Recientemente, funcionarios y empresarios pensaron emprender el camino para desbloquear gradual e inteligentemente la actividad laboral en el Valle de Sula, cuya primera prueba pasa por una masiva campaña de educación y concienciación de respeto y cumplimiento de las medidas de bioseguridad, de manera, como dice algún grupo político, para atrás ni para agarrar fuerza, que, en caso de retroceso, la gravedad es sinónimo de mayor tragedia.
Ante la crisis sanitaria, hoy, y la gran incertidumbre, mañana, es necesario unirse para hallar soluciones que estén plenamente dirigidas a dar respuestas eficaces a los graves problemas, cada vez más visibles, tras la larga cuarentena, de cuyo final nadie se atreve a señalar el principio, de manera que ni siquiera en la lejanía se percibe claridad en el túnel.
La crisis sanitaria no está sola. Los expertos ya identifican otros campos afectados por la pandemia con la palabra “biopsicosocial”; es decir, que es necesario analizar la parte económica, social y psicológica para tomar decisiones; pero es necesario y urgente abordar el tema. Por echar mano de la coletilla “lo antes posible”, a lo que la población agrega: “lo antes posible fue ayer”.
Habrá que volver a encender la máquina de la economía con nuevos hábitos de trabajo y normativa clara, de manera que todo contribuya a reanudar actividades ordenada y racionalmente, regulando los sectores que se vayan integrando a las labores productivas, cuyo ambiente ya no será el mismo; pero es necesario que todos busquemos soluciones y todos respetemos las nuevas condiciones, de lo contrario, que “Dios nos agarre confesados…”.
Hasta la pregunta es necia. Si el Valle de Sula es el gran motor de la economía nacional, ¿qué hace el Gobierno para dirigir su mayor esfuerzo y recursos hacia esta zona, pues día a día las cifras hablan, aunque ya la credibilidad de los números se debilita? Este es otro asunto. Lo importante es hallar soluciones entre todos para dejar atrás la crisis sanitaria y no hundirnos en la crisis alimentaria.