Sin embargo, debemos mantenernos vigilantes y, como ya se nos ha advertido, no bajar la guardia. Lo que ha pasado en España y en otros países de Europa y Asia, en donde los casos de coronavirus se han vuelto a multiplicar, debe servirnos como ejemplo para entender que estamos ante un virus que no cede con tanta facilidad y que, al menor descuido, hace de nuevo de las suyas y pone en peligro la vida de los ciudadanos y bajo presión a los sistemas hospitalarios.
La relativa apertura de la actividad económica y turística no debe crearnos la ilusión de que todo está bajo control y que ya vamos saliendo de esta dramática situación. Lo cierto es que seguimos en fase de transmisión comunitaria, que todos somos sospechosos y que, en cualquier momento, y sin previo aviso, puede volver al alza la cantidad de hondureños que han abarrotado los triajes o que han desbordado los hospitales regionales.
De ahí que hay que recordar, y nunca olvidar, las recomendaciones que se nos han repetido, por activa y por pasiva, desde el pasado enero: que nos lavemos las manos con frecuencia, que usemos mascarilla y que mantengamos la distancia entre unos y otros.
Igual, tampoco hay que olvidar que tenemos otros problemas de salud que no podemos desatender: el dengue, el zika y el chikungunya; puesto que también hemos tenido pérdidas humanas debido a estos padecimientos y que, aunque ha habido también una baja en la cantidad de pacientes que se presentan a las unidades de salud debido a esas dolencias, debemos mantenernos vigilantes y seguir las indicaciones que, por años, nos han hecho las autoridades del ramo: eliminar los criaderos de zancudos y extremar las medidas de higiene en cada uno de los hogares.
Tanto en el caso del covid-19, como en el de las otras enfermedades transmitidas por el vector ya conocido, gran parte de la solución está en nuestras manos. No lo olvidemos.