Honduras
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El doctor José Manuel Matheu, exministro de Salud de Honduras, calificó como una "farsa o una estafa" el lucrativo esquema clínico que un grupo de supuestos médicos colombianos opera en San Pedro Sula.
Tras analizar las evidencias recolectadas por la Unidad de Investigación de LA PRENSA Premium y EL HERALDO Plus, Matheu alertó que el aparato utilizado para captar dinero ilegalmente —promocionado como un Analizador Magnético de Resonancia Cuántica— carece de toda validez científica.
“La gente confunde lo que se llama resonancia magnética y luego le agregan ‘cuántica’ con la resonancia magnética que se toma en un centro de radiología”, explicó.
Una resonancia magnética clínica es un procedimiento de diagnóstico por imágenes que utiliza un campo magnético y ondas de radio para producir imágenes detalladas del interior del cuerpo. No consiste en sostener una pequeña barra conectada a una computadora.
La diferencia, según Matheu, no es de tecnología más avanzada frente a tecnología convencional. Es de naturaleza.
El dispositivo utilizado por los operadores, dijo, no cuenta con los elementos necesarios para producir imágenes médicas ni para realizar los análisis bioquímicos que aparecen en sus reportes.
“Eso es un software, una programación que la hizo alguien que se pasó de vivo, inventó hacer este aparato y ahora hay otros vivos que compran eso y engañan a la gente. Si ese aparato fuera tan bueno para diagnosticar, ya habría sustituido a los médicos”, afirmó.
Los resultados que entrega el programa son particularmente problemáticos cuando atribuyen al paciente valores que, en la medicina convencional, requieren muestras biológicas.
“Esto es tan falso, tan falso como decirle que le da en teoría resultados de pruebas que solo pueden verse con examen de sangre”, señaló Matheu. “Ahí hablan de fosfatasa alcalina, de calcio, de electrolitos... de diferentes cosas que se examinan solo viendo sangre, y ahí no le sacan sangre”.
Uno de los ejemplos que, para el exministro, permite evidenciar la imposibilidad del procedimiento es el supuesto análisis de la próstata.
El aparato promete proporcionar información sobre ese órgano a partir del contacto de la mano del paciente con la barra.
Matheu explica por qué esa afirmación no tiene sustento médico.
“El examen de próstata sólo hay dos maneras en que se hace: una sangre que se le saca y se ven los antígenos prostáticos específicos, y el otro es la introducción del dedo para palpar la dureza, el endurecimiento y si se ha agrandado la próstata”, explicó el médico.
Y plantea una pregunta elemental: “¿Y este tubito que usted lo agarró con la mano le va a decir cómo está la próstata de dura o blanda? No, es imposible”.
El problema, por tanto, no sería simplemente que el aparato tenga una precisión limitada. Es que se le atribuyen capacidades diagnósticas que no corresponden con el funcionamiento de un procedimiento médico convencional.
La segunda parte del negocio comienza después de la supuesta evaluación. El paciente recibe una explicación sobre las alteraciones que, según el programa, presenta su organismo y posteriormente se le ofrece un tratamiento.
Entre los servicios observados se encuentran la sueroterapia, la aerosolterapia o nebulización y la llamada desintoxicación iónica.
Matheu cuestionó también el valor terapéutico de esos procedimientos cuando son ofrecidos como respuesta a los diagnósticos producidos por el aparato.
El exministro plantea que el contenido de una sueroterapia podría ser simplemente una solución fisiológica y que la nebulización tampoco justificaría los precios cobrados.
“El suero puede ser un suero fisiológico y hacen como que le inyectaron algo más”, señaló. “La inhalación... si usted puede inhalar agua de manzanilla, todos lo hemos hecho poniendo una toalla y eso le descongestiona y no le va a hacer ningún daño”.
A su juicio, el margen económico sería precisamente uno de los atractivos del modelo.
“Ellos van a gastar lo mínimo posible y le van a sacar a usted los 15,000 lempiras. No van a gastar ni 100 lempiras en lo que le están poniendo: una bolsa de suero y algo más”.
La promesa de que una sola sesión puede resolver problemas respiratorios también genera dudas.
“Imagínese los asmáticos que tienen que estar reponiendo el inhalador varias veces al día durante toda su vida”, explicó. “Cualquier persona con un broncoespasmo no es con una vez, tiene que estarse haciendo eso eternamente para poder sentirse mejor, ¿y aquí con una vez ya se va a sentir bien? Eso es falso, simplemente es parte de una estafa y le están sacando dinero suavemente a la gente”.
El último elemento del procedimiento es económico. El tratamiento es presentado inicialmente con precios que pueden superar los 70,000 lempiras. Después, ante la resistencia del cliente, aparecen supuestos descuentos que reducen el precio a una fracción del monto original.
Para Matheu, esa estrategia no es una señal de generosidad comercial, sino una de las señales que deberían despertar sospechas.
“¿Quién en su sano juicio le va a bajar de 78,000 a 14,000 lempiras?”, preguntó.
Y explicó el mecanismo psicológico que, a su juicio, opera detrás de la rebaja.
“A usted lo van a engañar: ‘valía 78 y solo voy a pagar 14... ¡uy, me están ahorrando 64,000 lempiras!’. ¡Le están robando 14,000 lempiras, que es diferente!”.
La diferencia entre el precio inicial y el precio final crea la impresión de una oportunidad que debe aprovecharse de inmediato. El paciente deja de preguntarse si necesita el tratamiento y comienza a preguntarse cuánto dinero está ahorrando.
El caso adquiere otra dimensión si quienes realizan las evaluaciones son extranjeros que ejercen la medicina sin autorización en Honduras. Matheu señaló que un médico extranjero debe cumplir con los requisitos correspondientes para poder ejercer legalmente en el país.
“Si son médicos extranjeros, colombianos de donde sea, más ilegal todavía, porque tendrían que acreditar que están autorizados por el Colegio Médico de Honduras para ejercer legalmente la profesión aquí en el país. Y si no están acreditados, están ilegales”.
Pero también advirtió que la persona que se presenta como médico ni siquiera necesariamente podría tener esa formación.
“En muchos casos yo creo que algunos ni médicos han de ser; simplemente comerciantes, y juegan, manipulan con la psiquis de las personas”.
El problema, añadió, no se limita a quienes carecen de formación médica.
“Me da lástima, porque el médico no estudió para engañar a nadie. No es cierto que hagamos ningún Juramento de Hipócrates, eso es algo que es de la mitología, pero nuestra formación no nos enseña a andar engañando”.
Para el doctor, la tecnología utilizada en estas consultas se parece más a un antiguo truco de feria que a un instrumento médico.
“Esta es una payasada. Antes, a principios del siglo pasado, los magos como Houdini y toda esa gente, llevaban a los pueblos en donde hacen que la gente se agarre de un tubo y le dan un choque eléctrico. Bueno, similar es lo que están haciendo ahorita”, detalló.
Al igual, advirtió al paciente que deposita en ella una confianza médica.
“O sea, andamos un siglo atrasados y estafados. Yo llamaría a la gente a que no se dejen engañar, porque pueden poner en riesgo su vida”.