Pequeñas empresas de Honduras luchan por la sobrevivencia

En el valle de Sula cerraron más de 10,000 negocios debido a la presión económica.

Piden al Gobierno soluciones factibles para salvar lo que les queda.
Piden al Gobierno soluciones factibles para salvar lo que les queda. /

San Pedro Sula, Honduras.

Alrededor de 200,000 micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) comienzan a respirar después de más de 150 días de permanecer paralizadas a causa de la cuarentena; pero unas 25,000 se mantienen cerradas y están a punto de ser devastadas económicamente.

Las empresas que soportaron la presión de la inactividad comercial y ahora reanudan las operaciones pertenecen a emprendedores que lograron entre marzo y agosto reducir los gastos familiares y costos operativos del negocio ante una baja o nula demanda o les dieron un giro temporal a la oferta de productos y servicios de la cual dependía su existencia.

Las unidades que se encuentran moribundas son propiedad de empresarios que, por los altos costos operativos, costos financieros por un elevado nivel de deuda, más una alta carga salarial, no alcanzaron a ajustar la operación y se vieron forzados a cerrar de manera temporal hasta que la situación económica mejore y el consumo en el país aumente.

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Otras empresas que ya están cerradas eran de emprendedores que, por hacer malos cálculos, se descapitalizaron tras echar mano a la reserva económica para cumplir con responsabilidades del negocio y también familiares creyendo que la pandemia se extinguiría en dos o tres meses.

Pero independientemente de las decisiones acertadas o desacertadas tomadas por los emprendedores, las mipymes, pese a ser las mayores empleadoras, enfrentaron la pandemia en la orfandad económica porque no recibieron una ayuda real y directa de parte del Gobierno en el momento más crítico.

En este sector endeble de los negocios, Felipe Toro, dueño de una minimaquila, hace malabares para salvar una empresa que desde que la abrió en 2003 ha tenido que sortear momentos críticos que la han puesto en situaciones de riesgo.

“Hemos venido dando tumbos, en 2009 nos vimos en dificultades por la crisis política, aguantamos tres años y quitamos el negocio. Pusimos una pulpería y no funcionó. Después volvimos a poner el taller. Lo tenemos desde hace tres años. Hoy, con esta pandemia, hemos tenido que trasladarlo a la casa para reducir los gastos”, dice.

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Microempresarios hondureños han adaptado sus formas de trabajo a la nueva normalidad generada por el covid-19.

Hace unos dos meses, Toro desmontó las máquinas que tenía en el taller de Confecciones Miriam en el centro del barrio Medina y lo trasladó a su casa en la colonia La Pradera “porque la energía es más barata” en la periferia.

“De esta empresa depende mi familia, mis hijos que son tres y que están en edad estudiantil. Durante la pandemia, lo poco que conseguía lo estuve gastando en las recargas para que se conectaran a Internet e hicieran las tareas. Gracias a Dios estamos recuperando los clientes para poder apoyar a mi familia”, dice.

Confecciones Miriam, empresa que solamente cuenta con una operaria, doña Miriam, esposa de Felipe, fabrica buzos, camisetas y otras prendas que en los primeros meses de la pandemia perdieron demanda. Para compensar la caída de las ventas se dedicó a confeccionar mascarillas que son vendidas por el comercio informal.

Claves de la crisis
1. Crisis generalizada
Todas las micro, pequeñas y medianas empresas están en una situación precaria debido a que durante cinco meses no captaron dinero por ventas. El 5% cerró operaciones de manera definitiva.
2. Inyección Financiera
La mayor parte las empresas necesitan financiamientos para adquirir inventario o materia prima para reactivar la producción. También una readecuación de deudas.
3. Bajas tasas de interés
Este sector plantea que, por ahora, dado a la magnitud de la crisis, el Gobierno debe crear un programa especial para financiar de manera directa sin los bancos.

Confecciones Miriam es una de las empresas que, según Victorino Carranza, presidente del Gremio de la Micro y Pequeña Empresa (Gremype), “está haciendo todos los esfuerzos para no desaparecer en medio de demasiadas dificultades que tiene este importante sector por la falta de apoyo gubernamental”.

“El Gobierno hizo una gran publicidad con los L2,500 millones que le prometió a las mipymes; pero hasta esta semana hemos podido acceder con trámites engorrosos y una tasa de interés de 14%, cuando dijeron que era de 9% y 10%, máximo. Tenemos que decir también que en Banhprovi no dan el dinero, solo revisan documentos y nos mandan a Confianza (Sociedad Administradora de Fondos de Garantía), un elefante blanco que ha abierto este Gobierno”, critica.

Carranza estima que en los primeros cuatro meses, la pandemia provocó el cierre definitivo del 5% de las micro y pequeñas empresas del valle de Sula (entre 12,000 y 15,000 negocios) “porque no soportaron la carga de gastos, como el cobro de la energía eléctrica de parte de una empresa que no está interesada en el desarrollo del país, sino en obtener las ganancias”.

Por ahora “le estamos pidiendo a la Asociación Hondureña de Maquiladores que nos subcontrate para poder recuperar el empleo en un año, y creo que nos apoyarán. Si en este mes nos dan el financiamiento que hemos pedido, podemos reactivar 10,000 empleados en estos meses que quedan del año”, promete.

96%
Tienen menos de 10 empleados
Honduras, después de El Salvador, es el país de Centroamérica adonde la mayor parte de pequeñas empresas tienen menos de 10 empleados, según Cepal.

Pequeños emprendedores consultados por Diario LA PRENSA creen que aunque el país entre a la nueva normalidad, miles de empresas continuarán el calvario o el camino hacia la extinción si el Gobierno no ejecuta medidas económicas que estimulen el consumo generalizado en todo el país. A la vez, consideran, el Gobierno debe canalizar los préstamos directamente a la pequeña empresa sin la intermediación de la banca privada para que la tasa de interés sea baja y el período de amortización de las deudas sea de largo plazo.

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Cocineras hondureñas de una microempresa.

“Nosotros le exigimos eso al Gobierno para ayudar a los pequeños empresarios que no son atractivos para la banca. Los bancos son empresas privadas y no pueden trabajar dentro de los esquemas que nosotros le hemos presentado al Gobierno. La gente ha estado buscando préstamos en los bancos, pero dicen que desconocen de los fondos de garantía. Ellos dicen: si usted quiere L100,000 ponga en garantía una propiedad que cubra esa cantidad, y si no cubre tomamos también la garantía que ofrece Confianza”, dice Esperanza Escobar, presidenta de la Asociación Nacional de la Mediana y Pequeña Industria de Honduras (Anmpih).

Hasta ahora, la Anmpih, una organización que tiene registradas más de 100,000 pequeñas empresas, no posee un censo de empresas que cerraron definitivamente; sin embargo, conoce que más de un 20% se encuentra en una condición económica frágil.

Durante la pandemia, el 43% de las empresas afiliadas a esta organización estuvo operando a medio vapor gracias a que los talleres y negocios funcionan cerca de las casas o en las viviendas de los propietarios, el 23% se mantuvo cerrado temporalmente y más de un 30% en riesgo de cierre definitivo.

Antes de la emergencia nacional, según Escobar, aproximadamente 100,000 emprendedores obtuvieron pequeños préstamos por medio de banca solidaria por no ser sujetos de créditos en los bancos, más durante la crisis derivada del covid-19, “los agrocréditos, que el Gobierno otorga a productores del campo al 8.7% y a los que dan valor agregado, no han beneficiado a los pequeños empresarios, como los que compran maíz y hacen tamalitos, porque les dicen que no tienen suficientes garantías o porque están en la central de riesgo”, explica Escobar.

En todo el lapso de improductividad resultaron afectados talleres de mecánica automotriz y todos los negocios relacionados con vehículos, salones de bellezas y barberías, talleres de confección, serigrafía, bordado y tiendas de ropa; cafés, cafeterías, restaurantes y hoteles, empresas de transporte, agencias de viajes, organizadores de eventos sociales y un universo de unidades prestadoras de servicios no esenciales.

Según la asociación Hondureña de Gastronomía y Chefs Profesionales (AHGC), entre abril y julio perdieron el empleo unas 830 personas tras el cierre de decenas de cafeterías, restaurantes y hoteles, principalmente en San Pedro Sula (160 desempleados), Tegucigalpa (120), Tela (80), Islas de la Bahía (60) y el sector del Lago de Yojoa (75).

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La gastronomía también ha sufrido serias pérdidas por la crisis económica generada por el covid-19.

“Solo en San Pedro Sula cerraron 80 pequeños negocios que no volverán a abrir. Los que trabajamos en la gastronomía estamos crucificados: los dueños de los locales nos exigen el pago del alquiler. En los bancos, cooperativas y financieras no nos dan el alivio que dijo el Gobierno, solo nos dan lo que correspondía a los meses de marzo, abril y mayo, no nos perdonan con las tarjetas de crédito y seguimos pagando las facturas de energía eléctrica como si estuviéramos trabajando”, lamenta Miriam Sabillón, presidenta de la AHGC, que tiene unos 500 afiliados.

Particularmente Sabillón sufre los embates de la crisis porque, a causa de la cuarentena, ha mantenido cerrada una escuela de formación de chefs en la Academia Profesional Las Amigas. Intentó ofrecer clases por medio de Zoom “pero no funcionaron”.

“Estamos preocupados. En mi caso, el dueño del local es buena persona y no me ha metido presión. Debemos el alquiler desde marzo hasta la fecha, debo las tarjetas de crédito, nos quitaron el servicio de Internet y también perdimos los números de los celulares porque no pudimos meterles recargas. Perder los números nos afecta porque son los que utilizamos en la publicidad”, explica.

Así como ha borrado restaurantes, cafeterías y bares, la crisis también ha golpeado brutalmente a los pequeños hoteles que, su mayoría, son patrimonios familiares.

“Tenemos casi cinco meses de estar inactivos y sin ingresos. Unos hoteles están cerrados temporalmente y otros definitivamente. En muchos casos, los dueños se han ido a vivir a los hoteles para reducir los gastos y, con un empleado, poder atender a los huéspedes en la reactivación. Estamos con deudas pendientes, debemos pagar los gastos públicos y las tarjetas de crédito”, dice Roberto Oseguera, presidente de la Asociación de Hoteles Pequeños de Honduras (Hopeh). Los propietarios de hoteles pequeños abrigaban la esperanza de obtener ingresos durante el feriado de octubre, mas, cuando falta tan solo un mes y medio, ven cuesta arriba el propósito por las restricciones que mantiene el Gobierno sobre la movilidad de las personas.

“No podemos aprovechar la capacidad instalada debido a que el nivel ocupacional no puede ser mayor del 50%, en algunos casos del 20%. Esos significa que si vendemos un evento que antes costaba L100,000, ahora costará L50,000. La circulación de la población sigue restringida por el dígito. Una familia completa no puede hacer turismo interno”, dice.

En el país operan alrededor de 1,200 hoteles pequeños, cuya inversión asciende a L35,000 millones. De esa cantidad, el 80% está listo con los protocolos de bioseguridad para reanudar operaciones; pero un 20% no podrá abrir porque ha caído en precariedad.

La Prensa