Nunca es tarde si la dicha es buena, escuchamos a personas adultas a la espera del mejoramiento de la calidad de vida. En el caso que nos ocupa no es sólo es buena, sino necesaria, pues ya se están experimentando las consecuencias de los desastres ambientales perpetrados silenciosamente y a cámara lenta durante las últimas décadas con la complicidad de quienes en el sector oficial y en organismos no gubernamentales se proclaman protectores del hábitat por el bien de la humanidad y de otras especies vivientes.
El documento elaborado por la junta directiva del Consejo Regional de Desarrollo del Valle de Sula en el que se detalla el plan de manejo para frenar la depredación en las montañas Mico Quemado, Nombre de Dios y Merendón, fuentes abastecedoras de agua en varios municipios, es un primer paso, dado con retraso, que exigirá una reparación sumamente costosa si es que se logra la recuperación de las zonas boscosas.
“Lo que estamos proponiendo es que se reforme el decreto 144-94 que fue creado hace 21 años para proteger a Mico Quemado y se ponga en práctica un plan de manejo que ayude a parar cultivos que ocasionan mucho daño a miles de hectáreas de esta y otras reservas”, explicó Alexander López, secretario general del Consejo Regional y alcalde de El Progreso.
“En los últimos años ha sido sembrada de manera ilegal por propietarios de terrenos que han deforestado el bosque... por lo que buscamos que el decreto 144-94 sea recategorizado y convertido a categoría de Refugio de Vida Silvestre y Zona Productora de agua”.
No hay peor lucha que la que no se hace, que es lo que ha venido ocurriendo, a vista, paciencia y complicidad de los ediles, en las tres montañas, las mayores proveedoras de agua en las comunidades del Valle de Sula. En la entrega del documento participaron autoridades de la Perla del Ulúa, Santa Rita, el Negrito, Tela y de alcaldías de Cortés.
Existe una voz común en el problema que exige una solución pronta, pues el deterioro ambiental ha comenzado a afectar la escasa calidad de vida de los millones de habitantes del valle a quienes se les explica los efectos del cambio climático, sequía o inundaciones, pero se soslayan las nefastas secuelas de los daños de la depredación irracional y silenciosa del bosque.
Este primer paso exige mantener el dedo en la llaga para que se cierre y así reflejar la satisfacción, en unos años, por la recuperación del bosque en las tres montañas, vigías del fértil Valle de Sula. Lo que cuesta, vale y se necesitará fortaleza, honestidad y unión para que el plan de manejo refleje la vida recuperada.