08/03/2026
11:41 AM

La ciudad de los muertos

Llegué pocas horas después de que mataran al jefe de la policía. Juan Antonio Román García, el director de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal, fue asesinado frente a su casa en la madrugada de un sábado. No habían dado todavía las 2 de la mañana. Lo tenían bien cazado. No tuvo ninguna posibilidad de sobrevivir. Le dispararon 60 veces.

    Llegué pocas horas después de que mataran al jefe de la policía. Juan Antonio Román García, el director de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal, fue asesinado frente a su casa en la madrugada de un sábado. No habían dado todavía las 2 de la mañana. Lo tenían bien cazado. No tuvo ninguna posibilidad de sobrevivir. Le dispararon 60 veces.

    Si en Ciudad Juárez pueden matar sin ninguna consecuencia al jefe de la policía local, entonces nadie está seguro. Los matones se escaparon en dos camionetas, según reportes de prensa. Sin embargo, nadie tiene ni la más remota esperanza de que los vayan a capturar. En México la mayoría de estos crímenes quedan impunes.

    Odio usar el cliché garcíamarqueziano, pero esta muerte (como muchas otras en Ciudad Juárez) estaba más que anunciada. Aquí han matado a tantos policías que hasta hay un monumento para ellos, el Monumento al Policía Caído (localizado en una calle que lleva el nombre del cantante Juan Gabriel).

    Y fue ahí precisamente donde a finales de enero apareció una cartulina con los nombres de los policías en la mira de los narcos. Román era el número uno en esa lista. Fue asesinado 106 días después que anunciaran su muerte. Otros han durado mucho menos.

    La violencia que antes estaba limitada a ajustes de cuentas entre narcotraficantes se ha extendido a toda la población. Taxistas, turistas y transeúntes han muerto recientemente sin deberla ni temerla. Estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado. El problema es que Ciudad Juárez se ha convertido en el lugar equivocado.

    Lo que actualmente se está viviendo aquí es una guerra entre el cartel de los Carrillo Fuentes (que ha controlado por toda una generación el mercado de las drogas en esta frontera) contra el cartel de Sinaloa (que busca otras rutas hacia el norte). Y como si esto no fuera suficiente, el cartel del Golfo ronda expectante ante la posibilidad de colarse en el área. El conflicto tripartita se mide en ejecuciones y muertos.

    La verdad, aunque duela, es que ni el gobierno del presidente Felipe Calderón, ni los del estado de Chihuahua y el de Ciudad Juárez están en control de la situación. El despliegue de miles de miembros del ejército y de la policía federal es bienvenido pero no ha sido suficiente.

    “No podemos estar en todos lados”, me dijo un policía federal, que llevaba dos meses destacado en Ciudad Juárez, protegido con un chaleco antibalas y un rifle que, según me explicó, podía traspasar una pared a un kilómetro de distancia. “No se va a poder erradicar la violencia”.

    “Si ellos no nos disparan, nosotros no les disparamos”, me confió otro de sus compañeros al referirse a unaq especie de pacto con los narcotraficantes. Me quedé con la impresión de que el ejército y la policía sólo estaban reaccionando a un fenómeno que, claramente, los ha rebasado.

    Leer El Diario o PM es como un maratón de nota roja. Y no es que sus editores lo hagan para vender más periódicos. Es la sangrienta y peligrosa realidad que tienen que reportar todos los días. Éstos son unos titulares de un día común y corriente: ¨Balean a Madre en su Día¨, ¨Muere otro en Asalto¨, ¨Le Truenan las Metrallas frente a Primaria¨, ¨Trastoca la Violencia Operación de Hospitales¨ e “Intensifican Alerta Roja por Crímenes contra Policías¨.

    El Diario reporta que “ya son 17 los oficiales de los diferentes cuerpos de seguridad que han sido ejecutados en esta frontera en el 2008, en comparación con los 14 que se registraron durante todo el 2007”. Y eso que apenas es mayo.

    Todos aquí tienen una historia que contar: el vendedor de autos que vio como degollaban a su vecino frente a los ojos atónitos de su niña de cuatro años de edad; el taxista que escucha disparos todas las noches en su ruta; los dos visitantes que creen oír fuegos artificiales y poco después se dan cuenta que se trataba de dos ejecuciones a una cuadra de donde estaban.

    La culpa, desde luego, no es sólo del lado mexicano. La guerra de los carteles de la droga se da por el enorme consumo en Estados Unidos. “Si no hubiera consumo aquí (en Estados Unidos)¨, me dijo en una entrevista la embajadora colombiana en Washington, Carolina Barco, ¨tampoco habría producción y viceversa”.

    Y ella lo sabe como pocos. México está viviendo ahora lo que Colombia vivió en la década de los 90. Y la realidad es que México no estaba preparado para enfrentar un reto de estas dimensiones.