pequeño Sebastián, su madre vivía horas de angustia sin recibir información clara sobre lo que estaba ocurriendo.

Nadie le explicaba con precisión la gravedad del caso, mientras el miedo crecía con cada día que pasaba.

“Al principio no me decían nada”, apuntó, fue el padre del niño quien finalmente le explicó todo el contexto de la situación, enfrentándola con una verdad que hasta ese momento ella no había dimensionado completamente.

Durante ese agonizante periodo de espera, la fe se convirtió en su único refugio. La madre relató que, un día antes de una reunión decisiva entre los médicos, los abogados y su familia, ella vivió un momento de profunda conexión espiritual que jamás olvidará: “Oré, le pedí a Dios que me diera a mi hijo vivo, como él quisiera, pero que me lo dejara vivo”.

Aquella oración no fue solo un pedido, sino una entrega total. “Dios puso en mi corazón que iba a aceptar su voluntad”, expresó, como si en ese momento hubiera encontrado una fuerza interior para enfrentar lo inevitable.

Poco después, el padre del niño regresó a su lado para contarle lo que estaba ocurriendo. “Él me dijo todo lo que pasaba, recuerdo como si fuera ayer”, mencionó. En medio de la tensión él se sentó sobre el borde de la cama y le explicó la situación con la seriedad que el momento exigía.

Con el paso del tiempo, la madre fue aprendiendo a convivir con una realidad que nunca imaginó. “Siempre he dicho que para él es como que nació sin su pierna, nunca la tuvo para caminar ni para gatear”, expresó.

“Ha sido difícil para nosotros”, reconoció. Uno de los recuerdos más fuertes grabados en su memoria es la primera vez que tuvo que cambiarle el pañal a su hijo. “Lo agarré y lloré cuando le cambié su pamper y miré el espacio donde estaba su piernita”, contó, reviviendo aquel momento con profunda nostalgia.

Retador

Mirarlo crecer también fue un desafío. “Cuando empezó a gatear fue difícil”, dijo, pero incluso en medio de las caídas había la enseñanza constante en casa de levantarse. “Mi mamá me decía que él tenía que levantarse”, manifestó.

A pesar de las dificultades, Sebastián fue desarrollando una vida llena de aprendizajes, esfuerzo y talento. La familia ha estado a su lado en cada etapa, brindándole apoyo permanente y buscando alternativas para su movilidad, incluyendo el uso de prótesis, aunque el primer proceso no fue el más adecuado debido al dolor que le provocó.

“Sebastián tiene un talento, le encanta la percusión”, contó su madre, con orgullo. Desde pequeño ha sido apoyado en su pasión por la música, especialmente en el área de la banda y los instrumentos de percusión, donde ha encontrado una forma de expresarse y destacarse.

Durante su etapa en la escuela primaria logró abrirse camino a pesar de las limitaciones físicas que afectaban su vida diaria. Para su familia, cada avance era una victoria y una muestra de que el niño no se detenía ante las dificultades.

“Ha salido adelante, ha jugado como un niño más, escalaba en los juegos”, agregó su madre.

Sebastián durante sus primeros años escolares, en una festividad patria en la que participó portando con orgullo la Bandera de Honduras.

Para ella el proceso nunca fue sencillo, reconoció que el amor hacia su hijo también se traduce en una preocupación diaria. “Como madre he sido sobreprotectora porque me da miedo”, confesó, pues hay momentos en los que la emoción la sobrepasa.

“Hay días que lo miro y rompo en llanto cuando pienso que la vida es más complicada para él”, señaló.

Aún así, en medio de esa sensibilidad, también encuentra fortaleza en su propio hijo. “Él nos enseña que sí puede”, resaltó.

La rutina escolar implicó un esfuerzo adicional para el niño. “Él iba con sus muletas de axila y luego con muletas de mano para recibir clases”, relató Pamela.

Desde niño, Sebastián utilizó muletas axilares para desplazarse diariamente desde su hogar hasta su centro educativo.

Sebastián habla con serenidad, pero también con la madurez de quien ha aprendido a construir su identidad desde las dificultades que ha enfrentado.

“Para mí, la verdad, cuando me dicen si desearía tener mi pierna, siempre digo que no”, afirmó, con convicción. Indicó que su vida, tal como ha sido, le ha permitido desarrollar capacidades y alcanzar logros que quizás no habría imaginado en otras circunstancias. “Con mi pierna no hubiera logrado lo que he logrado sin tenerla, eso lo agradezco”, exclamó.

Reconoció que no todo ha sido fácil, en su día a día enfrenta obstáculos que van más allá de lo físico. “Lo que más se me complica mayormente es cuando son trabajos que dependen mucho del físico”, dijo.

También mencionó situaciones cotidianas en las que debe ingeniárselas para continuar. “Hay trabajos donde ocupo mis manos y no las puedo usar porque estoy utilizando la muleta, pero busco la forma”, contó.

Ha formado parte del club de fútbol y la pérdida de una pierna nunca ha sido un obstáculo para participar, competir y disfrutar del deporte como cualquier otro joven de su edad.

Su proceso de adaptación no ha estado libre de dificultades emocionales. Mientras conversaba con este medio de comunicación recordó que en su infancia enfrentó miradas, rechazo y momentos de exclusión.

“Al principio, cuando estaba en el kínder, mis compañeros me miraban raro, me sentía acosado, pero después me fui acostumbrando”, contó.

La etapa más difícil llegó en segundo grado. “Me empezaban a excluir, pero ya después me fui adaptando, no hacía caso, cuando me hacían burla las devolvía”, detalló.

Las actuaciones de Sebastián en banda de guerra a nivel escolar han sido brillantes y su condición no le ha impedido desempeñarse con altura y disciplina.

También admitió con honestidad que atravesó momentos emocionalmente complejos: “Al principio sí pasé por un proceso de depresión porque sentía exclusión”.

El recorrido académico de Sebastián ha estado acompañado de reconocimiento, afecto y admiración por parte de sus compañeros y docentes. En la escuela privada Minerva, de Olanchito, su nombre se volvió sinónimo de perseverancia.

Para muchos es “Sebastián de Olanchito”, un joven que ha logrado destacarse no solo por su historia de vida, sino por su disciplina y actitud de superación.

Durante su etapa adolescente, tocando un instrumento de percusión.

Ha participado en desfiles patrios del 15 de septiembre, formado parte de cuadros de fútbol y de la banda marcial, siendo una inspiración para otros estudiantes que lo miran avanzar con determinación pese a las dificultades físicas.

Su vínculo con la música nació desde pequeño. “Al principio me inspiré en la música por mi tío”, dijo, pues fue él quien lo acercó a las prácticas, donde Sebastián aprendía observando y repitiendo cada movimiento.

Con el tiempo desarrolló habilidades en la percusión, aprendiendo a tocar instrumentos como tarola, bombo, tambor y güiro. “Cuando estaba pequeño tocaba en latas y panas”, dijo.

Su trayectoria en la percusión comenzó a los cinco años, consolidándose luego en la banda escolar, donde tuvo su primera participación en el kínder y posteriormente en desfiles patrios como el del 15 de septiembre de 2022.

En su camino musical también enfrentó retos físicos. Rememoró que al inicio el tambor de banda era pesado y difícil de manejar. “La columna me mataba porque era de fajón, me esforzaba más y tuve que cambiar a tocar güiro”, contó.

Sebastián participando en un encuentro de fútbol junto a sus amigos y compañeros en Olanchito.

En el ámbito deportivo, Sebastián también ha encontrado espacios de participación. En su niñez jugaba fútbol de manera adaptada, incluso gateando, y con el paso del tiempo logró avanzar hasta jugar utilizando sus muletas.

Más allá de sus actividades, mantiene claros sus objetivos de vida y sus sueños profesionales apuntan a convertirse en ingeniero industrial o diseñador gráfico.

Actualmente cursa estudios en el Instituto Francisco Javier Mejía, el centro educativo más importante de Olanchito, Yoro.

La familia ha sido el motor que impulsa a Sebastián a seguir adelante, manteniéndose activo y resiliente.

La madre de Sebastián habló con la voz entrecortada, pero firme, al referirse al proceso de vida de su hijo y a los retos que han enfrentado como familia desde su nacimiento. Para ella, cada etapa ha sido una combinación de aprendizaje, dolor y fe.

Comentó que al finalizar el bachillerato, la familia tiene la intención de seguir apoyándolo en proyectos personales y profesionales, acompañándolo en cada paso de su formación.

De igual manera se refirió al proceso médico relacionado con la prótesis. Sebastián utilizó una desde pequeño, pero sufrió una lesión en el muñón (extremidad residual del cuerpo tras una amputación), lo que obligó a replantear el tratamiento.

“Se está pensando en tenerle de nuevo una prótesis”, dijo, ya que el proceso implica ajustes complejos y personalizados, incluyendo la adaptación de ropa a su medida.

La madre detalló que su hijo ha tenido varias prótesis a lo largo de los años, y que cada vez que recibe una nueva debe aprender nuevamente a caminar desde cero, en un proceso que requiere paciencia, esfuerzo y acompañamiento.

Actualmente, Sebastián también asiste a una academia de fútbol en Yoro, motivado por su gran pasión por este deporte, el cual se ha convertido en otra forma de superación personal.

Desde su rol de madre, Pamela aceptó la dificultad del camino recorrido. “Como madre sé que tenemos un niño con discapacidad, no es un proceso fácil”, expresó. “El único que nos ayuda es Dios y el núcleo familiar que nos impulsa a seguir”, añadió.

Sebastián apoya a su mamá en un emprendimiento en Olanchito. Ha sido un pilar fundamental en la vida de sus padres.

También agradeció el apoyo de la comunidad y el reconocimiento que Sebastián ha recibido en Olanchito.

Hoy, 15 años después de aquella negligencia médica no oculta el dolor que ha enfrentado durante el proceso. “He mirado ojos de rechazo, porque el mundo es cruel”, expresó Pamela.

En los momentos más íntimos, la emoción la sobrepasa. “Todavía miro a mi hijo en algunas situaciones y a veces, en la puerta de mi cuarto, lloro, y sé lo doblemente difícil que es el mundo para él”, manifestó, dejando ver el peso emocional de una maternidad impactada por la lucha diaria, pero también por el amor incondicional.

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Ariel Trigueros
Ariel Trigueros
jerson.trigueros@laprensa.hn

Reportero multimedia e investigador en LA PRENSA. Más de 10 años en medios. Licenciado en Periodismo (UNAH), máster en Comunicación (UEA) y docente universitario.