30/06/2022
11:12 PM

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Prontitud y firmeza

    Imparcial, objetiva e ilimitada son los tres adjetivos con los que el ministro de Transparencia, Edmundo Orellana, califica la labor que debe ejecutar la Comisión Internacional contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (Ciccih). También resalta el funcionario que hay “plena voluntad” para emprender, desarrollar y fortalecer la lucha contra la impunidad y la corrupción que como cáncer llega al grado de metástasis en nuestro país.

    Habrá que aplicar el consejo popular, “cortar por lo sano” sin contemplaciones ni colores para atajar y eliminar el mal. Pero que no ocurra como en el reciente pasado que cuando la misión de apoyo de la OEA tocó arriba se alzaron fuerzas políticas que levantaron bandera con el objetivo de atraer la atención del organismo hemisférico, para expresar “hasta aquí” y buenas noches.

    Que esta vez quede todo muy claro, pues no es lo mismo verla venir que platicar con ella y del dicho al hecho hay mucho trecho que debe ser eliminado de manera que sea verdad aquello de “caiga quien caiga”, pues ya es hora de hacer menos ruido y actuar.

    En un claro mensaje, el presidente de la Conferencia Episcopal de Honduras, Ángel Garachana, señaló claramente la necesidad urgente de la lucha contra la corrupción e impunidad a fin de proteger, recuperar y fortalecer la institucionalidad, particularmente el sistema judicial. “¿Y la Ciccih? Sí. Sí. Es urgente poner los medios, buscar las ayudas, coordinar las instituciones que sean necesarias para formar conciencia social, erradicar la corrupción y la impunidad, sanar, reformar y consolidar un sistema judicial imparcial, transparente y eficaz”.

    No se trata de lavar la cara, de maquillar. Hay que actuar con firmeza y prontitud contra quien sea, iniciando, desde luego, desde arriba no sea que al secretario o al conserje le caigan las culpas y ministros, vice o directores resulten “angelitos” y sigan con el mayor descaro ocupando puestos o manteniendo su rango en la sociedad como si nada hubiese pasado.

    ¿Exagerado? Tenemos ejemplos en abundancia y todo aquello con la aplicación agravante de que mientras no haya sentencia en los tribunales triunfa la inocencia. Pero está claro que sobre la legalidad que se esfuma en muchas ilegalidades, se halla la ética que alguna vez fue proclamada como tabla de salvación en la función pública, pero que sigue sumergida y ni siquiera hay reacción en la sociedad en muchos de los casos evidentes, pero “bendecidos” en los tribunales, a lo que hay que sumar la amnistía. Por ello dice el prelado sampedrano urge una justicia imparcial, transparente y eficaz.