30/06/2022
10:14 PM

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¡Sorpresa!

    La rimbombante expresión con explosiva carga demagógica de “volvamos al campo” se convierte en campaña electoral en centro de discurso barato que cae en el olvido el mismo día en que de pueblo y aldea del interior llegan a votar y regresan contentos por las atenciones en la jornada y las promesas de las últimas semanas. Pero después ni me acuerdo y no es que nos lo imaginemos, sino que los hechos que son sagrados evidencian esta repetitiva situación con iguales secuelas sin que aprendamos la lección.

    Las previsiones y presagios son desalentadores, pues, aunque desde organismos internacionales y gobiernos se evita la palabra “hambruna”, la situación en numerosos países, entre ellos nosotros, se encamina no solo a la escasez de granos, sino a su carencia. Y como es un fenómeno generalizado y explicado en el cambio climático y la guerra de Ucrania, ya han comenzado los reacomodos en los mercados internacionales que, como siempre, tendrán quienes paguen el desaguisado.

    En Honduras, donde cuando éramos niños orgullosamente era calificado nuestro país “el granero del istmo”, ha saltado la alarma y desde el sector oficial queda claro el reconocimiento de la situación. “Ahorita estamos comprando a los productores nacionales, pero estaríamos comprando a Nicaragua”. ¡Sorpresa! ¡Quién te ha visto y quién te ve! Esto no es más que la consecuencia del alejamiento o “limosnas” que de poco sirven para incentivar la mal pagada producción agrícola y olvidada en el desarrollo económico y social.

    ¿Cuántos sistemas de regadío se han instalado en los fértiles valles del país? ¿Quiénes desde sus oficinas de la capital se han desplazado al campo para identificar e instalar el riego por goteo allá donde es mayor la escasez de agua? Hay países que producen en el desierto y más de un alto funcionario viajó para conocer sus beneficios, pero disfrutó la visita con buenos viáticos y hasta allí llegó el ejemplo de producción y productividad en adversas condiciones.

    Las políticas agrarias gubernamentales han carecido de habilidad y voluntad y por eso, haciendo eco de la sabiduría popular, se recoge lo que se ha sembrado. Los precios de los granos se hallan, no solo hoy sino por décadas, a ras del surco de aquí que las cosechas vayan disminuyendo porque miles de manzanas sirven para justificar el bono y mostrar cifras que a la postre son un fiasco y obligan a mirar afuera para tener comida en el plato.

    Aquellas cosechadoras de agua no cosecharon. Los cauces de ríos y quebradas sí reciben agua, pero se deja pasar sin aprovechar en pequeños embalses para regar los campos y enfrentar la sequía y el peligro de creciente desertización, sinónimo de miseria y pobreza, en nuestro país.