Al alcance de la mano la jornada electoral, la reflexión en la población debe ir más allá de colores, tradición y recuerdos para profundizar en la evaluación de los candidatos en aquellas virtudes y cualidades que haga posible esos cambios tan profundos que necesitamos los hondureños, incluso para sobrevivir: responsabilidad, honradez, fortaleza y única visión, el bien común que elimine con celeridad el “favoritismo”, clientela política, imposiciones del poder económico y crecientes influencias en la gestión administrativa gubernamental.

El desafío es tal que exige una permanente tarea en pro de la libertad, de la igualdad en derecho que ante tantas lagunas necesita dar el paso a los hechos en los que la justicia haga realidad la ley para todos. Esto y otras muchas cosas son la ilusión cada cuatro años y hasta hoy más tardan en llegar al poder que comenzar a desvanecerse aquellas promesas lanzadas en la pre, en la campaña y hasta en la víspera misma de la votación.

Proliferan los candidatos del yo más yo y siempre yo con proclamación de prosperidad y bienestar que convertirán la tierra en cielo. Se olvidaron o no conocen el principio del filósofo español José Ortega y Gasset, “yo soy yo y mis circunstancias”, es decir, el escenario, el ámbito en que se desarrolla la actividad personal. El “yoísmo” refleja la ceguera voluntaria y la encendida soberbia por conocer, enfrentar los problemas colectivos y aceptar propuestas ajenas.

Enfrentamos tiempos extraños y de gran peligrosidad por la aceleración de cambios sociales que pueden incrementar la regresión social con graves daños en la convivencia, irreparables retrocesos en la educación, debilitamiento al máximo de la justicia e imposición de verdades en el agitado e innavegable mar de las redes sociales. El riesgo es descomunal. El domingo habrá respuesta que ojalá no acuerpe ese “yo” olvidadizo de las circunstancias en la primera oportunidad.

Las aspiraciones de la gente joven debieran ser una prueba contundente de ese nuevo y mejor camino en la vida de todos los hondureños, cuyas circunstancias son inolvidables y golpean diariamente la dura realidad de la vida personal y familiar.

El diálogo, el consenso y la incorporación de las personas con reconocimiento en la sociedad por su conducta debe prevalecer sobre los méritos en el partido o la inversión política. En el yo no habrá mucho espacio, pero las circunstancias, el momento histórico lo exige y quién es, no quién dice ser, un verdadero líder ha de dirigir con responsabilidad y honradez hacia el bien común. Meta exigida y necesitada por la colectividad.