07/01/2026
11:24 AM

¿Resucitaremos?

¿Resucitaremos? Sí, no se preocupe, como somos energía convertida en materia, todo se transforma y seguiremos 'vivos' de otra manera en la naturaleza. Nos fundiremos en todo lo que existe y apareceremos en la tierra, el aire, los ríos y los mares y seguiremos 'siendo de otro modo'.

    ¿Resucitaremos? Sí, no se preocupe, como somos energía convertida en materia, todo se transforma y seguiremos 'vivos' de otra manera en la naturaleza. Nos fundiremos en todo lo que existe y apareceremos en la tierra, el aire, los ríos y los mares y seguiremos 'siendo de otro modo'. Pero esta respuesta a mí no me satisface plenamente, ya que yo soy algo más que energía. Soy energía materializada que piensa, ama, llora, tiene metas, sonríe… Soy persona. También resucitaremos en las buenas obras que hagamos y que moverán a su manera el mundo hacia adelante, pues todo lo que se hace por los demás estará influyendo la historia de manera positiva por generaciones. Pero esto no llena todas mis aspiraciones porque ¿dónde queda mi 'yo' personal? Sí, también resucitaremos en los demás que guardarán un buen recuerdo nuestro en sus corazones y agradecidos por lo bueno que hemos hecho por ellos, nos tendrán presentes en muchas ocasiones. Esto es lindo, pero no me hace plenamente feliz porque yo también tengo en mi corazón a otros que han fallecido y no quisiera que se 'murieran otra vez' cuando me vaya de este mundo. Algunos pocos tendrán el honor de que les hagan monumentos, biografías y sus fotos estarán colgadas en colegios y universidades, pero ¿y qué? Eso no sirve de nada para el que murió porque ni se enterará de tantos homenajes.

    Pero la gran noticia ya anunciada tímidamente en Israel y confirmada por la Palabra hecha carne en Jesucristo es que resucitaremos y viviremos plenamente sin dejar de ser cada uno, con su identidad y personalidad. Sí, usted va a resucitar como persona. Adquiriremos una conciencia ilimitada del misterio divino, contemplando extasiados la belleza infinita de Dios y sintiendo el abrazo paternal de Él, gozando sin límites de su presencia y todo esto de manera progresiva, es decir, sin jamás llegar a agotar toda la insondable grandeza del Señor. Estaremos en el corazón de Dios viviendo la iluminación permanente de su esencia divina, siendo sorprendidos siempre por la eterna novedad de su misterio sublime. Esta felicidad de la que en la tierra experimentamos pequeños destellos, es indescriptible y por eso vale la pena sacrificar cualquier imitación barata de la misma, que promete darnos gozo, pero que al final nos deja insatisfechos y vacíos. Recordemos las 30 monedas de Judas, que simboliza lo que el mundo nos ofrece de grato, pero que tarde o temprano 'nos quema' las conciencias y nos lleva a la desesperación. ¡Quién como Dios!

    Esta gran noticia, única en su género, avalada por el Señor, se concreta en Jesús, quien dijo de sí mismo 'Yo soy la Resurrección y la Vida' y nos da el gran consuelo de que veremos a nuestros seres queridos en el cielo y junto a millones y millones de seres humanos, que serán ya nuestros hermanos, gozaremos todos juntos del misterio pleno de amor que es el mismo Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. El misterio de la Asunción de la Virgen, quien fue al cielo en cuerpo y alma, por no haber tenido ni un mínimo pecado, nos anuncia que nuestro cuerpo, corruptible por el pecado después de muerto, también será plenamente resucitado en un 'abrir y cerrar de ojos' sin que haya un 'antes y un después' y que siempre seremos alma, cuerpo y espíritu en una unidad total. Recordemos que en la dimensión de la eternidad no habrá tiempo y viviremos en un eterno presente.

    Este eterno presente, que será el cielo, nos hace ver que el juicio personal y el universal se darán simultáneamente y veremos a Dios 'cara a cara' y gozaremos con Él para siempre si somos salvados por su misericordia divina. En este contexto vemos sin entender, ya que nos falta el concepto tiempo, que el purgatorio será la conciencia plena nuestra que nos hará ver la dimensión de nuestros pecados y el dolor causado nos purificará de todo para poder 'estar con Dios'. No hay manera humana de explicar esto, pero es verdad de fe.

    Esta verdad de nuestra resurrección nos da el sentido profundo de la vida necesario para peregrinar por este 'valle de lágrimas' con alegría, optimismo, valentía y coraje, soportando todo lo que venga, sabiendo que al final el triunfo de la cruz de Cristo sobre el mal hará que la verdad, la felicidad, el amor, la justicia y la paz imperen, y todo esto vivido desde la total plenitud que nos da el ser resucitados. ¡Resucitaremos!, y este mensaje que es promesa de Dios, y Él nunca falla, es el aliciente, el estímulo permanente que nos anima a caminar sin desfallecer en un mundo donde seremos fieles si permanecemos en el Señor, con quien somos invencibles. Amén.