10/07/2026
11:33 AM

El despreciado Toncontín

Salvó a Honduras durante la emergencia del Mitch; La Mesa estaba completamente anegado, ¡inservible! Esto tiene su historia: los expertos aconsejaron, en cuenta Roberto Gálvez Barnes, graduado de MIT, que era un terreno propenso a inundarse, que no convenía, pero todos fueron ignorados. Los presidentes cuando se encaprichan, se encaprichan, peor si hay amigos de por medio.

    Salvó a Honduras durante la emergencia del Mitch; La Mesa estaba completamente anegado, ¡inservible! Esto tiene su historia: los expertos aconsejaron, en cuenta Roberto Gálvez Barnes, graduado de MIT, que era un terreno propenso a inundarse, que no convenía, pero todos fueron ignorados. Los presidentes cuando se encaprichan, se encaprichan, peor si hay amigos de por medio.

    En cierta oportunidad estaba haciendo transferencia hacia Tegucigalpa, no hubo aduana, era cosa de correr, los empleados despavoridos gritaban: “¡La llena, la llena!”. Al principio no entendía, todos corrían, buscaban transporte para irse a sus casas y no quedarse atrapados en el edificio del aeropuerto. Esto sucedió muchas veces, pero este aeropuerto tiene la ventaja de que el aproximamiento, descenso, no es entre montañas.

    Es un valle y pueden entrar por el mar. Otro jefe de Estado caprichoso fue el general Melgar, que se empecinó en construir el Puerto del Henecán, de uso tan restringido, que no compensaba la gran inversión que hizo en él. El peor de todos los caprichos fue Ciudad Mateo, de Callejas, una millonaria inversión convertida en fósil. ¿Entonces de qué nos sirven los técnicos, las voces autorizadas, si todo es al garete y con millones de pérdidas?

    En el aeropuerto capitalino, además de los disparates, hubo robo. Pero con todo su desprestigio, hizo el milagro de salvar a Honduras. Incontables son los aviones que aterrizaron con su preciosa carga humanitaria, incluyendo los enormes Hércules; uno tras otros aterrizaban. ¿Quién lo hubiera creído? Muchos pilotos lo hacían por primera vez. ¿Qué hubiera sucedido si este despreciado aeropuerto no hubiera dado el ancho?

    Toncontín es una afirmación más de que Tegucigalpa jamás debió haber sido la capital de Honduras, pero muchos remedios se han quedado a medio camino. Alternativas hay o han habido, pero aquí todo mundo opina, generalmente disparates, y nunca los proyectos llegan a ser realidad.

    En las cercanías de Tegucigalpa hay mesetas, pero nos falta lógica y sentido práctico. Holanda es un país estrecho, tiene un aeropuerto internacional, de los más famosos del mundo, y enorme tráfico. Asombra que cuando uno conduce pasan aviones sobre la cabeza en puentes. Todo por el ingenio humano.

    Uno de los aeropuertos que más me maravilló fue Tempelhof, en el centro de Berlín, Alemania; da la impresión de que los aviones aterrizan en medio de los edificios, pero su truco tendrá. Enfrente hay un edificio emblema con el cual los berlineses le agradecen a Estados Unidos su enorme ayuda con el puente aéreo, y aunque me salga del tema, vale la pena contar esta historia.

    A EUA le preocupaba que Berlín Occidental estuviera enclavado como una isla capitalista en medio de un océano soviético. Para responder a esta provocación, Stalin ordenó clausurar todos los accesos a Berlín Occidental el 1 de abril de 1948; esperaba sacar a los norteamericanos con el rabo entre las patas.

    Entonces EUA se vio en un dilema: abandonar Berlín a su suerte o mantenerlo por el aire, ¡parecía un sueño! Se requerían muchos aviones con toneladas de suministros para levantar una ciudad en ruinas, pero ellos sacaron a relucir su capacidad de improvisación y la logística para crear lo que se llamó puente aéreo. Un avión aterrizaba cada minuto, en los tres aeropuertos, con 2.300 millones de toneladas en abastecimientos. Después de 15 meses, los rusos se convencieron de que aquello era una magnífica propaganda para los occidentales y suspendieron el bloqueo. En minúsculo, el despreciado Toncontín salvó a Honduras.

    El presidente Zelaya encuentra fácil soplar y hacer botellas y que en 60 días convertirá a Palmerola en un aeropuerto comercial. Esa base aérea es un búnker lleno de misterios. Posiblemente no sepa que el edificio de la embajada fue construido por tres arquitectos diferentes y ninguno sabe lo que hizo el otro, los túneles son súper secretos. No contaminarán lo militar con nuestras improvisaciones. Tenemos un ejemplo muy reciente. Las autoridades hondureñas fueron incapaces de acordonar el avión accidentado y fue fácil el pillaje.

    La lujosa laptop del presidente del Banco Central de Integración Económica, Bcie, Harry Brautigam, fue robada mientras él estaba en agonía. En Honduras todo es “vamos”, no se oye “estamos”, todo es postergable. Mi hermano Orlando era muy ocurrente y éste es su cuento: “Llegaron unos campesinos en procura de un camino vecinal para sacar sus cosechas.

    Les dijeron: ‘Vamos a hacer un estudio de prefactibilidad, regresen dentro de tres meses, vuelvan a venir para hacerles un estudio de factibilidad’. Cansados los aldeanos de tantas postergaciones, dijeron: ‘Mejor nos quedamos a nivel de camino de herradura’”. Éste es el triste prólogo de la historia de Honduras, “mañana. mañana”. Eso le pasó a Toncontín.